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Grado en Bogotá

El martes 2 abril, 2019 a las 9:06 am
Foto parcial de graduación de Magísteres en U. de Los Andes

Grado en Bogotá

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

He subido de Cali a Bogotá por un solo motivo: asistir al grado de Magister en Biología Computacional de un familiar en la Universidad de Los Andes.

Cierto. Uno cambia de clima y de nuevo goza del ambiente capitalino que es distinto al de cualquier otra ciudad colombiana. Se siente la pujanza, la magnitud, el río de vías y de gente que se moviliza por ellas. El hecho de pasear por algunas cuadras por la periferia o por el centro de la ciudad le advierte al visitante que está en la ciudad más grande del país y que le esperan sorpresas y recuerdos.

La estancia con la familia es lo principal. Allá están las raíces de la vida colombiana, la llegada y el reconocimiento, el regreso y la despedida. Ir donde estuvo la cuna y en donde está el resto de la familia hace más deseable volver a pisar la fría, culta y acogedora Bogotá.

Iba, ya lo dije, con el compromiso de asistir al grado de un primo que ha resultado todo un estudioso de temas que hoy tienen relevancia en la ciencia pura. Y la universidad que escogió le brindó los conocimientos que él esperaba. No es un diletante ni un muchacho que acepta lo primero que oye o lee. Es él de una mente inquisitiva y arriesga hasta el último sorbo en el pocillo: no deja ni una gota en su fondo.

Llegamos a tiempo a la sala de grados y subieron unos 60 candidatos al título de Magister en un renglón de la ciencia poco usual en la academia. Combina la biología con la genética y emplea para ello la profundidad que da la criba de los adelantos de la tecnología actual.

Recibió su cartón casi dorado firmado por los dignatarios más altos de la universidad. Recibió la presea y se abrazó con sus compañeros de clase. Oyó los aplausos y culminó un ciclo que lo deja en el dintel del doctorado si aspira a seguir la senda que ya visualizó. Lo vió su familia, lo vieron despedirse sus compañeros de academia y la ciudad estaba afuera fría y adusta. Así es la ciencia. No da tregua, no da palmaditas en la espalda. David no ha derribado al gigante llamado Ciencia, pero lo sabe. Tal vez por su mente suena la otra grada que es el doctorado. Allá, en la cima, cerca al pico, parado está Goliat retándolo.

Hemos salido de la sala sus familiares a degustar un apetitoso plato y un vino para refocilar la garganta y lo ayude a subir el otro escalón que lo lleve al escalafón más alto.

Ya en la mesa llegaron los abrazos, las risas de triunfo, el agua pura, el vino y las viandas para unos cuerpos ya distendidos y sedientos. David ganó esta lid y oyó los sones del laúd del triunfo. Felicitaciones y habrá más.

01-04-19 – 9:15 p.m.

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