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Domingo, 31 de mayo de 2020. Última actualización: Hoy

Gloria Cepeda Vargas

El miércoles 2 noviembre, 2011 a las 9:01 pm

Poemas

I

Quiero volver a verte
descifrar tu mirada
leerte
defenderte del ocaso
quiero volver a ser tu mediodía
inescrutable sapo
de ojos fríos
que me salta a la frente
cuando duermo de pie.

II

Hay
un pedazo de mí
que está dormido
a la luz de una lámpara
y otro que va cantando
sin que nadie lo escuche.
Aquí lo veo
casi de rodillas
allá va el otro
como un címbalo roto
entre los sordos
y los inocentes.

III

Hermana del tepuy
ala del día
herradura clavada
en el dintel.
Un brindis esta noche
por tu violín que llueve
una baranda loca
para las travesuras del verano.
Araguaney fugaz
abre las alas
luna de cetrería
dama de miriñaque en el balcón
agua lustral
orégano
lavanda
Caracas
colgada en el ropero
corza herida.

IV

Nos vamos
sin leernos
el telar conocido
a veces se resbala
de las manos.
Corre la tarde sobre un riel de mimbre
una antena de yodo
revienta las estrellas.
Sin conocer el dueño del convite
llegamos a la mesa
sin tiempo para hacer el equipaje
volvemos mar adentro.

V

La noche
se calza sus sandalias
duermen los niños
con sus breves años
se revuelven los viejos
en un diamante azul.
Oculta entre morenos bastidores
surge de un espejismo
sin memoria
su lengua lame el músculo
y el sueño que nos libra
de la muerte.
Llueve en esta ventana
y se desata el nudo
el cielo
cae sobre la tierra
plagada de cilicios
moja los sesos
limpia las cavernas
acaricia los cables encubiertos.
Hace mucho cocina
este duro espinazo
hace solo un minuto
se desnuda.

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Gloria Cepeda Vargas

El martes 5 julio, 2011 a las 9:39 pm

I

Buenas tardes Caracas
soy yo, la melindrosa
la que invitabas a bailarse el día
¿Me aceptas como soy?
trázame entera
juega a saltar
a derramarte toda
a esconderte debajo de mi almohada.
Despeinada Caracas de las tardes de agosto
embanderada como un barco en guerra
pájaro distraído
flor turgente
¿Me esperas aunque llueve?

II

Ya pisé aquí
al este de los ruidos
al norte de la lluvia
al sur del trueno
ya pisé en este mapa
de colores tan viejos
como el dolor del mundo
en estas líneas tórridas
en este caramelo pegajoso.
Yo me estaba esperando
en la esquina de siempre
llegué y tomé mis manos
lo demás fue silencio.

III

Se estiran
como si desearan
colgarse de las nubes
sembrados en la acera
que huele a gasolina y flores muertas
se resignaron a mirar el mundo
como si fueran aves enjauladas.
Árboles de Caracas
donde se estrella el viento del Caribe
jabillos y caobos
samanes densos como catedrales
palmeras que llegaron
saltando sobre el Ávila.
Amo su piel nerviosa
su cintura flexible
sus guitarras que cantan como pájaros
amo sus cabecitas fragmentadas
su cinturón redondo.
Techo bajo otro techo
ángeles que llegaron
con muchas alas y una sola piernas
para correr interminablemente
con la sombra del mundo
en las espaldas.

El Ávila

Es el frío
que baja en su caballo de neblina
a cabalgar sobre las calles viejas.
Quizá la tierra se desperezaba
entre el grito del agua
y el malhumor del viento
cuando surgió de los cañones hondos
este triángulo en fuga.
El cielo de Caracas
no se atreve a cruzar
su mole silenciosa
el tiempo
es de sus simas y sus matorrales
¿Qué sería
de la respiración
sin su anillo gentil?
¿Dónde el origen
dónde la garganta
que conoce las trampas de la noche
el pájaro de fuego
que gotea?
Ahí surge la estrella
cae la luna
triscan los rebaños
es la única presencia
que pervive
el solo despertar
del absoluto
el mastín de granito
que le muestra los dientes
al aullido del mar.

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GLORIA CEPEDA VARGAS

El lunes 22 diciembre, 2008 a las 12:30 pm
Lunes 22 de diciembre, 2008
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Presentamos una serie de párrafos entresacados del Ensayo de Leopoldo de Quevedo y Monroy sobre la poeta Gloria María Cepeda Vargas.
Cordialmente.

Colombianista, pensadora y poeta
Ensayo de : Leopoldo de Quevedo y Monroy
enero 20, 2007
Párrafos tomados del ensayo.


Foto: Letralia.

Gloria Cepeda Vargas es una mujer de fibra gruesa. Parece nacida en la sierra o en la mitad de una guerra. Y por sus venas corre caliente sin pausa la poesía. Tiene en su frente el sello de la palabra, dura, como hierro candente sobre la injusticia. Ese fue el bautismo que desde el vientre materno la consagró.
Nadie hubiera barruntado que en aquella chicuela, un tanto escuálida y morena, había un manantial de donde la poesía brotara espontánea y sin esfuerzo. Ella confiesa sin vanidad que siempre ha pensado y escrito en verso. A los tres años su madre Mina, fotógrafa, autónoma e impaciente, la veía correr por la casa con su naricita afilada y sus pómulos prominentes repitiendo unos versos que nadie le enseñó. Se los dedicó a su padre, a quien su madre llamaba gato marrullero porque todas las noches salía a jugar billar en la vecindad.
Gloria María Cepeda nació en Cali el 16 de mayo de un año que ella ha colgado del brazo del olvido. Después de peregrinar por Armenia y Buenaventura, en donde su madre la confinó de cuatro años al kinder de Estercita Patarroyo, porque era una niña insufrible, peleona y desobediente hasta más no poder, de siete años llegó a vivir a Popayán, ciudad a la que ha quedado unida como a cordón umbilical. Allí entró al colegio-convento de las salesianas a estudiar.
A los 13 años, recuerda, se escapaba de las clases pues los versos le brotaban a borbotones y el río de palabras no se aguantaba en su garganta y tenía que ir a casa a escribirlos. A los 18 años, después de cursar cuarto de bachillerato, interna en el colegio-fortín de monjas en Silvia, Cauca, como cualquier insensata que se respete, se casó con el venezolano Francisco Cabrera, quien se la llevó para Caracas. Allí, en cinco años, tuvo cuatro hijos entre carros desbocados, teteros, pañales y madrugadas que peleaban con su adolescente corazón. Después de 30 años de casada se divorció de aquel hombre que la vigiló sin tregua durante más de 25 años.
Murieron de viejos y de tradiciones sus padres y murió bajo la boca de un fusil artero su hermano Manuel en 1994. La lejanía de sus hijos, la ausencia del país que la adoptó en su seno y el dolor por la muerte injusta de su hermano la acompañan en la esquina de la calle 17 en Popayán desde hace 11 años que volvió a Colombia.
De cara recia y ademanes resueltos, Gloria deja entrever el carácter indómito de una mujer de fácil conversación, cristalina en el manejo del idioma y poseedora de una escritura que atraviesa los recovecos del laberinto de la realidad y la fantasía.
Gloria María Cepeda tiene dimensión continental. Su pluma ha extendido su tinta y sus colores por toda América y también Europa ha sentido su carne herida a través del Internet.
Su obra es extensa, pues su vocación de escritora es tan ancha que rebasa su faceta de poeta y su pluma prolífica ha llenado espacios en periódicos escritos y virtuales. Autora de ocho libros de poemas y de cientos de artículos sobre temas literarios, sociológicos y políticos, es reconocida por su estilo directo y punzante. Pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela, en donde inició el ejercicio público de las letras. Hoy, en Popayán, ciudad que la considera su hija adoptiva, la Cámara de Comercio le acaba de honrar con el título de Personaje Cultural del año 2006.
Escribió su primer libro de poemas en 1954, Bajo la estrella. Sus versos son fáciles, dedicados a sus padres y a su esposo. Tienen una clara influencia modernista, aunque también deja ver su gusto por el clásico soneto. Sentimientos de joven, encontrados y confusos se entreveran por doquier.
Su segundo libro, Poemas de los hijos, parece que fuera un sucedáneo para la soledad que ya la embargaba. Es testimonio de la solicitud y entrega a cada uno de los hijos que apenas iniciaban la vida. Registra hechos como la enfermedad, los juegos y las rondas, el estudio, su vestido, los primeros pasos, la inquietud por su futuro.
El dolor por el asesinato político de su hermano le compele a escribir Carta a Manuel, una serie de 14 elegías en las que se vierte en canto maduro a su alma gemela muerta. “Hora de cantar” expresa su impotencia y aviva la esperanza.
En 1995 Gloria se hace merecedora del Premio de Poesía Jorge Isaacs de la Gobernación del Valle del Cauca con su libro Cantos de agua y viento. Este libro contiene 39 poemas de alto vuelo lírico en el que se destacan “Mea culpa”, “Canción por el invierno”, “Monólogo”, “Noche”, porque en ellos deja ver su ser de mujer completo.
Quien entre a leer su libro En Colombia y ahora tendrá una sensación sobrecogedora: puede parecerle que ha ingresado a un santuario de tristeza y desolación.
Gloria Cepeda tiene guardados en un cuartito fresco tres libros inéditos. Uno que evoca al más romántico de los caballeros: don Alonso Quijano, De la vida y del sueño, en doce sonetos maestros de castizo sabor y lenguaje, que nos remiten a Calderón de la Barca y a Quevedo. Otro, de tono sublime, 32 cantos, en el que parece redactar el inventario de sus recuerdos: Canciones de la noche, la confidente de sus sueños. Y el tercero está escrito con su pluma en el papel y su corazón en Venezuela: Caracas en el viento, en el que se deleita recreando, en el más puro lirismo, los 40 años que allí pasó.
Plenilunio termina este homenaje escrito a una de las grandes poetas de Colombia quien sólo conoce la vía que la conduce a Roldanillo cada año, en donde la acoge su casa que la ha adoptado como Almadre —gran madre y maestra— en el Encuentro de Poetas Colombianas y que escogió a Popayán por refugio y vive allí en el anonimato, condición que sólo soportan los seres con destinos inmortales.
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