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Genética payanesa o arqueología visual

El jueves 4 julio, 2019 a las 9:24 pm
Genética payanesa o arqueología visual

Genética payanesa o arqueología visual

No se puede pasar por alto el trabajo de Ernesto Kurt Ordoñez sobre los testimonios históricos visuales de nuestra ciudad, que viene revelando en las redes sociales.

Relatarnos, con el idioma de la fotografía, la Popayán del pasado, no solo incita a la contemplación estética de sus fachadas, monumentales obras, parajes y rostros, sino que constituye una libreta para el estudio rigurosamente dialéctico de la sociedad que fuimos, somos y seremos.

Su fidelidad histórica nos conduce a momentos reales, no es un problema de software, es una mirada que construye comunicación. La mayoría de las fotos exhibidas expresan lo que la historia ha callado. Tienen el peso de la comprobación.

Con pruebas testimoniales el autor nos traslada a diseñar un ejercicio cronológico interdisciplinario para mirar la arquitectura, el urbanismo y las costumbres poblacionales que nos trasmitiera el último tramo de la modernidad.

No soy fotógrafo, pero pasar desapercibida su narración urbana nos hace cómplices del olvido y desconocedores de una ciudad donde siempre “Hay un instante… en que las cosas brillan más”.

Kurt Ordoñez nos presenta una ciudad omitida, que tiene que ser vista, admirada, sentida y profesada.

La fotografía, redimida del olvido, es un medio de comprobación. Es un ejercicio ético y estético y, por lo tanto, es un acto que compromete.

Sus evocaciones no tienen la trampa de lo perecedero y están ligadas a un pasado que nos permite reflexiones con la contemporaneidad.

Acompañar a Genética Payanesa, cada que asoman sus fotografías en los medios visuales, nos hace mirarnos a nosotros mismos, para construir una agenda urbana más seductora, que aún está pendiente.

Popayán ha cambiado su rostro, lo expone con fuerza argumental Genética payanesa; son tiempos de fuga que suscitan actos de magia, de interpretación, de éxodo, de escape y realidad, que tienen su propio encantamiento, como decía Federico García Lorca refiriéndose a los episodios del pasado.

Las fotografías, expuestas por Ernesto Kurt Ordoñez, forman un mosaico icónico de valor incalculable: revelan el tamaño de la Popayán de hoy, de ayer y de mañana.

Si en las grandes metrópolis hay espacios para divisar el pasado, las fotografías de Genética Payanesa deben exponerse, de manera permanente y sostenida, en un sitio especial de la ciudad, para el disfrute de propios y extraños; hacerlo es defender, con irreductible franqueza, el derecho de los pueblos a preservar su identidad.

Nos gusta ver cómo surge la ciudad, cómo surge el paisaje, cómo asoma el tiempo, cómo se siente escalofrió y estremecimiento el saber que en aras del beneficio, la renta del suelo y el crecimiento urbanístico sin regulaciones locales, se dinamitaron, impunemente, maravillosos monumentos, más grave aún, cuando se tenía la certidumbre de que se estaba arrasando, con imperdonable cálculo, la historia, el arte, la cultura y obras que hacían parte del alma citadina.

La fotografía no solo es un problema de complacencia personal, sino una constatación positiva del tiempo donde el fotógrafo se queda aprehendido en sus relámpagos.

Digamos que la fotografía urbana del pasado es pionera del pensamiento social y arqueóloga del aire, que ejerce su labor con los instrumentos de la luz, las sombras y la historia.

Gratitud a Ernesto Kurt Ordoñez, su devoción y respeto por la historia son admirables, y porque ha hecho de la fotografía una forma pedagógica de comunicarnos con la Popayán pretérita.

No nos cabe duda de que, sin proponérselo, Kurt Ordoñez ha propiciado una cátedra urbana que muestra a las nuevas generaciones la génesis de nuestro entorno urbanístico, utilizando un sentimiento estético, que en ocasiones adquiere dimensiones líricas.

Sus fotografías no deberían quedarse en un portafolio personal, sino en un espacio donde la iconografía visual, con las mejores ilustraciones de los fotógrafos contemporáneos, sean expuestas a la ciudadanía.

Sus fotografías trascienden, deben servir para la cátedra pedagógica del ejerció estético, histórico y cultural. Son fuente de la modernidad.

Lo que es contemplado es sentido, despliega acentos que describen hallazgos, nos facilita ver la luz oculta en el pasado.

Son un relato para conocer la ruta de la temporalidad, pero sobre todo, gramática morfológica de los espacios desaparecidos, que a la manera de escrituras documentales conservan trozos de antigüedad para ser leídos.

Captar lo que sucedió en un momento es importante, pero haber captado lo que sucedió para prolongarlo en el tiempo, es elevación suprema, para escribir una nueva historia, que no sea apabullada por la desinformación.

Hay que mirar las fotografías de Genética Payanesa para entender la historia que hay detrás de la historia.

Salam Aleikum

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