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Gabriel García Márquez en Popayán

El viernes 18 abril, 2014 a las 2:43 pm
Álvaro Jesús Urbano Rojas web

Por Álvaro Jesús Urbano Rojas

omar lasso

Omar Lasso

Nuestro nobel de literatura y su inmortal Macondo, estuvo en Popayán, en pensamiento, palabra y obra; lo hizo con toda su literalidad e influencia mágica y fue el promotor de las nuevas generaciones de la literatura comarcana. El realismo mágico de nuestro escritor se vinculó como punto de encuentro, en un sitio de encanto donde el olor a papel editado fungía como semillero de la prosapia de la literatura caucana. “Macondo Libros” del librero Omar Lasso, nacido en la Unión, Nariño, pero popayanejo por convicción y voluntad propia, empezó en una caja de libros y terminó después de 20 años de servicio, ocupando los anaqueles con recuerdos y nostalgias, siendo quizá, el librero más influyente para las nuevas generaciones de la literatura contemporánea en Popayán y el Cauca.

La librería era un acogedor tertuliadero literario, entre adobes de calicanto y techos añosos, como lo eran casi todas las casonas del sector histórico antes del terremoto; colindaba con la heladería “Baudilia” famosa por sus salpicones desde que el volcán Puracé tenía nieves perpetuas.

«Macondo Libros», no era una librería cualquiera, su principal conjuro fue la calidez y la magia inspiradora de sus duendes que cautivaban a los visitantes con el encantamiento de la tertulia espontanea, donde la compra del libro era una excusa para recrear el alma en la palabra elegante, aguda y a veces mordaz de sus inquilinos y visitantes; siempre se encontraba allí un peso pesado de la literatura caucana, interlocutor ávido de provocar encuentros para deleitarse con la literatura, la política y la crítica. Un interludio, donde su anfitrión Omar Lasso, oficiaba como moderador e incitador de las más elocuentes disquisiciones que como palabra creativa se inmortalizaban luego en los linotipos de la época. Para muchos era una alfaguara de conversación; y cuando era preciso, el celestino cabal para las citas y encuentros de las almas inspiradas en el amor, la pasión y el sexo.

Todo era realismo mágico en el entorno de sus paraninfos, entre estantes de libros del más alto linaje intelectual. Entrar a Macondo era apresurar el día, mensurar la levedad del existir, abrir los sentidos al intelecto, a lo imprevisible y a las probabilidades de interactuar con poetas, escritores, y bohemios bajo el influjo de un buen licor o en absoluta sobriedad. Visité muchas veces la librería para actualizarme y sensibilizarme con el arte, la literatura, la poesía, filosofía, música y deleitarme con los saludos, encuentros sorpresivos y miradas cómplices; un sitio especial donde los libros eran el puente mágico para conectar el alma con el intelecto, pasaporte a los afectos, lugar de inspiración con alta dosis de fantasía para regocijar el espíritu.

Hace 8 años la librería se cerró y hoy, nuestro nobel de literatura ha muerto; muchos de los dolientes huérfanos de su ejemplarizante talento, desfilamos en un imaginario cortejo fúnebre para silenciar nuestra tristeza, ante la ausencia del eternizado realismo mágico y su omnipresencia en los intramuros de la otrora “Librería Macondo”, ojalá logren su rápida mutación en nostalgia para apaciguar y soliviar nuestro infinito dolor ante la pérdida de lo que trasciende el ámbito de lo cotidiano.

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