ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Domingo, 8 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

Hice un daño

El jueves 22 agosto, 2019 a las 10:50 am
Hice un daño
Imagen tomada de: https://elnuevosur.com

Autocensura o autorregulación: ¿Qué es eso?

Hice un daño

Se ha demostrado científicamente que para cada acción siempre hay una reacción de fuerza equivalente en la dirección opuesta, y no solamente hablando de fuerzas físicas, porque también ocurre lo mismo en el campo del espíritu y la razón. Es eso que llaman karma: uno entiende la magnitud del daño que hizo cuando, en consecuencia, hay una reacción furiosa de los afectados en contra de uno.

Justamente hace días he venido tratando de recuperarme de una publicación que permití hacer en la red de medios de comunicación Proclama del Cauca, pues no la escribí yo sino uno de los columnistas habituales. Aún me duele porque, a pesar de que no fueron cuestionados los contenidos de la columna, el titular con que se presentó sí fue violento, injusto y generalizador.

Así lo sentí inicialmente cuando recibí el artículo pero en ese momento, tal vez para que no me calificaran de censurador, tímido, miedoso, falto de poder de decisión, en medio de tanto suceso que afecta psicológicamente al periodista que labora en estos escenarios de conflicto insensible como el que padecemos en norte del Cauca, donde los protagonistas armados disparan para todos los lados sin sentido, y donde todos amenazan a quienes sin ser intérpretes de la guerra, sin quererlo, somos testigos o víctimas. Entonces, autoricé, sin mayor análisis, la publicación del artículo titulado “En Colombia la Policía nos roba, el Ejército mata líderes sociales y el Gaula secuestra comerciantes”.

Claro, debo confesar que no fui consciente en aquel momento de la dimensión del dolor que causaría en muchas personas y sus familias, hasta que no lo sufrí yo cuando fui recriminado. En mi juventud, yo también fui oficial del Ejército colombiano y me puse, tarde, cuando el daño ya estaba hecho, en la misma posición de quienes integran esas instituciones y obvio, fue un duro golpe a la moral, al espíritu de cuerpo, al ambiente solidario que anima a los integrantes de la Policía, el Ejército y del Gaula y que nada tienen que ver con los brotes de corrupción detectados en esas entidades.

Aquel titular no respetó a quienes sí actúan comprometidos con el objetivo de salvaguardar la seguridad de la ciudadanía, en quienes se deposita la esperanza de contar con condiciones que permitan a las personas vivir en un ambiente de paz social. No respetó a ésa absoluta mayoría con una gran vocación por el servicio a la comunidad y que no está inmersa en los hechos de corrupción denunciados.

Analizando qué pasó, creo que al autorizar la publicación el orgullo nubló la razón, fui más egoísta de lo que creía, me creí muy relevante, muy importante dándole paso a aquel afrentoso titular, y eso me impidió valorar con humildad las consecuencias de semejante encabezamiento. Por eso quiero presentar mis disculpas a las personas que se sintieron agraviadas o difamadas.

También tengo que decir que, equivocadamente, creí que cambiar el titular o pedirle al autor que lo hiciera, era exigirle autocensura, contradiciendo la naturaleza de nuestra profesión. Me confundí porque sí era mi obligación aplicar indispensable autorregulación.

La autorregulación es un proceso de reflexión interna que tiene en cuenta valoraciones profesionales y éticas, que siempre debe estar orientada por los más altos intereses del lector. Me explico: cuando hay noticias o informaciones que podrían causar mucho dolor, empeorar una situación violenta, que son inútiles o dañinas, no deben publicarse, por el bien común. Y no es autocensura, porque ésta sí será siempre mala porque impide la libertad de expresión.

Un maestro del periodismo enseña al respecto: Mientras se necesitan más periodistas autorregulados, se necesitan menos autocensurados.

En ese momento me confundí al pensar que la libertad de expresión era publicar todo lo que escriben los columnistas sin cuestionamiento ético, me faltó autorregulación. Me dejé llevar por el concepto según el cual en todos los periodistas están jurídicamente cobijados por el derecho que tienen a expresarse libremente, ya que en la democracia el Estado debe velar por garantizar que haya libre circulación de ideas, informaciones y opiniones, así sean groseras, chocantes o de mal gusto.

No analicé que desde el punto de vista de la autorregulación y la ética periodística, la decisión de publicar no es la misma. Una publicación puede ser jurídicamente defendible pero éticamente reprochable. No reflexioné como era debido porque, creo yo, en el norte del Cauca grupos armados hacen fuerte presencia generando un ambiente de autocensura que a uno lo mantiene prevenido para evitarla, más cuando uno ha sido víctima de amenazas y persecuciones por el hecho de ser periodista en una región como la nuestra.

Todo esto me hizo pensar que ser director de una red de medios de comunicación como Proclama del Cauca es una responsabilidad muy seria y compleja, pues no se trata sólo de publicar editoriales y reportajes, sino sopesar la importancia del impacto de la opinión que expresan los columnistas en una región como la nuestra en la que vivimos cotidianamente situaciones de especial sensibilidad. Confieso que me ha tocado lidiar con el ego, muchas veces incendiario, de algunos columnistas, y que comprometen la posición ética del medio.

Por lo anterior, también debo ratificar que Proclama del Cauca es un medio democrático, que cuenta con escritores de todos los matices, con autonomía y libertad, pero esto, por lo que estoy comentando, se entendió como una debilidad del medio y una falta de claridad sobre el significado social de la autorregulación.

Concluyo: este escrito no lo he hecho con la intención de lavarme las manos y responsabilizar al público diciendo que no entendió o malinterpretó al autor del titular. No. Es la respuesta a voces plurales en las redes sociales, que incluyeron también nuevas amenazas de gente que se aprovecha de la situación, pero a pesar de ello no las asimilo como la intención de causarnos un daño inmediato sino como la reacción a la magnitud de un daño previo.

A las instituciones y a sus integrantes, a las familias de los militares y policías afectados por el titular, presento mis debidas excusas y les ruego, por favor, que me perdonen. AJLG.

***********************************

Otros editoriales de este autor: CLIC AQUÍ

También te puede interesar
Deja Una Respuesta