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Fin de semana

El sábado 31 agosto, 2019 a las 8:33 am
Fin de semana
Diosa romana Deméter-dadora de dones
Fin de semana

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.

Siquiera las semanas tienen principio y fin. Quienes inventaron las semanas y les dieron a cada día su nombre fueron unos sabios. Eso de pasar como tomar un vaso grande con agua todos los días, uno por uno, hubiera sido muy aburridor. Y les dieron los nombres de los astros que los acompañaban con más frecuencia.

El día primero dedicado a la luna que nos cuida, alumbra y acompaña todas las noches. Martes, el nombre del dios de la guerra, que hace ganar a los que consiguen sobreponerse a las dificultades. El día de mercurio, dios veloz y del comercio. El jueves fue dedicado al dios júpiter -Jovis- astro luminoso y protector, el viernes dedicado en honor a venus, Veneris, diosa del amor y la pasión. El sábado lleva el nombre de saturno, último día de la semana para descansar de tanto trabajar. Y se dio el nombre de domingo en honor al Dies Domini, supremo, del Señor.

No concibe alguien hoy en día que los días fueran uno igual al otro, sin nombre. O que se enumeraran por número. Día, uno…, día dos…, día tres, etc. A los romanos se les ocurrió darles nombre y escogieron a los dioses más cercanos. Dies Lunae, lunes, Martis, el martes, Mercurio, el miércoles, Júpiter Jovis, el jueves, Venus, veneris, el viernes, Sábado por Saturno y Dies Domini, o Domingo, día del Señor.

Los romanos era un pueblo muy trabajador y religioso. Y por eso le dieron nombre a los días para consagrar cada uno de ellos a uno de sus dioses. Cada dios tenía su simbolismo y virtud y por eso les dieron un tinte religioso a cada día para que los acompañaran en el trabajo.

Hoy ya a nadie se le ocurre agradecerle a la Luna por el favor de alumbrar allá, junto a las nubes. Somos demasiado simples o nuestra educación nos ha dicho que solo hay un Dios que no tiene que ver con los días y las noches. Solo pensamos en ganar, en el dinero, pero no en quién nos da la fuerza cada día para ganarnos el pan diario. Somos muy “prácticos” y solo hay un dios que nos da todo, todos los días. Así de simple y amén.

Es una presea tener trabajo, salir a conseguir el pan de cada día y regresar felices a casa por la tarde-noche con el fruto del trabajo en la bolsa o billetera. Y atribuimos a nuestra mera suerte o esfuerzo la recompensa a nuestra labor. No vemos un poco más allá de lo que sucede entre la mano y el bolsillo.

Quien hoy, después de 20 siglos, sale a trabajar, no piensa – como los hacían los paganos romanos-, en sus dioses protectores que les daba la fuerza y el trabajo. La historia no nos ha servido de ejemplo, de espejo. Decimos que somos muy religiosos pero no se nota en el pensar y obrar. Solo tenemos un “ratico”, de pronto, para elevar los ojos y… no ver.

30-08-19 11:06 a.m.

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