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Viernes, 22 de septiembre de 2023. Última actualización: Hoy

Gracias a mi bella madre heroica

El martes 16 mayo, 2023 a las 9:18 am
Gracias a mi bella madre heroica
Gracias a mi bella madre heroica
Foto: Aserrín – Aserrán.

Gracias a mi bella madre heroica

Javier Enrique Dorado Medina

Mi bella y santa madre, Amelia Medina de Dorado, que en paz descanse, alcanzó a vivir 65 años, hasta que los guerrilleros de las Farc la asesinaron de un disparo de fusil, aquel fatídico viernes 8 de diciembre de 2000, cerca del CAI de Bellavista, a la entrada norte de Popayán, Cauca. Ella iba cómodamente sentada al lado izquierdo de un colectivo urbano que conducía un hermano, junto a mi señor padre, unos pocos pasajeros y otros hermanos, quienes sobrevivieron al ataque traicionero y a mansalva de unos facinerosos sin Dios y sin ley, que nunca se cansaron de asesinar al pueblo colombiano, por espacio de 52 años, hasta el año 2016, en que firmaron la paz en La Habana, Cuba.

Madre de 11 hijos, seis hombres y cinco mujeres, siendo yo el mayor, siempre se distinguió por su total entrega y mística a nuestra crianza, sin desmayos y sin quejas, como lo hacen la mayoría de las madres del mundo, con una paciencia infinita, una devoción incólume, una sonrisa mágica y un amor de madre a toda prueba, aún en medio de las dificultades y penurias más extremas.

Recuerdo una vez, cuando tenía unos doce o trece años, había visto en la Librería de Don Miguel Delgado, en Bolívar, Cauca, mi pueblo del alma, una revista Selecciones del Readers Digest, con una hermosa carátula de unos ángeles azules y unas caritas felices. En ese tiempo, ya era muy aficionado a la lectura, como ahora, y como no tenía la plata para comprarla, le dije a ella que lo hiciera y me respondió que no tenía, entonces, me puse a llorar, con todas las ganas, suplicándole que me la comprara y me cansé tanto de llorar, que me quedé dormido en sus brazos. Al otro día, cuando volví de la escuela, estando almorzando, me entregó encima de un plato la revista, plena de alegría y con la sonrisa de siempre, ante lo cual, no tuve más remedio que correr hacia ella, abrazarla y darle el más cálido, sonoro y largo beso, el cual nunca olvidaré, mientras esté vivo. Solamente Dios sabe qué gestiones hizo, para conseguirme la revista.

Muy aficionada a la lectura, leía todo lo que caía en sus manos, así fuera el más arrugado papel que tuviera algo impreso y lo hacía con una devoción, que me daba gusto verla leyendo de ese modo, con un gusto y una pasión admirables. Por eso, fue ella mi mejor maestra y mi modelo perfecto para seguir esa devoción por la lectura, la cual adquirí, gracias a ella. Por eso, ustedes siempre me ven con periódicos, libros y revistas en la mano, afirmando con certeza insobornable, que todo lo que sé, se lo debo a la lectura y también a ella, a mi santa madre y heroína del alma.

La guerrilla terminó con la vida de mi santa madre y es mi deber, como buen hijo agradecido, perpetuar su memoria por todos los medios posibles, haciendo conocer a los demás lo que ella hizo. DESCANSA EN PAZ, MADRE MÍA Y HEROÍNA DE MI ALMA.

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