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ILUMINACIÓN

El miércoles 7 diciembre, 2016 a las 2:09 pm
Bulevar

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano

iluminacion

Ha llegado el comienzo de la Navidad. Época de luz, de paz. Y de corazones iluminados. Llenos de sentimientos blancos, verdes, azules, rojos y amarillos. Se encienden y empiezan a titilar como estrellas dentro del cuerpo. El cuerpo se anima, la cara cambia sus facciones, de la boca asoman sonrisas y los ojos empiezan a contagiarse de bombillas, saludos alegres y brillan de contentura por el nuevo ambiente.

En las calles hasta los postes se yerguen orgullosos de cargar en sus costados adornos, festones y parecen semáforos que invitan a los transeúntes a salir de su mutismo. Ellos también titilan aunque sean de cemento. Y están a tono con la fecha que indica el comienzo de un espacio de reconciliación y ternura.

Los almacenes ya acabaron el surtido de bolas y festones, árboles y cordeles inundados de colores y filamentos listos a encenderse sobre el pesebre, las puertas y ventanas. El corazón no puede quedarse atrás bajo la cortina a poner cara de tristeza ante el papá Noel que ríe y se bambolea sobre la escalera. A donde quiera que se voltee la mirada, todo indica que es tiempo de besos, palabras dulces y de extirpar las raíces empolvadas que estaban guardadas en la alacena. 

Llegó la Navidad. Por aquí y acullá la gente luce como nueva. Todo invita a la armonía. No importa que allá, en alguna montaña o en una madriguera haya fieras o se escondan miedos y o se tramen riñas o fechorías. No pertenecen esas decoraciones a la fiesta más alegre.

Por la luz no hay entrada a la oscuridad. Todo es claridad, camino seguro. Es la aurora de tiempos verdes, titilantes que invitan a caminar con una luz interior, como faro que derrama su esplendor sobre la vida.

Es el sentido de la iluminación. Es un hito en el año que invita a la reflexión, al perdón, a la convivencia y a sanar lo que esté resquebrajado o despegado. Es la ocasión que se sirve en plato generoso para romper los hielos y las distancias. Para acercarse y unir los lazos que estaban sueltos o desperdigados.

Qué de simbolismo y verdad interior es la luz de una vela, de un farol o de un centenar de bombillitas colgadas en la ventana o en la entrada del hogar. Nada puede entrar en contradicción con los hechos que estos gestos nos significan. Llega la prima con su bolsillo repleto, los guasaps repican sobre la mesa con campanitas y gingles y caras picarescas que nos invitan a sonreír. No es tiempo de riñas ni resentimientos. Eso es opuesto a todo adorno que se pone a nuestro frente.

La luz está patente ahí y nos ilumina, se nos mete hasta donde la oscuridad reinaba. Ha salido corriendo como una sabandija. La luz que vino de la ciudad de la tranquilidad y de la bienandanza nos llena. Nos ha dejado iluminados, en el interior, sin nichos de miedo o de espantos o rincones con bichos infectados. Es la Luz radiante de la amistad, el amor, la reconciliación y el abrazo.

07-12-16                                         8:57 a.m.

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