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Guapi: dolor, lágrima por mi pueblo

El jueves 16 enero, 2014 a las 9:26 pm
LUIS BONILLA

Por: Luis Fernel Bonilla Rosero
Docente

Iniciar un viaje a la costa caucana, para los que nacimos y nos criamos allí, que vivimos recordando y añorando que ese paraíso donde la vida pasaba tranquila y romántica, floreció en alguna época un remanso de paz. Época adornada al escuchar a Roberto Carlos, Cesar Augusto, Nelson Ned, y otros grandes de la música de los sesenta, cruzada con las melodías que aprendimos a amar en la voz de Pedro Perlaza, Rene Bonilla, Lucho Ledesma, es traer hermosos recuerdos de amigos, de novias y de imágenes que permanecen en el archivo viviente de nuestra memoria, de la magia que construye el mar al abrazarse en armonía total con las corrientes sonoras de los ríos de la cuenca del Pacífico.

Todo este sueño, es volver a revivir el pasado mágico y de recuerdos permanentes, es repetir lo vivido, reconocer lo conocido y lo disfrutado en la infancia. Pero, todo este sentimiento de orgullo y de amor por el terruño, se desvanece, y aparece un dolor de derrota, que en nuestros momentos de soledad, sentimos que lloramos por dentro, al volver a la realidad del hoy. Cuando despertamos y repasamos la realidad que vive Guapi.

El ritual se inicia con organizar la maleta con ropa y zapatos adecuados, para compartir con un entorno agradable que nos arrulla en un calor que nos envuelve y nos arroja al disfrute de los vientos del mar y de las corrientes de los ríos, vestuario que nos ayude a sentir el calor pegajoso del trópico húmedo del Pacífico. Nuestra mente se prepara para ser amable y dejarse llevar por la alegría y la solidaridad del costeño, en ese afán por mostrar sus riquezas culturales y sobre todo su gran amabilidad frente a las personas del interior.

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Casi siempre Satena, la aerolínea de mayor tradición de los territorios nacionales, no cumple los itinerarios, podemos llegar un poco tarde, y sabemos que no es posible que nos quedemos, aunque los trancones de la carretera panamericana nos gasten más minutos de lo normal, los recorridos son más lentos. Subirnos al avión es realmente tener la certeza que vamos para la costa caucana. Media hora dura el vuelo, del Aeropuerto de Palmaseca –Cali- a Guapi, mirando por las ventanas del avión se pueden apreciar las montañas de nubes que nos hace ver como es el Pacífico y su conformación natural de pluviosidad.

Aterrizar en el aeropuerto Juan Casiano Solís, en Guapi, es recibir el contraste del aclimatado avión y el clima real de la costa pacífica, es un calor que hace que tu piel se ponga pegajosa, ese cambio brusco de temperatura va cambiando y nos vamos adaptando al ambiente natural en el cual hemos vivido los guapireños. Nos sentimos otros. Abierto a saludar a todos los conocidos y a los no conocidos, son nuestros paisanos.

Cuando salimos hace varios años de Guapi, el recorrido del aeropuerto al pueblo era a pie o en mejor de los casos, en volquetas de caminos vecinales o de contratistas del Estado; ellos nos hacían el favor de llevarnos a la casa de un amigo o de un pariente o familiar, siempre por la calle segunda, nos parecía muy lejos, pero esa era la vida en ese tiempo, más o menos 35 años atrás, la vía estaba regada de cascote, que se le robaba a la playa que estaba en la mitad del rio frente al pueblo, que ha parido todas las casas de concreto que existen hoy en el pueblo y fue una forma de vida para muchos coteros negros.

Cuando tocaba el recorrido a pie, lo hacíamos sin ninguna queja, era nuestra realidad, y nos sentíamos “guapireños orgullosos” de nuestro pueblo.

Hoy, llegar del aeropuerto al centro del pueblo es disponerse a ser zangoloteado por los movimientos que los charcos y las lagunas que se forman en la “carretera”, producto de las lluvias permanente de la zona pacífica, y el trajinar de las llantas de los carros y motos, y se nos ríen al paso del mototaxis, como expresando, en su sentimiento sonoro de desagravio, este es el resultado de la gestión que los líderes y gobernantes de los últimos años han llevado al municipio y del abandono de los políticos del departamento del Cauca y de la nación, que han sumido históricamente a su suerte los negros y mestizos de las zonas marginadas del país.

Así como nuestros antepasados africanos se fueron corriendo a las partes más inhóspitas para no ser recapturados por los esclavistas y tuvieron que vivir en zonas a alejadas de las grandes ciudades de la época, hoy, esa realidad no ha cambiado, continuamos en el olvido y las opciones de desarrollo de la sociedad moderna, un mejor nivel de vida no hace parte de la agenda de los mandatarios de turno para la región. Lo narrado por Sofonías Yacup en su “Litoral recóndito”, sigue vivo. No existe el mínimo interés de los que tienen el poder político en el Cauca de que esta realidad cambie.

La invitación de un guapireño, que no vive las penurias y dificultades de sus coterráneos, de todos los días, porque no estoy radicado allí, pero que apenas tiene la oportunidad de viajar vuelve a “su pueblo”, sintiendo en todo su ser las raíces culturales y negras guapireñas que perviven en su identidad costeña, que se fortalece con los poemas de Helcias Martan Góngora y las decimas de Pastor Castillo. Es necesario revisar el hoy con los recuerdos del ayer, es el momento de darle forma a un nuevo sentido de ciudadanía anclada en la gallardía, sentimiento de región y el orgullo por su pueblo de los líderes que ya no nos acompañan, pero que en el pasado fueron iconos de identidad guapireña, como Antonio Góngora, Celestino Panchano, Ciro Benítez, Teodoro Vanin, Cecilia Rodríguez, y muchos otros que nos hicieron sentir orgullosos de ser guapireños en un país donde el centralismo y los apellidos de tradición han impedido otras opciones políticas y sociales.

Es el tiempo de soñar y darle forma a un nuevo liderazgo social y político, una nueva generación que sienta sus gentes y estén dispuestos a luchar por cambiar esta realidad que nos está doliendo en el alma a todos los que queremos y deseamos un mejor futuro para los guapireños, sean del interior, de otros municipios de la costa, pero que hacen parte de esta comunidad de gente negra, de sentimientos nobles y con gran deseos de superación.

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