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Sábado, 23 de octubre de 2021. Última actualización: Hoy

Falleció pornógrafo caleño que escandalizó a Colombia

El miércoles 6 octubre, 2021 a las 7:52 pm
Falleció pornógrafo caleño que escandalizó a Colombia
Hernán Hoyos – Fotografía tomada de: https://hjck.com/libros

Falleció pornógrafo caleño que escandalizó a Colombia

Alfonso J Luna Geller

En la mañana del martes, falleció a los 91 años Hernán Hoyos, uno de los más importantes protagonistas de la revolución sexual y literaria que vivió Colombia en el siglo XX. Hoyos fue uno de los escritores vanguardistas más polémicos y prolíficos del país. Pero lo hacía de forma artesanal y casi clandestina, circunstancia que lo llevó a ser, él mismo, el editor y distribuidor de sus obras, y hacerse un nombre entre los lectores casuales de Cali y las librerías de segunda mano.

Hoyos muy pronto fue reconocido como El pornógrafo caleño o El Marqués de Sade caleño, por sus obras sobre sexo, que fueron pioneras del género en el país. Se había proclamado a sí mismo como escritor de sexo-ficción, más no pornográfico como lo describían algunos.

Según el documental Hernán Hoyos Un escritor de mala reputación, producido por Carlos Fernando Rodríguez Bejarano, el autor logró vender más de 500 mil ejemplares de su obra publicada entre finales de los años 1950 y la década de 1980.

El ‘pornógrafo’ buscaba que su obra llegara principalmente lectores del común como meseros, mecánicos, administradores de negocios, como dice en el documental sobre su vida.

En el año 2015, Luis A. Díaz M.*, escribió la siguiente crónica sobre el personaje:

* Escritor, editor y comunicador independiente
Productor del programa de televisión REVOLTURAS por Canal 14
Editor de los periódicos culturales Caligrafías y Calidoscopio
Cogestor de EscritoresVallecaucanos.com

Hernán Hoyos: pionero y veterano de la “sexo-ficción”

Por Luis Alberto Díaz Martínez *

Cali, octubre 20 de 1929. Allí donde lo ven caminando por las calles del centro histórico con su morral y una vitalidad que no dejarían de envidiarle muchos de los mozalbetes de hoy, luego de incursionar en diversos trabajos alimenticios asumió su vocación de escritor al oficiar como periodista en los diarios de su ciudad natal. Sus primeros pasos de narrador los dio en 1953 con una novela de aventuras ambientada en el siglo XVII: El retorno de la monja Alférez, publicada por entregas en el Diario del Pacífico, pero escrita en 1949 mientras ejercía como conserje o pasalibros de la Biblioteca del Centenario (hoy sede de Proartes). Más tarde, en 1956, hace exactamente cincuenta y nueve años, publicó por cuenta propia su primera novela en forma de libro (como seguiría haciendo con todos y cada uno de sus demás títulos): El callejón de San Roque, historia de amor donde por primera vez se aborda el tema sociopolítico de los nefastos «pájaros» y sus andanzas violentas por las calles de Cali, como parte de un escenario y un tratamiento de costumbrismo urbano. Le siguieron Ron, Ginger y limón, 1962, una novela sobre las expectativas de ascenso o arribismo social en la nueva generación caleña de entonces y Cuentos, 1966, diez relatos de diversas épocas y temáticas rurales y urbanas.

Tras un breve silencio literario, en el que se atrevió a entregarle el original de una novela de vaqueros a una editorial española con sucursal en Cali y que al final se les refundió, optó por retomar el oficio paterno de la venta de seguros, y hasta pasó por la Universidad del Valle en calidad de estudiante de humanidades o de primer año de nivelación. Muy pronto Hernán Hoyos reanudó en firme su actividad de escritor en 1968 al publicar primero una novela de compromiso social e ideológico: Todos nos condenamos (buena parte de cuya edición destruyó en un exceso de rigor autocrítico); y luego, por sugerencia del periodista colombo-cubano José Pardo Llada: Crónica de la vida sexual, un libro de entrevistas sobre los hábitos sexuales de los caleños y las caleñas, que en 1971 complementó con Casos insólitos de la vida sexual. Muy pronto, con dicho aliento y espaldarazo se convirtió en el creador y cultor del género “sexo-ficción”, modalidad narrativa donde la picaresca y las escenas de la vida sexual de variado tinte eran entremezcladas con situaciones propias de la vida y los personajes de una ciudad en crecimiento como Cali, que entonces abandonaba su condición de parroquia bucólica aún investida de alferazgo colonial para adentrarse en el cosmopolitismo en ciernes de los VI Juegos Panamericanos.

Y si bien Hernán Hoyos muy pronto fue reconocido como “el pornógrafo caleño”, apelativo que le dio celebridad local pero también ocultó su versatilidad y destreza en el abordaje de los relatos de aventuras, de misterio, de detectives (o de “novela negra, como La herencia de los Molina; Secuestro de un viejo verde), e inclusive de ensayos históricos (Joaquín de Caicedo y Cuero: biografía del prócer caleño, recién editado tomo 8 de sus Obras Completas; lo mismo que Un barrio lejano y perfumado: la historia del barrio San Fernando donde se crió, o Nefanda nocte septembrina: el intento de asesinato al Libertador Simón Bolívar, frustrado por su compañera Manuelita Sáenz, aún inéditos), llegó a publicar y vender él mismo alrededor de 500 mil ejemplares de sus más de 40 títulos, entre los cuales se pueden mencionar: Sor Terrible; Coca; Aventuras de una sirvienta; La colegiala; El miembro de Lucifer; 008 contra Sancocho; Crímenes de la misa negra; Protectores de doncellas; Las muchachas pobres; La película; Un alegre cabrón; Magola, la prostituta; El bruto y las lesbianas; La reina y el mariposo; El tumbalocas; Aventuras de una bogotana; Sonrisa de diablo; Aventuras de un impotente; Crónica de ultratumba; La fortuna de los Mendieta; Ofelia, la voluptuosa; Inocentes y perversos; El profesor corrompido; El precio de la lujuria; El club del beso negro; El precio del crimen; La alcahueta; En calzones llegó la desconocida; Se me paró el negocio…

Ediciones en rústica que pasaron de mano en mano y acompañaron e hicieron las delicias de varias generaciones de adolescentes durante sus primeros descubrimientos y escarceos hormonales, por allá a finales de los años 60 y en los 70 y 80, hasta cuando finalmente escribió y publicó a mediados de los años 90 su autobiografía Memorias fisiológicas, tras lo cual abandonó la literatura y silenció para siempre sus cuatro máquinas carramplonas de escribir Rémington en las que gestaba igual número de novelas al mismo tiempo.

Volvió entonces a las ventas, ahora de repuestos eléctricos para vehículos y terminó de criar a sus tres hijos: dos hombres y una mujer, todos profesionales, el mayor de los cuales ya es profesor e investigador en electrónica de una importante universidad gringa; igualmente, le dio rienda suelta a su pasión oculta de realizador cinematográfico al culminar en tecnología digital su primer largometraje: Mariposas oscuras, 2006, basado en una de sus historias de misterio.

Claro está, por supuesto, que nunca ha dejado de ser el mismo moralista de hábitos patriarcales y conservadores muy arraigados, pues no en vano desciende de la tradicional familia Velasco por vía materna; y valido del régimen adusto y asceta que siempre se impuso, en su adultez mayor y en simultánea con sus efusiones de cineasta, ya empezó a reeditar –él mismo y por cuenta propia– sus Obras Completas, en pequeños tirajes de sus títulos más queridos, al tiempo que se empeña en seguir rodando nuevas películas.

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