Miércoles, 13 de noviembre de 2019. Última actualización: Hoy

Hablar, fablar

El martes 20 agosto, 2019 a las 8:53 am
Imagen cortesía de: https://bit.ly/2ZhIMRe
Hablar, fablar

Hablar, fablar

A Alfonso Luna Geller y Proclama del Cauca

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Bella palabra y realidad. Hablar, poder producir con palabras una idea para comunicarnos con semejantes y hasta con animales. No es solo poder abrir la boca y pronunciar sonidos ininteligibles. Es hilar con sentido fonemas, sonidos con significado entre si y comunicarse así con el otro”.

Es un don propio de los humanos. Por muy lindos que sean los pájaros, los gatos, los perros no pueden expresarnos ni alternar con sus dueños. Ha habido gran aproximación a lo largo de la civilización pero de lo que han aprendido hasta hoy no da para que en un futuro “hablen” como los humanos. Los animales pueden entrar y sentarse en una escuela junto a uno pero no aprenderán jamás a hablar y preguntar.

Porque hablar no solo es pronunciar palabras. Es pronunciarlas con sentido, con chispa, con picardía y chiste. En el modo de hablar se conoce a la persona. Con solo una conversación de pocos minutos ya se puede decir quién está o estuvo con uno.

Emplear la palabra indica comunicarse con el otro. Sea en persona o por escrito en un periódico. No conocemos al columnista pero sabemos que cuando él habla tiene autoridad y fuego en sus palabras. Por sus palabras los conoceréis, podemos decir, plagiando un poco la sentencia evangélica.

La palabra, está al lado de la inteligencia, del buen decir, del recto entender y pronto responder. Hablar no es balbucear ni gaguear ni groseriar. La palabra es un premio para el humano y no debe menospreciarse ni violentarse.

Qué responsabilidad saber hablar. No hablar por ociosidad. La palabra es un instrumento con el que se enamora, se alaba, se pasan las horas, los días y los años. Cuando la palabra ya no funciona es inútil tener ese don y ha de buscarse vivir entre los ángeles o los dulces demonios. Ellos no hablan. Para eso tienen alas, son invisibles y gozan de una luminosidad para la que fueron creados. Nosotros somos de “otra fibra.

No somos afortunadamente ni ángeles ni demonios ni perros o turpiales. Somos humanos con el poder de la palabra. Ahhh, la palabra. Qué invento tan especial para el género humano se fajó Dios cuando creó a los primeros padres.

Todos los demás animales – porque lo somos -, tienen boca, emiten sonidos, como los trinos de los pájaros o los rugidos de los leones o el croar de las ranas y “hablan” el idioma universal que se oye en los mares, lagunas, bosques o alamedas. Es su propio lenguaje y es universal. El croar de la rana en Singapur es el mismo de Colombia y en el Perú.

Me precio de poder escribir, de usar la palabra, de hablar de tú a tú con una amiga o un amigo o un hijo. Y para sobrevivir y ser feliz jamás he tenido que usar palabras coprológicas o dirigir a otro un procaz insulto. Sí. Esas palabras también existen – y muchas veces – han sido el refugio para evitar males mayores.     

19-08-19 -10-07 a.m.

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