ipt>(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});
Sábado, 28 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

Gonzalo Enrique Delgado López: Puntos de vista

El sábado 18 junio, 2016 a las 10:39 am
Gonzalo Enrique Delgado Lopez

Gonzalo Enrique Delgado López

Reza el refrán popular que “mientras los gatos duermen, los ratones se pasean”.

Durante largos años nuestra querida Popayán, y su clase dirigente, sin distingos, ignoraron, más bien propiciaron, el proceso histórico de sometimiento y expoliación de las minorías originarias y étnicas expulsándolas de sus territorios ancestrales y palenques.

Así se confabuló el deterioro en la calidad de vida de nuestra población más humilde, de nuestros trabajadores y negros, zambos y mestizos, del pueblo raso y sufrido.

Nuestras “élites” estaban embriagadas por el poder que les otorgó una estructura social y económica atrasada y feudal, por el cual la aristocracia patoja gozó plenamente y sin descanso de las grandes haciendas productivas ejerciendo su poder terrateniente sin consideración alguna.

En toda América, los grupos originarios, arrinconados y humillados, adquirieron conciencia de la urgencia de organizarse y luchar por su tierra y sus derechos, mientras sus gobernantes, no sintieron que su “Titanic” naufragaba, al encontrarse embriagados del poder que otorga el privilegio, la incapacidad y la corrupción.

La lucha de los desarraigados cobró frutos: el reconocimiento continental y global de sus derechos como minorías, cristalizado en la Carta de las Naciones Unidas, el Convenio 169 de la O.I.T. y los pactos internacionales de los derechos civiles y políticos que a ellos abrigan.

Hoy, la O.N.U. y la O.E.A. son garantes del cumplimiento del D.I. H. y del respeto que se debe a las conquistas hemisféricas logradas por las minorías originarias; por ello, la presencia de éstos organismos en movimientos como el que acaba de ocurrir en el sector agrario, y que nos tuvo aislados durante más de 12 días causando perjuicios irremediables al sistema productivo y empresarial caucano.

Pues sí, mientras los gatos dormían los ratones se paseaban, y hoy por hoy, ¡los ratones tienen más fuerza que los gatos! Pero como no es viable que los unos sobrevivan sin los otros, el camino que queda no puede ser el de una guerra de exterminio, sino el del diálogo sereno y justo, los acuerdos en equidad y el mutuo respeto por la diferencia y el derecho de todos a una vida digna y placentera.

Ya no podemos confiarnos de los acuerdos periódicos de carreteras que suscribe un gobierno central desde los escritorios bogotanos, desconociendo nuestra realidad y sin tener una política de Estado que afronte con decisión el problema para darle soluciones.

Rechazamos con energía más improvisación y exigimos el pago de la enorme deuda social que tiene Colombia con el pueblo caucano integralmente. Corresponde hoy a los gobiernos locales, a los líderes políticos, a los dirigentes gremiales y sindicales, a los líderes cívicos, y a la sociedad civil, exigir del Estado una política sensata y estructurada a largo plazo que nos permita la convivencia; de igual suerte, corresponde a todos los caucanos convocarnos y mirarnos con respeto para que nos digamos la verdad y en una misma mesa de concordia y realismo aterrizado forcemos un nuevo pacto social… una carta de navegación que nos evite el naufragio.

Yo insisto en la urgencia de ampliar la mesa de diálogo a todos los sectores del Cauca, ya que en la perspectiva de un post – conflicto no podemos ser los bichos de laboratorio que paguemos los platos rotos de la improvisación del Estado.

Por un Cauca unido y deliberante, sin odios, y con pragmatismo, luchemos por lograr un nuevo pacto social, así esto implique ajustar y reformar nuestra Constitución política para definir hasta dónde llega la autonomía de los pueblos y las minorías étnicas en el contexto de patria y de un Estado social de derecho como el que se imprime en nuestra constitución del 91.

Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta