Domingo, 25 de julio de 2021. Última actualización: Hoy

Exportación de violentos

El lunes 19 julio, 2021 a las 8:58 am
Exportación de violentos - mercenarios colombianos participaron del asesinato del presidente de Haití

Exportación de violentos.

Por: Felipe Solarte Nates.

En libros como la “Violencia en Colombia” de monseñor Guzmán, están documentados relatos y fotos de la sevicia con que actuaban policías “Chulavitas” y los llamados “Pájaros”, cuando de noche y vestidos de civil, al estilo de los paramilitares actuales, al mando de “jefes naturales” del conservatismo, como el Cóndor de Tulúa, asaltaban fincas y casas de campesinos liberales, y antes de incendiarlas, abrían con bayonetas el vientre de las mujeres para ensartar en el aire los fetos y a los hombres les hacían el “corte de franela” o la “corbata”, que consistía en hacerles un tajo horizontal en el cuello para descolgar sobre el pecho la lengua de la víctima, como signo de burla sin escrúpulos contra aquel, que curas como monseñor Builes le habían enseñado a odiar sermoneando que matar liberales no era pecado.

La sed de venganza de los familiares y sobrevivientes alimentó la violencia degradada que décadas más tarde se extendió por el país, entrenando a muchos hombres en uso de armas y milicia, potenciándose con el crecimiento de las guerrillas, los narcotraficantes y sus ejércitos de paramilitares aliados con integrantes de las fuerzas armadas, empresarios y políticos, en un marco de concentración violenta de la tierra y riqueza, inequidad, desempleo, auge paralelo de la delincuencia común y culto generalizado al enriquecimiento rápido e ilícito: de cuello blanco, narcotraficando “para dejarle herencia a la familia» o atracando o sicariando “para dejarle un rancho a la cucha”.

La participación de jubilados de los cuerpos élite del ejército en el asesinato del presidente de Haití, es la punta de iceberg del océano de violencia de todo origen en que hemos naufragado los colombianos desde nuestro origen como nación. Especialmente después del asesinato de Gaitán en 1948, cuando Laureano Gómez, tras apoyar a la derrotada Alemania nazi, para quedar bien con los gringos, en su gobierno resolvió mandar al batallón Colombia a la guerra de Corea, en la que los países capitalistas occidentales, apoyando a lo hoy es Corea del Sur, se enfrentaron a los comunistas dela actual Corea del Norte, apoyados por la hoy desaparecida, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y los chinos.

Fue el primer conflicto armado por las superpotencias fuera de su territorio, después que, sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, declararon la “Guerra Fría”, y a él, como único país de Latinoamérica, envió tropas Colombia, para de refilón entrenarlas en lucha contraguerrillera y así poder enfrentar a las autodefensas liberales que surgieron en el Tolima, Caldas, Cauca y los Llanos orientales y años más tarde serían el embrión de las FARC, el ELN, el EPL y otras guerrillas.

Desde entonces en Colombia hay mucha gente entrenada para matar, con o sin armas, tanto en las fuerzas armadas, la Policía, los paramilitares, las guerrillas y las bandas privadas. Y con una tradición de más de 60 años de violencia institucionalizada, que garantiza “experticia” y de ahí la demanda que en los países árabes y el vecindario tienen los jubilados de los cuerpos elite colombianos para prestar seguridad y hacer encargos extras como el que acaban de ejecutar matando con sevicia al presidente de Haití y afrontando obstáculos imprevistos al abandonarlos a su suerte.

La sangre fría con que altos mandos del ejército, aliados con paramilitares, ordenaban a subalternos matar a civiles engañados con falsas promesas de trabajo, para “mostrar resultados y acreditar sus ascensos en el escalafón” y de paso premiarlos con permisos y paseos con viáticos, muestra la degradación a que hemos llegado en este país donde la vida no vale nada y hasta la Policía, que supuestamente debería proteger a la población, se contagió, rifando tiros y sacando ojos a los civiles que salen a protestar en las calles. Sin olvidar los crímenes que a diario cometen grupos guerrilleros y de narcotraficantes que también matan con sevicia a líderes sociales que se oponen al reclutamiento forzoso, el cultivo y procesamiento de coca, la minería ilegal y la destrucción y contaminación de la naturaleza.

Definitivamente con tanta gente entrenada para matar, sin escrúpulos morales, descontenta con su jubilación o desempleada, en Colombia sobrevivimos de milagro y mientras sigamos con un régimen que creció sostenido por el narcotráfico, la violencia y se sostiene con ella, y el afán de enriquecimiento a toda costa sea el que rige a la mayoría de ciudadanos, los colombianos seguiremos rodando de culo por el desbarrancadero ensangrentado.

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