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¡HARAKIRI!

El jueves 14 enero, 2016 a las 6:04 pm
José López Hurtado

José López Hurtado (x)

En el año que se inicia, Colombia le robará protagonismo político a sus vecinos de la región, de seguro, obligando a que el Indicment que pesa contra Dilma Rousseff por los escándalos de corrupción en Petrobras, y en las altas esferas del gobierno y de su propio partido, el de los Trabajadores; la consolidación de la oposición que bien podría estar pensando en una revocatoria del mandato de Maduro en Venezuela, si es que logra recuperar la mayoría calificada de las 2/3 partes de sus miembros en la A.N.; la reelección indefinida de Evo en Bolivia; la hasta ahora triunfante candidatura presidencial de Keiko Fujimori, hija del ex presidente condenado por la justicia de su país; entre otros temas, pasarán a un segundo plano. Y en el primer punto de la agenda regional se situará el asunto de la paz con las guerrillas de las FARC, al vencerse todos los términos acordados con el gobierno colombiano para suscribir el acuerdo final en medio de un torbellino de situaciones, que todo lo contrario a lo esperado, apuntan a un rotundo fracaso, si es que el pueblo colombiano, como hasta ahora se ha definido, resuelve, en últimas, en las urnas, aceptar o no los puntos de la negociación. Curiosamente ha sido la propia dinámica del proceso y la intransigencia del grupo guerrillero, por una parte, y por otra, las últimas decisiones de Santos, las que han alimentado un creciente disgusto popular, que a manera de harakiri, han propinado una mortal herida en el esperado resultado de las conversaciones. Las extremas concesiones jurídicas otorgadas a las FARC, que rayan, según los especialistas, en la impunidad, y conocidas a finales del año pasado, en el marco de la llamada justicia transicional, podrían eventualmente facilitar o habilitar a la CPI (Tratado de Roma) para reclamar jurisdicción, sobre todo para juzgar aquellos crímenes de Lesa Humanidad, con el fin de atemperarlos a las penas contempladas en los tratados internacionales y en las postulados del D.I.H. Pero es que además, el asunto de la reparación de las víctimas, columna vertebral a cargo del grupo guerrillero, aparece demasiado difuso por no decir que inexistente en los acuerdos logrados y casi que pareciera que correrá a cargo de todos los colombianos, vía impuestos y gravámenes. Pero sin duda lo que ha afectado de manera irreversible al proceso es el sinnúmero de contratos de sumas exorbitantes que se comienzan a denunciar y que el gobierno Santos ha entregado a manos llenas a sus amigos, con los más inverosímiles objetos destinados a aclimatar, según su precaria justificación, los resultados del proceso. Y, sobre todo, las ansias desesperadas, por obtener recursos, a como dé lugar, para cumplir las enormes exigencias fiscales del post-conflicto. No debería ser así pero los colombianos indignados han anunciado su voto negativo a la Paz, en estas condiciones.

(x) Analista Internacional, colombiano.

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