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Miércoles, 13 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

HIDROITUANGO, UNA VERGÜENZA

El viernes 8 febrero, 2019 a las 5:02 pm
HIDROITUANGO, UNA VERGÜENZA
Imagen:
https://conexioncapital.co/que-paso-repesa-hidroituango/

HIDROITUANGO, UNA VERGÜENZA

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Siempre al colombiano le quedan faltando los cinco centavos. Era un dicho popular para recordar la existencia de las monedas color cobre de cinco centavos. Con esa moneda se alcanzaban a comprar galguerías para el recreo en las escuelas y en el mercado de plaza.

Cuánto no gozó el colombiano de todas partes – no solo los paisas – cuando el presidente Uribe tocó clarines para empezar las obras de la mejor Hidroeléctrica de Colombia. Sería una monstruo de la ingeniería y un orgullo en toda América y ante el mundo.

Se canalizarían las aguas del Río Cauca, se horadaría la montaña antioqueña y ahí se almacenaría una represa. Sería el orgullo del país.

En mis clases de geografía colombiana el padre Palacios en el seminario nos insertaba el nombre de pueblos de cada departamento en unas coplas muy sonoras. Ituango era uno de esos nombres en la ingeniosa copla de los pueblos de Antioquia. Allí también figuraban Jardín, Sopetrán, Sonsón, Remedios, Amalfi, Urrao… Había en Bosa esa clase en la que se recitaban como una letanía los pueblos de cada mapa.

A mí me pareció siempre muy sonora la palabra Ituango, castellana y paisa. Era rara, como Amalfi o como Guatavita, Montería o Neusa o Cucunubá. Pueblos y nombres que han pasado por la boca de chibchas y doctores, de campesinos y letrados.

Cuando se inauguró el complejo de Ituango hubo pólvora, sin cañones ni TNT: Voladores, cohetes pueblerinos, símbolo de la alegría que estallaba y retumbaba en la montaña. Hubo presidente a bordo y alcalde con la reina del pueblo. En Colombia toda inauguración merece una parranda con alcalde y reina. O no hay fiesta.

Además del rey Pepinito, hubo banda, baile, voladores izados por el alcalde y la Reina. La montaña estaba callada oyendo los discursos y mirando el baile en la pista improvisada. A nadie se le ocurría que algún día la montaña se iba a quejar y a llorar. Que se desmadejaría y sus cabellos se alborotarían por el viento y que el agua y las piedras caerían encima.

Lo que un día fue fiesta quedó como el dicho popular: Lo que nada nos cuesta volvámoslo al revés. Y se derrumbó el muñeco de Hidroituango desde lo más alto del mapa antioqueño. Lo que fue orgullo paisa se devolvió y se convirtió en ludibrio y dolor de cabeza. Tanta inversión en la pompa: como en la Pastorcita del cuento, hasta que se volvió polvo y humo. Nueva inversión ahora y volvió el protagonista a aparecer sin dársele nada. Con sombrero, sonrisa luciferina y zurriago.

La historieta está completa aunque luce que ya había sido oída en otras versiones. La gente es cándida y no recuerda. Posa de ingenua. Y volverá a repetirse porque todo es farsa con el mismo payaso y bombo.

07-02-19                                                3:08 p.m.

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