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Golpe blando

El domingo 4 septiembre, 2016 a las 4:21 pm
José López Hurtado

José López Hurtado*

“…No dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios, y en general, por las bellas almas de los verdugos”. Rodolfo Walsh-1969.

Planteamos el tema, solo para contribuir a algunos eventuales debates que pudieran darse en esta hora presente de Latino-América, simplemente. Manipulación psicológica, operativos de prensa, agresiones económicas y el control por parte de los organismos internacionales, con el fin de instaurar mundialmente un capitalismo fundamentalista, aplicado a las personas, los países y a las sociedades, en provecho de unos pocos, son en el criterio de sus apóstoles, las características del que se ha llamado Golpe de Estado blando, en especial para el creador de la figura, el norteamericano Gene Sharp, quien patenta su teoría desde cuando en Irán en 1953, se derrocó al presidente nacionalista Mohamed Mossadegh, con el apoyo de la CIA, que contrató a manifestantes para organizar protestas callejeras y debilitar al sistema gobernante, hasta llevarlo a su derrumbe definitivo.

Desde entonces dice el teórico, la agencia de inteligencia, particularmente en nuestra región, ha perfeccionado sus métodos, incluidas las protestas estudiantiles de la Plaza Tiananmen en 1989.

O lo que es lo mismo, el Golpe de Estado blando se tipifica bajo el conjunto de técnicas conspirativas no frontales y principalmente, en la mayoría de los casos, no violentas, con el fin de desestabilizar un gobierno y causar su caída, sin que parezca que ha sido consecuencia de otro poder, con la utilización de una estrategia escalonada o simultánea, que va desde el cabalgamiento de conflictos y promoción del descontento, el estímulo de los factores de malestar social–criminalidad, manipulación del dólar, lockout patronal, etc.–, la denuncia de corrupción a través de medios, hasta la amplificación de la misma, sin un sustento real.

Así se ha querido explicar la reciente situación de Argentina, a mitad y finales del periodo de Cristina Kischner, cuyas medidas de nacionalización de los fondos de pensiones, del servicio de correos, de Aerolíneas Argentinas, fueron exacerbadas y explotadas por esas fuerzas oscuras exógenas.

O lo que acaba de ocurrir en Brasil, con Dilma Roussoff, víctima, según los expertos, de un golpe de estado parlamentario, como punta de lanza, pero de un golpe blando en el trasfondo, cuando se dio vía libre a los factores anotados. O como está ocurriendo en Venezuela, dicen estos amigos del nuevo socialismo latinoamericano, en donde la anarquía y desgobierno, no obedecen a la incompetencia y despotismo oficial, sino, precisamente, a la injerencia y desencadenamiento de oscuras fuerzas de imperios cercanos.

Se olvidan los gestores de la teoría, que sin necesidad de la ayuda de agentes externos, cualquier gobierno, inexorablemente se cae cuando como lo decíamos en un escrito anterior, sus líderes permiten que se desequilibre la igualdad que debe existir entre la legitimidad de origen popular, con la legitimidad de desempeño funcional, por las razones que fueren, intrínsecas siempre.

* Analista Internacional, colombiano.

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