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HIROSHIMA MI AMOR (1959)

El lunes 3 diciembre, 2018 a las 7:32 pm

HIROSHIMA MI AMOR (1959)

HIROSHIMA MI AMOR (1959)

Premio internacional de críticos, y premio de escritores de filmes y televisión en el Festival de Cannes 1959, esta película de Alain Resnais, con Emmanuelle Riva y Eiji Okada, de la llamada «nueva ola» francesa, sigue vigente contra el tiempo, producto de un arte depurado, intenso, total.

“Un filme sobre el olvido”, dirían unas amigas; o sobre el recuerdo, que viene a ser como lo mismo, toda vez que olvidar obliga muchas veces a las evocaciones, a la memoria que duele o regocija, que indaga o deja en la indiferencia.

El olvido es una lucha perdurante entre los pliegues del recuerdo; destapa rincones con una insistencia que a lo mejor perjudica la paz, la tranquilidad, la perennidad del tiempo.

Ciertos recuerdos se quieren olvidar, pero castigan con la crudeza de su realidad.

Así, la guerra constituye el miedo de llegar a ser, el fantasma que una humanidad incuba como probabilidad de destrucción total. Se pregunta uno si algún día todo perecerá, si solo quedarán un desierto para la historia, las heridas horrorosas, irreversibles, indignas firmas del odio inexcusable de un mundo que pervive construyendo cementerios; y si las protestas contestatarias serán sólo el grito fútil y desesperado de un amor que gime ante la total ausencia de cordura.

Y cualquier historia de amor se vive en cualquier tiempo. La guerra no está exenta del permiso del amor.

Hiroshima la nueva, reconstruida sobre la vergüenza sin perdón de un inconmensurable error histórico, es el marco vivencial de esta particular semblanza sentimental de dos seres, dos personas que tratan de allegarse mutuamente hasta el límite de lo posible.

Escenarios citadinos muestran la fuerza de la existencia sobre las ruinas superadas. Pero éstas seguirán en la memoria como constancia del peligro que fluctúa sobre el ser humano. La “civilización” destruye y reconstruye; obliga a la revisión estructural de las culturas; erige puentes para atemperar las diferencias; y seguramente seguirá, en su marcha precipitada, hacia la conquista de lo incierto.

Y en medio de todo ese fragor, el amor asomará eternamente, como proeza que sobrevive a las tragedias.

**RVQ**

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Otras publicaciones de este autor: https://www.proclamadelcauca.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/rodrigo-valencia-quijano/

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