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Sábado, 14 de diciembre de 2019. Última actualización: Hoy

HACE 35 AÑOS SIGUE PERENNE

El jueves 14 noviembre, 2019 a las 10:22 am

CREPITACIONES 2019

HACE 35 AÑOS SIGUE PERENNE

HACE 35 AÑOS SIGUE PERENNE

Hace 35 años, exactamente el sábado 10 de noviembre de 1984, el padre Álvaro Ulcué Chocué de 41 años y natural de Caldono (Cauca) fue asesinado en Santander de Quilichao (Cauca) por dos sicarios, a la entrada del Albergue Santa Inés. Desde esa fecha luctuosa y triste, ha corrido mucha agua debajo del puente como dice la gente y hoy en día la situación social del Cauca, con especial referencia el Norte del mismo, ligada a los temas indígenas no ha variado un ápice, al contrario, es peor, sobretodo en el presente gobierno “doble”: duquista – uribista, del cual la mayoría de los colombianos nos sentimos avergonzados ante la comunidad internacional.

Para esa fecha tan pesarosa que conmocionó al Cauca y Colombia, cuento a manera de anécdota que mi gran amigo y colega Alfonso Luna me encargó que escribiera en el término de la distancia una columna sobre lo sucedido, la cual publicó en forma de Editorial en PROCLAMA correspondiente al bimestre Octubre – Noviembre de 1984. Releyendo lo escrito hace 35 años, encuentro que lo comentado corresponde a lo mismo que hoy en día está sucediendo, palabras más, palabras menos. Por tal motivo, amables lectores, tengo el gusto y la tristeza de compartir con ustedes algunos apartes de lo comentado, sobre esa situación eterna. La titulé: UN MÁRTIR CAUCANO:

“El asesinato a sangre fría del presbítero Álvaro Ulcué Chocué, vehemente defensor de las comunidades indígenas y sus derechos, conmueve dramáticamente a todos los estamentos sociales caucanos y se convierte al mismo tiempo en SEÑAL DE ADVERTENCIA, puesto que el tratamiento que se ha dado a la CUESTIÓN SOCIAL EN EL CAUCA NO ES LA CORRECTA y antes por el contrario, cada día se torna muy incierta y cuando en el horizonte se yerguen personalidades como la del sacerdote acribillado para aliviar las penurias y las afugias del sector indígena, entonces tras bambalinas comienzan a actuar oscuros intereses que no desean para nada del mundo que nadie se inmiscuya en sus dominios, debiendo recurrir con sevicia y crueldad propias de su clase, a asesinar a mansalva a quienes valerosamente reclaman justicia y equidad para los sectores desprotegidos y olvidados.

Porque no hay que olvidar que nuestro departamento del Cauca, por los cuatro puntos cardinales afloran dificultades sociales gravísimas. Si por el occidente subsiste un olvido total por las condiciones en que se encuentran tres municipios costeños, por el oriente las comunidades indígenas difícilmente sobreviven y si por el norte hay INVASIONES tratando de recuperar aquellas tierras que los grandes terratenientes han usurpado, por el sur la inseguridad es tremenda y la economía se viene a pique. No puede existir un cuadro social más preocupante y si observamos con ojos de buen cubero qué medidas se han tomado para remediar los problemas, no existe ninguna y antes por el contrario, SE RECURRE FÁCILMENTE A SOLUCIONES VIOLENTAS QUE AGRAVAN MÁS EL PROBLEMA”.

En la presente coyuntura social en que se debate nuestro Norte del Cauca, recordamos con tristeza lo sucedido ese 10 de noviembre de 1984, hace 35 años y deseamos que algún día vuelva a resurgir la paz en los territorios indígenas y en el Cauca, apoyados por el símbolo de luz, de fraternidad y de valentía del Padre Álvaro Ulcué Chocué, para que su muerte nunca quede impune.

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