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FARÍAS (Barbacoas, 1950 – Cali, 2014)

El lunes 9 junio, 2014 a las 8:58 pm
Phanor Theran

Phanor Theran

Aquella madrugada, embriagados todos por el fervor en el futuro promisorio, deslumbrados quizás por la compañía sin par de la bella Golondrina Ramos, quien le corría la teja a Lucho Sandoval, cuando sonó el repique de la campana del carro municipal de la basura, raudo hacia San Fernando por la recién ruinosa y maltrecha calle 5, sin pensarlo dos veces, cual si hubiese oído la trompeta del Arcángel, Farías, en la lucidez propia de su embriaguez, se lanzó en pos del destartalado carromato y sin dudarlo, ante la mirada sorprendida de los recoge-basuras saltó sobre el recipiente basuriego, asiendo mano derecha del gato hidráulico, mientras lanzaba su grito de batalla poético: ¡Nos vamos pa´ Europa, carajo!

Y fue tal vez una noche posterior, cuando la Tortuga no era más que un lote con improvisada ramada donde la Gallina, el Quique Saavedra y otros no menos conspirantes planeaban la preparación militar para el asalto al poder, descartando de la lista de posibles milicianos al patojo “Ho-chi” Garcés quien celosamente guardaba sus versos sobre “la lucha sin cuartel”, que el Farías en unión de esos otros vagabundos y empedernidos bohemios, se llenaron de ínfulas conspirativas, saliendo energúmenos para arrancar el teléfono público ubicado en la 5 con 5, y en medio del asombro de los contertulios, en el improvisado escenario teatral de aquel recinto excomulgado por mamertos y sicofantes, que nos anunciaron a todos la buena nueva, instalándolo en una de las guaduas del particular proscenio: “¡línea roja camaradas, directa con Moscú!”. Una algarabía sinigual estallo en el respetable: “Bella cual estrella”, gritaba Farías a Elisabeth Padilla, a Alejandra, a Elizabeth Hincapié, Amparo Moreno mientras repartía frenético, besos y más besos al son de: “Te amo, te amo”, con los ojos encharcados en su infantil regocijo.

Peregrinación joyceana por los bares de Bretaña, la guarida de Libaniel en Alameda, por la Tortuga, Convergencia, el chuzo de Rafa y de Marina y tantos otros que grafitearon la apoteosis, y decadencia de aquellos ideales deshilachados en “La habana”. De aquellos esfuerzos con Javier Tafur, con Aníbal por hacer visible a través de Altazor, la voz de los poetas que dentellaron a la noche larga, la aurora del verso nuevo y del hombre nuevo.

Farías

Farías, el de “Torre de Murciélagos”,

Supuestamente
la palabra adivina el alcanfor
ruidos de murciélagos
adheridos al insomnio.
Era el despertar de nostalgias
como si nosotros
fuéramos el sonido pernicioso
de otro vendaval
del mismo que dejamos
por temor al suicidio
o al carnaval de carnes masticadas…

El “Del pez y la red”

Si bajamos
a la orilla
pleamar que me viene
a tantas otras orillas
de mis labios
desterraríamos el olvido
del anzuelo hechizado
que nos trajo
para siempre la palabra.

El de “Cosas abiertas”,

Todo el cuerpo
sobre cuerpos
todo el grito
sobre gritos.
Los equilibristas se lanzaron.
Ellos sabían
que una inmensa red los protegía
y que no valía el grito
para que nosotros
inventáramos salvavidas de suicidad.
Es igual
a que hoy mismo nos diera
por proliferar espejos:
encontraríamos árboles cuarteados
Y los vidrios intactos

El del “Bulevar del sueño”

Aquí
podrías reunir los ríos
igual que la esperanza
recurre a la historia de la sangre.
Aquí
podrías convocar la paciencia
y no habría tiempo
para contar puñales
en la frente de los hijos.

¿Cómo adivinar lo que hará la imprenta social del olvido?

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