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Sábado, 16 de enero de 2021. Última actualización: Hoy

Fútbol y fanatismo extremo

El domingo 23 marzo, 2008 a las 6:36 pm

El fútbol se ha convertido en patrimonio de los aficionados más que de los jugadores y entrenadores; además simboliza historia y metamorfosis social. El fútbol otorga derechos casi religiosos, místicos y dogmáticos a sus más acérrimos seguidores. De allí que los comportamientos extremos sean el reflejo del poder de dominio que adquieren ciertos grupos que no soportan el más mínimo traspiés en su dinámica.
Aunque el deporte ha estado asociado con salud y aspectos constructivos, en la medida en que su desarrollo fue evidente, aparecen contradicciones afectando sus más loables propósitos. Empezar a tomar partido en los juegos no fue del todo bueno ya que la radicalización enfermiza de un sector de fanáticos impulsó formas perversas de apoyo al deporte.
Un recurso poderoso de los hinchas radica en la capacidad del fútbol de expresar los distintos niveles de identificación de los individuos y los grupos. A tal factor obedece la instrumentalización del fútbol por parte de los poderes públicos. Son los mismos políticos y dirigentes de alto reconocimiento social quienes se han encargado de darles orientación política y de clase social a los clubes profesionales. Pero el mejor ejemplo son aquellos comentaristas que incitan a los fanáticos a tomar posiciones violentas.
Cabe destacar los desórdenes cíclicos provocados por grupos de extrema derecha que efectivamente fomentan el caos y el reclutamiento de nuevos adeptos, actitud que se halla en la raíz de los estallidos de violencia, ahora en muchos países. Es bien conocido que las gradas de los estadios de fútbol proporcionan una imagen aproximativa de la sociedad: más masculina y más joven que la misma sociedad estándar. Son elementos que obligan a plantear una estrategia de prevención para seguidores tipificados como «duros» o «bravos». Es parte del reconocimiento del problema.
Sin embargo, el estado y gravedad del nivel de violencia son distintos según los países. En Inglaterra y naciones de Europa la situación ha mejorado, pero en Suramérica se complica cada vez más. Particularmente Colombia es el país en donde el problema más ha crecido en la última década. Incluso mucho más que en Argentina, considerada la cuna latinoamericana de los hinchas radicales.
Pero es evidente que equipos con fanaticadas muy populares, como el América de Cali, tengan un alto riesgo de violencia en las tribunas. No es sorprendente que estén protestando más por su exclusión y segregación social. Aunque se han adoptado medidas para luchar contra un problema social grave, es preocupante que haya una semilla política (envilecida) que orienta el fanatismo y una beligerante actitud racista ya manifiesta hasta en los no radicales. Un asunto del fútbol que exige una intervención más decidida en sus más profundas estructuras.

fabio121@gmail.com*Consultor en ciencia deportiva

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