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Impacto de la guerra contra las drogas en Colombia

El jueves 15 diciembre, 2022 a las 11:44 am
Impacto de la guerra contra las drogas en Colombia
Impacto de la guerra contra las drogas en Colombia
Foto: BBC

Impacto de la guerra contra las drogas en Colombia y el departamento del Cauca.

Por: Felipe Solarte Nates

La guerra contra drogas incluida la cocaína en 1961 fue declarada por las Naciones Unidas y aprovechada y radicalizada en el gobierno del presidente Nixon como excusa para judicializar a líderes del movimiento por los derechos civiles de las comunidades negras y el rechazo de los hippies a la guerra del Vietnam.

Manifestaciones de esta guerra contra las drogas tuvieron incidencia en Colombia, cuando la llamada “bonanza marimbera” en la Sierra Nevada de Santa Marta y la costa atlántica.

Desde mediados de los 70s el gobierno americano y la DEA, suministraron equipos y coordinaron tareas con el sistema judicial y Fuerzas Armadas de Inteligencia colombiana, para fumigar y erradicar cultivos de marihuana y perseguir a cultivadores y traficantes nacionales, algunos ligados al tradicional contrabando de licores y cigarrillos, que usando aviones DC-3 y DC-4, sobrantes de la II Guerra Mundial, también la transportaban al Caribe, Centroamérica y Estados Unidos.

El endurecimiento de las penas llevó a que, al igual que en Estados Unidos, las cárceles se llenaran de cultivadores de pequeños predios y consumidores, agravando el hacinamiento.

En el nororiente del departamento del Cauca, en la cordillera central, entre los municipios de Toribio y Corinto, desde los años 70, -colonos e indígenas que habitan un área, donde desde los50 del siglo XX, surgieron guerrillas liberales y después las FARC-, cultivaron marihuana para abastecer el consumo de Cali, Buenaventura y la región.

En este milenio, con semillas mejoradas y plantas cultivadas en invernaderos alumbrados con bombillas, obtuvieron la especie Creppy, con mayor concentración de tetracannabinol, procesada, comprimida y camuflada para los mercados regional, nacional e internacional.

Desde finales de los 70s con la extensión del uso del basuco, en el departamento del Cauca, -donde los indígenas tradicionalmente han cultivado y usado la coca para el mambeo con cal-, los cultivos se incrementaron, al igual que laboratorios donde producen la base de coca que en laboratorios es cristalizada en cocaína.

A principios de los 80, en la cordillera central, narcotraficantes incentivaron la siembra de amapola, entre campesinos y comunidades indígenas como los Misaks (guambianos), para “ordeñar” latex de su flor y procesar heroína, la cual es consumida local, regional, nacional e internacionalmente.

La prohibición sin políticas económicas para ayudar a comunidades de escasos ingresos, la fumigación afectando  cultivos de pan coger, flora, fauna, aguas y calidad de vida, la ausencia de campañas sustitutivas de cultivos y preventivas del consumo y de tratamiento a los adictos, incentivó que el tráfico y consumo local de las tres sustancias prohibidas, sumado al aceptado  de alcohol,  generara disolución del tejido social, desplazamiento de poblaciones indígenas, afros y campesinas, amenazas y  asesinato de líderes comunitario y de adictos en las calles (“limpieza social”),  afán de riqueza y consumismo, reclutamiento de menores, etc.

Cuando el nuevo gobierno impulsa vuelco nacional e internacional al enfoque represivo a las sustancias prohibidas, coordinando análisis y programas para afrontar el problema global, el departamento del Cauca, puede aportar mucho en la comprensión y búsqueda de soluciones a este flagelo enmarcando sus soluciones en la política de Paz Total impulsada por el gobierno de Petro.

En este panorama es importante que se solucionen, mediante el dialogo y negociaciones,  conflictos por la propiedad de la tierra entre indígenas, afros, campesinos y agroindustriales, como inicialmente lo acordaron con mediación del gobierno, según lo anunció el ministro del Interior Alfonso Prado en el Dialogo Vinculante realizado en Quilichao, el 25 de noviembre; y que el gobierno nacional tenga éxito en su política de Paz Total, para desmovilizar a los distintos grupos armados que generan violencia y desplazamientos en todo el país y en especial en el Cauca donde se afincan numerosos contingentes del ELN, las disidencias de las FARC, y otras bandas armadas ligadas a paramilitares y carteles mexicanos que luchan entre ellas por apoderarse de cultivos, laboratorios y rutas fluviales y marítimas.

También debe vincularse a los cultivadores de marihuana en el departamento a proyectos que legalicen y tecnifiquen su producción para uso industrial, medicinal y recreativo y se beneficien económicamente del gran mercado internacional que se ha consolidado alrededor del procesamiento y cultivo de la marihuana.

 En el Cauca también debe trabajarse creativamente en tratamiento y rehabilitación del creciente número de consumidores locales de sustancias prohibidas y alcohol, que, en Santander de Quilichao, Popayán, Puerto Tejada y otros municipios, deambulan como zombis, se concentran en “ollas”, y caen en indigencia y delincuencia.

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