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Hoy se cumplen 18 años de ocurrida la tragedia causada por el terremoto y avalancha del río Páez

El miércoles 6 junio, 2012 a las 10:34 am

Por Carlos Julio Bonilla Soto
Representante a la Cámara

El lunes festivo 6 de junio de 1994 a las 3:47 p.m. un sismo de magnitud 6.4 en la escala de Richter, cambió para siempre la historia del Cauca. Su epicentro se ubicó en las faldas del volcán Nevado del Huila, en cercanías del sitio llamado Dublín en la parte alta del río Páez, municipio de Páez-Belalcázar.

http://seisan.ingeominas.gov.co/RSNC/images/stories/rsnc/macrosismica/1994_casapaez.bmp
Hijos, padres, hermanos, parientes, estudiantes, profesores, amigos… en fin, indios, negros, mestizos, campesinos, hombres, mujeres, niños, adultos, ancianos, fueron atrapados por deslizamientos o arrastrados por las aguas furiosas de ríos y quebradas. Páez, en la catástrofe natural más descomunal de su historia, en 30 minutos quedó convertido en un inmenso Campo Santo.

La población de Mosoco, fue la más afectada por el temblor ya que de las 80 casas que existían, únicamente quedaron en pie el centro de salud y la quesería. En Páez, Toribío, Inzá, Piendamó y Jambaló, se presentaron daños severos en las construcciones y algunas quedaron destruidas. En Caldono, Silvia y Caloto, hubo averías considerables en las edificaciones pero ninguna colapsó. Algunas viviendas de Santander de Quilichao (Cauca), La Plata, Palermo, Pitalito (Huila) y Planadas (Tolima), quedaron averiadas. En Cali y Popayán se sintió muy fuerte el sismo y unas pocas construcciones resultaron agrietadas.

Debido a la superficialidad del sismo (menos de 10 km. de profundidad), a la época invernal que se vivía en ese momento y a la deforestación y topografía de la zona, hacia las 4:20 minutos de ése aciago día, se produjeron deslizamientos que obstruyeron ríos, caminos y destruyeron viviendas y cultivos. El posterior destape de los ríos provocó grandes avalanchas que bajaron por los ríos Páez, Moras, San Vicente y Símbola, las cuales aumentaron en gran medida la destrucción que había producido el sismo. La quebrada de Musequinde – Irlanda – había acabado con aquella floreciente población, igual había sucedido con Huila y Tóez, Cuetandiyó y parte de Tálaga. Moras, El Cabuyo, La Troja, El Cuartel, Botatierra, Salamanca, San José, Vitoncó, otrora capital del imperio Nasa o Páez, habían sido borrados del mapa.

A causa del sismo se registraron 20 personas muertas y algunos heridos, cifra nada comparable con la cantidad de víctimas que dejaron las avalanchas, calculada en más de 1.100 muertos y numerosos desaparecidos.

En materia ambiental 40.000 Has. de tierras con su riqueza ecológica y faunística, la mayoría de ellas ubicadas en jurisdicción del Parque Natural Nevado del Huila, fueron arrasadas.

El número de familias directamente afectadas según el censo del Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, fue de 7.511 en el departamento del Cauca y 414 en el Huila, lo cual significa que aproximadamente 45.000 personas sufrieron directamente el influjo del terremoto y posterior avalancha.


La zona afectada se caracteriza por ser heterogénea desde el punto de vista de su población, lo que se traduce en diversidad de actores sociales, de visiones del mundo, de problemas, de necesidades, intereses y conflictos, que demandan respuestas institucionales igualmente complejas y diversas con el fin de apoyar la recuperación de las distintas comunidades afectadas procurando conservar su identidad cultural, potencialidades y fortalezas, y solucionando sus carencias y sus necesidades.

Todavía hoy, 18 años después de aquel fatídico día, el recuerdo y la memoria de los seres caídos, nos citan desde el más allá para que conmemoremos un año más de su inmolación, esta vez, con un nuevo mensaje de solidaridad, pues el proceso de recuperación ha sido lento a pesar de que esta catástrofe le mostró a la faz de la tierra las condiciones de vida de nuestros coterráneos, las tantas limitaciones contra las que continúan luchando, el olvido en que el gobierno nacional los tiene sumidos; una dura y penosa forma de recordarle al mundo que el oriente del Cauca sigue clamando una recuperación eficaz y eficiente.

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