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HAZ DE LUZ EN EL TÚNEL DE LA JUSTICIA TRANSICIONAL

El jueves 14 mayo, 2015 a las 8:26 am
Bulevar de los Días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Eduardo Montealegre Lynett - Fiscal General de la Nación

http://www.elespectador.com/noticias/politica/no-necesario-existan-penas-privativas-de-libertad-fisca-articulo-560306

Los colombianos hemos estado metidos en la grilla del Derecho romano y nos hemos acostumbrado a los viejos esquemas que nos dejaron los conquistadores y reyes de España. Pero olvidamos que muchos presidiarios fueron sacados de las tinieblas de sus celdas para que vinieran, en cambio, a evangelizar y conquistar tierras, tesoros y fieles a la Corona.

Los faraones condenaban a trabajos forzados en las monumentales construcciones que han quedado clavadas sobre la arena en Egipto. Los criminales y cristianos eran condenados a terminar entre los dientes de fieras en el Coliseo de Roma en épocas de Nerón. En la Edad Media la santa Inquisición quemó en la hoguera a mujeres acusadas de brujas y los blasfemos fueron atormentados en el potro, a latigazos y con otros tormentos tan perversos como los de los mafiosos con sus deudores y traidores. Y son famosos los castillos con sus mazmorras oscuras donde purgaban sus delitos los acusados por leyes de entonces. Como sucedió a Antonio Nariño en Cádiz y a Cervantes en Argel.

En resumen, ha quedado en nuestro imaginario que la gran forma de castigar a los culpables era hundiendo en una mazmorra maloliente e inhumana, como pintan las películas con ratas y ríos de heces.

Ciertamente hay muchos delitos que ultrajan al ser humano y sus derechos fundamentales. Hasta se condenó a la muerte y aún hoy se conserva esta medida en Países y Estados. No tanto como se lee hoy en periódicos y se ve en TV que ocurre en Corea del Norte. Hasta por quedarse dormido un ministro o un tío en una reunión oficial puede merecer un cañonazo.

Hoy el Fiscal Eduardo Montealegre y Humberto de la Calle ha dicho: No es necesario que existan para los delitos cometidos por las Farc las penas privativas de la libertad. Lo dice la experiencia. Muchas madres y familiares de víctimas dicen con lágrimas que la cárcel  para el victimario no va resucitar al hijo o padre.

Es una realidad que nadie discute: ha habido gran cantidad de genocidios, de violaciones de mujeres y niños, de despojo de propiedades. Ahora, en el escenario de La Habana y de Palacio se está llegando a la conclusión sensata de que la justicia debe centrarse en la plena satisfacción de las víctimas.

La manera racional y real, no la simplemente transicional, – que deberá archivarse del lenguaje directo de la actual coyuntura – es obligando a los autores identificados de estos crímenes de lesa humanidad a que paguen en metálico o bienes con las riquezas que hoy tienen conquistadas en esas faenas violentas de asaltos a pueblos, masacres y violaciones.

Nunca se tasará el valor de una vida, pero se debe fijar un suma tope para cada crimen que deba ser restaurado. No con la burla de un mes o dos años de cárcel con todos los permisos y lujos, más un perdón a flor de labios.

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