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Hombre de afligida presencia, enfurruñado y tenaz en el silencio

El miércoles 19 abril, 2023 a las 2:51 pm
Hombre de afligida presencia, enfurruñado y tenaz en el silencio
Hombre de afligida presencia, enfurruñado y tenaz en el silencio
Foto: Biografías y Vidas

Juan Rulfo: Hombre de afligida presencia, enfurruñado y tenaz en el silencio

Donaldo Mendoza

Cuando dos silencios se juntan, se hace urgente que uno de los dos, lance la piedra y descalabre el hielo. En esas estábamos Rodrigo Valencia y yo frente a sendas tazas de café, y él se animó al primer lanzamiento: “Me decía un amigo que las obras de Rulfo habían salido de historias que le contaban”. El resto de la conversación ya fue deshilvanar el ovillo.

Y como creo conocer bastante al discreto amigo, decidí lanzar la segunda piedra: “En un encuentro de escritores en Cali, Rulfo permaneció sentado a la mesa sin pronunciar palabras”. ¡Ahí fue Troya! Rodrigo, enemigo de las borrascas retóricas y de los salones llenos de público, no disimuló el asombro y los músculos de su rostro mutaron. …imposible que haya dos Rodrigos en este mundo… “Hay que escribir sobre eso, Donaldo”.

De ese mutis de Rulfo en Cali fueron testigos también Margarita E. de Vergara y Eduardo Gómez Cerón. Los tres, sin previo acuerdo, asistimos una mañana al II Encuentro de Escritores Hispanoamericanos (primera semana de agosto de 1979); la disertación le correspondía a Manuel Puig, lo acompañaban Rulfo y por Colombia Fanny Buitrago. Brillante Puig (reconocido por El beso de la mujer araña). Los jóvenes, emocionados, le pidieron a Fanny que hablara, y ella, sorprendida, atinó a decir que los invitaba a comprar sus libros, y le respondieron con sonora silbatina; en tanto que Rulfo permanecía imperturbable. “Eso hay que escribirlo, Donaldo”, insistía Rodrigo. Para nada le interesaron ni Puig ni Fanny, su deslumbramiento era el singular silencio de Rulfo.

La escritora argentina Reina Roffé publicó en 2003, Espasa/Biografías, Juan Rulfo / Las mañas del zorro. Hay allí un párrafo que bien puede fungir de reseña de esa biografía. Por lo que revela y por el interés que seguramente despertará en Rodrigo y en los lectores de Rulfo, me permito transcribir: «…nace en una época violenta, su padre es asesinado y poco después queda huérfano de madre; pasa algunos años en el orfanato, donde padece todo tipo de calamidades […] el niño no conoce otra cosa que la pérdida, el aislamiento y la soledad […] se refugia en la lectura… su suerte está echada: el muchachito crecerá en la tristeza […] Luego se presentará siempre como un hombre incomunicado, solitario, ajeno a los centros de poder cultural, modesto y asustado de la fama que le depararon sus dos libros: El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955)».

Y volviendo a la piedra, sobre el plagio de lo contado, un comentario del mismo Rulfo pone a Valencia Quijano ante su propia realidad de artista del pincel y la pluma: «El escritor no desea comunicarse, sino que quiere explicarse a sí mismo, …y convertir en relato la experiencia de lo que nos ha sido comunicado». Es más, Rodrigo podría decir con Rulfo: «Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad».

En suma, Rodrigo, el mundo fue extraño para Rulfo, como él lo fue para el mundo. De su esencia vital y creativa nos quedó el silencio, en los monólogos de Pedro Páramo.

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