ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Jueves, 21 de marzo de 2019. Última actualización: Hoy

“Hay que seguir jodiendo, de eso no queda duda”

El lunes 29 octubre, 2018 a las 10:48 am

“Hay que seguir jodiendo, de eso no queda duda”

“Hay que seguir jodiendo, de eso no queda duda”

Gustavo Álvarez Gardeazábal, uno de los columnistas de Proclama del Cauca, estuvo en la ciudad de Popayán para hablar de libros, literatura y periodismo. Esto fue lo que nos contó en exclusiva.

Es el único gobierno que en tan poquito tiempo quedó desprestigiado, y sin hacer nada”, es la frase con la que Gustavo Álvarez Gardeazábal resume los primeros días de gobierno del presidente Iván Duque Márquez.

No es raro en él, un hombre de 73 años que se caracteriza por hablar de manera directa, sin adornos y sobre todo sin miedo. Gran parte de su vida se la ha pasado leyendo, escribiendo, analizando, proponiendo, criticando y jodiendo. De allí el nombre de su propio espacio de opinión, El Jodario.

Este escritor y periodista tulueño, visitó la ‘Ciudad Blanca’ porque quería contagiar a los payaneses del Poder de la Imaginación, así se tituló la conferencia con la se presentó en la apertura de la primera feria del libro de la ciudad: Popayán, Ciudad Libro. Allí, habló de aspectos claves como la crisis de la lectura y la necesidad de adaptarse.

“¿Quién compite con esa pantallita?”, se pregunta señalando un celular, “usted se sube en un avión y ve a los ancianos, como yo, metiendo el dedo índice en ella; mientras que ustedes los jóvenes meten el pulgar, ustedes son la generación del dedo pulgar… y como tal la literatura debe evolucionar. Leer un libro ya no es lo mismo, y leerlo en una pantallita de esas, menos”, expresa sentado desde una silla del lobby del hotel que lo recibió en Popayán.

Tiene claras varias cosas, como que “el que menos gana con la venta de un libro es el que lo escribe”, en su última creación literaria “Las Guerras de Tuluá”, gana el 10% de la venta de cada libro, que hoy está en el mercado en cerca de $35 mil pesos, según manifiesta.

Pero quizá ese asunto está en segundo plano, porque lo que más le importa es “hacer lo que quiero”, incluso para escribir. Una libertad de la que goza en la editorial universitaria con la que trabaja “yo organizo todo: la salida, la ruta; todo a mi gusto. Si venden, muy bien; si no, no hay problema”, expresa.

Y no es para menos, Gardeazábal tiene una ventaja que muchos envidian: está bien informado, escribe, lo leen y sobre todo lo respetan. Por eso se da el lujo de escribir y criticar como suele hacerlo: directo, con picardía y sin pelos en la lengua.

“Un opinador que escribe a diario”

“Un opinador que escribe a diario”

Un lector precoz, gracias a la alcahuetería de su padre y la enseñanza de su madre. Para Gardeazábal primero fue la literatura que el periodismo, dos asuntos que, como lo saben los buenos periodistas y el adagio popular: están juntos, pero no revueltos.

“Me asomé al periodismo cuando estaba en la Universidad del Valle. Desde ahí soy opositor de la izquierda y la derecha. A la izquierda por mentirosa y a la derecha por ladrona”, explica. Un asunto que lo ha caracterizado y quizá sea la razón por la que se considera “un estorbo para todo el mundo” por sus opiniones.

“Tengo muchos lectores con diversas opiniones”, dice. Y continua “usted está hablando con el único columnista diario que existe en el país. No hay otro”. Pero no lo dice con soberbia, sino más bien con orgullo, con el orgullo que crea hacer lo que le gusta y tener buenos resultados.

Lo cierto es que sus opiniones, análisis o críticas son muy comentadas, muchas veces atacadas y en su mayoría tocan intereses, de esos que les duelen a algunos y por los que se ha ganado uno que otro mal momento. Como el atentado a bala del cual salió ileso, gracias al blindaje nivel tres del vehículo en el que se movilizaba, cuando aún era miembro del equipo radial de La Luciérnaga.

Aún así, sigue con sus escritos diarios que se publican en varios medios de comunicación, entre ellos Proclama del Cauca, como sus columnas llamadas El Jodario, y con las que mantiene una tribuna de opinión lo suficientemente grande para mantenerse vigente.

Y es en este punto donde Gustavo Álvarez Gardeazábal deja otra enseñanza. Él se podría describir como un ‘dinosaurio actualizado’, y esto es gracias a su capacidad de adaptación, “yo que iba a pensar que me iba a adaptar a resumir en 140 caracteres, ahora 280. O que en la Luciérnaga me tocara resumir en 50 segundos toda una idea y generar polémica. Pero fue posible, y fui construyendo este mundo en el que me mantengo diariamente, soy uno de los twitteros que más jode”.

 

Gardeazábal y Peláez

No me puedo ir sin preguntarle qué pasó con los diálogos entre Hernán Peláez y usted, le digo; a lo que responde, sin ninguna incomodidad que fue un divorcio público “fue algo muy sencillo: desde hace 17 meses me diagnosticaron Hiperacusia, una enfermedad auditiva muy rara, que me impedía comunicarme porque me oía a mí mismo muy duro y me aturdía”, comenta mientras busca una pastilla en su maletín.

“Entonces, como yo trasmitía desde mi finca y él desde Bogotá, yo tenía que hablar bajito para no aturdirme, y Peláez me decía: revisa esa antena, esos aparatos, esto y lo otro; pero era mi oído. Así duramos hasta que hicimos el diverso público y él se fue para La W a trabajar con Vicky Dávila”.

Sin embargo, le insisto: ¿pero hay posibilidades de volverlos a escuchar juntos?, a lo que me responde que “No, porque él ya se colocó allá; y a mí no me colocan”.

Con ese mismo nivel de convencimiento con el que descarta la posibilidad de volver a trabajar con Hernán Peláez o con el que dice que el gobierno de Duque se ha desprestigiado sin hacer nada, asegura algo que se ha convertido en su máxima: “hay que seguir jodiendo, de eso no me queda duda”.

 

Por Dayana Ossa Sánchez.

Deja Una Respuesta