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GRACIAS MI GENERAL

El martes 2 diciembre, 2014 a las 9:32 am
Crepitaciones 2014

Poeta y Escritor

Uno de los delitos más condenables en nuestra sociedad actual, que causa mayor impacto emocional y destructivo en todos los niveles de la misma, empezando por el familiar, produciendo su desmoronamiento moral, es sin lugar a dudas el secuestro. Nuestra bella y sufrida patria colombiana, ha sufrido en carne propia desde hace muchas décadas atrás tan abominable y despreciable manera criminal, la cual no respeta ni edad, sexo, condición humana, política o social. Desde los primeros secuestros de don Harold Eder y Oliverio Lara en 1965, hace ya 49 años, durante el gobierno del doctor Carlos Lleras Restrepo, hasta los últimos de los soldados en Tame (Arauca), el del General Rubén Darío Alzate y sus dos acompañantes, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego, pasando por el de los tres niños del Cauca, el secuestro se ha convertido en un estigma que vulnera todos los derechos humanos y sume a la sociedad en un caos total.

Quiero referirme en la presente ocasión, y para los fines de esta columna, al secuestro del general y sus dos acompañantes, ya liberados afortunadamente el pasado domingo 30 de noviembre del presente año, merced a la mediación de dos países amigos de Colombia en el actual proceso de paz, Cuba y Noruega, junto Al CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja), las mismas Farc con un representante y lógicamente el gobierno nacional. Este secuestro, que duró dos semanas exactas, se convirtió por esas cosas de la vida y del acontecer actual en uno muy especial, diríamos fuera de serie, como una cruel paradoja y un absurdo macondiano, propio de la fabulación de nuestro García Márquez. Para demostrar lo afirmado hasta aquí, paso a referirme al porqué de esa condición, que lo convierte en fuera de lo común:

SE CONVIRTIÓ EN EL PUNTO DE QUIEBRE DE LOS DIÁLOGOS DE PAZ: puso en vilo los dos años de diálogos de La Habana conseguidos con mucho esfuerzo, paciencia y dedicación. A mi modo de ver las cosas con lupa fina, fue la prueba de fuego que soportó el proceso, adquiriendo con este episodio una plena madurez, estando casi listo para la su posible culminación, que posibilite el fin del conflicto.

DIO OTRA MIRADA AL VERDADERO CHOCÓ, COMO UN SEGUNDO DESCUBRIMIENTO: quién lo iba a creer, este secuestro sirvió para que el gobierno nacional y los colombianos observáramos por quince día las angustias de  los habitantes del Chocó, un departamento siempre olvidado por los estamentos oficiales, y por lo mismo, presa fácil de los grupos ilegales que lo dominan a su amaño.

FUE UNA MUESTRA DE CONFIANZA DE PARTE DE LAS FARC EN EL PROCESO: se demostró de parte del grupo insurgente una plena voluntad de querer hacer las cosas bien, en consonancia con los deseos del gobierno y del pueblo colombiano. No olvidemos que ellos también liberaron a los dos soldados del Arauca, en pocos días, en comparación con los años y años de antes, en cautiverios largos y tormentosos.

En conclusión, este episodio y este secuestro, hacen realidad la frase que dice: “no hay mal que por bien no venga” y por eso, ahora nos aprestamos con más confianza a proseguir la siguiente etapa de los diálogos, esperando y deseando que tengan feliz culminación y éxitos. Como muy bien lo afirmó Álvaro Leyva Durán, ex consejero de paz: “Ahora sí creo que estamos en la autopista de la paz, y que ya podemos ver la luz del túnel”. Dios lo oiga.

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