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Domingo, 25 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

Hacia un pacto de convivencia en el Cauca

El jueves 24 junio, 2021 a las 2:47 pm
Hacia un pacto de convivencia en el Cauca

Hacia un pacto de convivencia en el Cauca.

Por: Felipe Solarte Nates.

Si algo enseñó el proceso de paz con las FARC y anteriores firmados con el M19, PRT, EPL y Quintín Lame, es que la paz se hace dialogando entre enemigos que respetan reglas del juego previamente aceptadas.

Beneficios del acuerdo con las FARC los vivimos en el Cauca y otras regiones del país, hasta poco más de un año después, que la mayoría de guerrilleros entregaran armas y desmovilizaran sus frentes.

Poblaciones como Corinto, Toribío y Caldono renacieron y abrieron restaurantes y otros negocios que habían cerrado al estar sometidos a frecuentes ataques de la guerrilla enfrentada a la Policía con sus cuarteles, como bunkers protegidos, en medio de calles cerradas al tráfico de vehículos y personas.

A finales del gobierno de Santos y al inicio del de Duque, con sus jefes llamando a “hacer trizas los acuerdos de paz”, no fue sino que las fuerzas armadas y entidades del Estado demoraran en hacer presencia en los territorios donde mandaban las FARC, para que libremente llegaran: nuevos grupos guerrilleros, se fortalecieran las disidencias, los paramilitares del Clan del Golfo y otras siglas, más narcotraficantes aliados con carteles mexicanos.

La guerra resurgió creciendo exponencialmente el asesinato de líderes sociales en medio de tanto grupo tirando la piedra y escondiendo la mano para echarse la culpa entre ellos; mientras, sin que la vieran, entraban: vistosa maquinaria para minería ilegal, insumos químicos y gasolina para laboratorios de cocaína y la extorsión se consolidaba.

Ya cuando estaba alborotado el avispero, ahí sí, desplegaron más de 20.000 soldados en el territorio caucano, sin que la situación cambiara significativamente.

Esta introducción para referirme a la necesidad urgida por Popayán y el Cauca de llegar a un acuerdo de convivencia entre diferentes sectores sociales que desde hace años vienen enfrentados privilegiando sus diferencias políticas, étnicas y gremiales a los intereses y necesidades de la mayoría de población que calladamente sufre las consecuencias de sus enfrentamientos e intransigencia.

Mientras elegimos otro gobierno más inclusivo y democrático no podemos esperar a que en el año que resta a Duque, se desarrollen los acuerdos de Paz aprobados con las FARC, tramiten los pliegos presentados por los participantes en el Paro Nacional y reanuden negociaciones con el ELN; pero si podemos avanzar ampliando y perfeccionando el Pacto por la Paz, Convivencia y respeto a los Derechos Humanos, promovido por la Gobernación del Cauca, la Asamblea Departamental, los personeros municipales, la universidad del Cauca y otras entidades para construir acuerdos de convivencia entre organizaciones de trabajadores, maestros, estudiantes, comunidades campesinas, indígenas, campesinas y autoridades departamentales, municipales. De ese pacto no participaron representantes de gremios de comerciantes, agricultores y ganaderos y de la industria a quienes la mayoría de organizaciones populares miran como enemigos irreconciliables con quienes no se puede dialogar ni negociar.

Los efectos demoledores que sobre la salud, vida cotidiana y la economía caucana causó la prolongada cuarentena los potenció el bloqueo por el Paro, que además desnudó los cambios registrados en el Cauca.

Popayán ya no es la ciudad de antiguos terratenientes que manejaban a su antojo las finanzas y política municipal y departamental.

Tal como en declaraciones a una emisora expresó el exsenador Jesús Piñacue, Popayán es una ciudad donde la mayoría de población sobrevive del rebusque o de pequeñas empresas y comercios, que intentan sobrevivir entre una precaria economía, los efectos de la cuarentena y los prolongados bloqueos a la Panamericana.

Ya tuvimos gobernador indígena, el actual representa a la población afro y estas dos etnias han logrado significativos avances en su organización y reivindicación de sus derechos exigidos, gestionados y amparados al desarrollar las leyes sobre Autonomía y Ordenamiento Territorial que consagró la Constitución del 91.

La bancada de congresistas caucanos no ha podido conciliar sus diferencias parroquiales sin unirse, como los hacen sus colegas de otras regiones del país, para defender e impulsar propuestas y proyectos que beneficien a la mayoría de la población.

Cuando citaron a la ministra de Obras y al director del INVIAS para que explicaran y buscaran solución al atraso de seis años en iniciar la construcción de la doble calzada Popayán-Quilichao, sólo asistieron un senador y un representante de los cuatro a la Cámara.

La ANDI-Cauca y Corpopalo, desde hace tiempo concretaron acuerdos con comunidades indígenas del norte del Cauca para recuperar la cuenca del río Palo y apoyar proyectos productivos en los resguardos y predios de campesinos. Ya hay ejemplos de convivencia sin traicionar sus principios e intereses. Urge buscar la convivencia en el departamento mientras elegimos gobiernos y congresistas que asuman la vocería comunitaria.

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