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Extrañas mutaciones

El viernes 21 mayo, 2021 a las 8:29 am
Extrañas mutaciones - Marco Antonio Valencia Calle
Imagen: https://www.pxfuel.com/

Extrañas mutaciones.

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

POCO A POCO

Poco a poco se fueron apagando las risas de los niños. Antes titilaban como lucecitas de ciudad miradas desde una montaña, pero luego se fueron apagando, poco a poco.

No dejaron nada. Sus ojos, como heridas, sangraron lágrimas cristalinas endulzadas con sal. Sus palabras no fueron palabras sino gemidos de un gemido; tinta que se fue secando sobre una hoja de papel. Fueron expulsados del paraíso como Adán y Eva del suyo.

Les dijeron que volverían después de la lluvia, una lluvia muy fuerte, una lluvia que borraría todas las rabias, y todas las banderas, y todos los presidentes.

Llevan en la ansiedad un diccionario de incertidumbres bien dibujadas, manchadas de sudor y lágrimas. Irse, abandonar la casa, es como ponerle muros a la vida, a la infancia, eso es todo. Ya no tienen nada porque en el patio de su casa, donde había una vereda, ahora hay soldados atrincherados que les disparan a unos fantasmas al otro lado de la cañada.

LAS NUBES

Las nubes de marzo dejan caer caricias como hilos de agua sobre flores; techos y niños muertos de risa corriendo sobre marzo, flores y techos. Y chapotean el agua, como el poeta teje historias, revolviendo las palabras y pateando piedras. Y gritan sin fatiga al cielo su alegría como animalitos; en fracción de segundos se olvidan de las matemáticas; y las vocales, unidas a las consonantes, forman esas palabras que nombran sus angustias.

Con cada grito de alegría sacuden el polvo de los gritos de sus padres, porque no comen lo que ellos comen, porque no se duermen cuando ellos se duermen, porque no se levantan de la cama cuando ellos se levantan.

Y los cuadernos se mojan, y sobre los charcos van quedando letras esparcidas como chamizas, o puntillas, o pedacitos de alambre. Collares de palabras descosidas en una caravana desordenada, improvisada y errante.

Un mapa de letras tiradas al azar de lo que un día fueron palabras para domesticar y dar luz; ahora son un montón de letras y palabras que nadan libres sobre el agua sucia y nada dicen, o lo dicen todo, como los poemas.

HAY UNA MÚSICA

Hay una música de monstruos que inspira justicia. Una serie de canciones que más parecen un museo de cotidianidades, donde circulan muchachos feroces de sangre de todos los colores, que lamentos hirviendo entre canciones.

Cada muchacho cantor es testimonio de irreverencia, y cada desgarramiento de cantor puede inducir al goce, al amor, o a morir de tristeza si se quiere, o de nostalgia sí prefiere, acaso de soledad. La música viaja y hermana, halaga y endulza. Es piedra, es sol, es agua. Refugio de lo extraño que baña la geografía y golpea la memoria, y la patria donde anida la poesía.

Nos desnuda, hace llorar, conocer el universo, abrir la puerta a una carrera de caballos y quejidos. En ella está el ruido de todo bajo el cielo, el eco de los ríos prensados por un herrero de versos, ceñido a un coro de ángeles con guitarras, flautas y tamboras, asomándose a una república de barro cocido, sin fronteras, sin límites entre el espacio y el tiempo de los mortales.

La música no es una utopía, es un hilo que cose lo roto, lo quebrado, lo ultrajado.

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