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IMPRESIONES DE UNA VÍCTIMA TRAS LOS ACUERDOS

El jueves 24 noviembre, 2016 a las 9:52 pm

CREPITACIONES 2015

Esta columna la escribo en mi condición de víctima directa del conflicto que está por terminar, de un colombiano que ha vivido en carne propia los tormentos de la pérdida de un ser querido por culpa de la maldita violencia que duró 52 años eternos. Por esto, viví como ninguno este día histórico jueves 24 de noviembre del presente año, con mucha emoción y sentimiento presenciando la sencilla e importante ceremonia de la firma por segunda vez en el Teatro Colón de Bogotá del tan esperado acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Al igual que en la primera vez, el pasado domingo 2 de octubre/16, hace ya 53 días exactos, cuando se firmó el mencionado acuerdo en Cartagena, con más pompa, más invitados especiales y más expectativas, en esta segunda vez no pude controlar mis emociones de colombiano víctima de esa absurda violencia de las Farc por 16 años y por mi rostro aparecieron unas lágrimas recordando a mi santa madre Amelia Medina de Dorado, asesinada el 8 de diciembre de 2000 en Popayán (Cauca), por ese grupo guerrillero que hoy firmó el acuerdo final en Bogotá.

No guardo rencor ni sentimientos de venganza contra ellos, no he olvidado ni nunca lo haré, lo que ellos hicieron contra nosotros, 11 hermanos, 6 hombres y cinco mujeres y mi querido padre José Antonio Dorado (Q. E. P. D.), muy valiente él, pues soportó 16 años de soledad sin ella, y descansó en la paz del Señor, el pasado 28 de diciembre de 2015, hace un año, en la misma Popayán, luego de una penosa enfermedad. Como no guardo rencor, los perdono, para que mi conciencia también esté tranquila y pueda así colaborar con esa paz que tanto necesitamos los colombianos, esa paz que necesitan las nuevas generaciones de niños y jóvenes, quienes ahora la podrán disfrutar en los nuevos tiempos de tranquilidad que ya estamos viviendo y que nosotros no pudimos disfrutar, acorralados en la espiral de violencia y miedo que ya se está extinguiendo y que se llevó a mi santa madre, hace ya 16 años.

Siempre se ha afirmado que una cosa es haber sentido los efectos del conflicto armado en vivo y en directo y otra muy diferente, a control remoto y desde las banderas. Es la pura verdad. En primer lugar, en mi caso personal, deseamos que se acabe para siempre esa guerra absurda, para que otros colombianos no sufran lo que nosotros sufrimos, lo que nos tocó sufrir. Por esto, es que soy un abanderado completo por la paz, su más fiel escudero.

No nos digamos mentiras, la muerte violenta de una madre o de un padre desintegra una familia, pero en el caso nuestro, debido a los valores que ellos nos inculcaron, pudimos soportar la borrasca y hoy seguimos más unidos que nunca y recordándolos para siempre.

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