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Martes, 23 de julio de 2024. Última actualización: Hoy

Explicación de un cuadro

El martes 11 junio, 2024 a las 3:25 pm
Explicación de un cuadro
Explicación de un cuadro
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Explicación de un cuadro

León Gil

     Explicar una obra de arte; y en especial en la esfera de la plástica, no es un propósito factible. De hecho, es un absurdo, una contradicción, un contrasentido; pues la obra de arte es mucho menos producto de la racionalidad y el intelecto que de la intuición, la sensibilidad, la pasión y la intuición; y en algunas ocasiones, inclusive del delirio, el frenesí y la demencia. Esto aunado; por supuesto, a las destrezas de un oficio, logradas a través de un largo, arduo y paciente ejercicio.

     Una obra de arte ni es explicable, ni demostrable ni comprobable como lo son el Teorema de Pitágoras o el Principio de Conservación de la Energía; por ejemplo.

     De igual manera, intentar determinar el sentido, propósito o “mensaje” de una obra de arte es tan absurdo como ridículo. ¿Puede alguien decirnos de manera concluyente qué, quién o por qué el Grito eterno e inquietante del andrógino personaje de Munch? ¿Puede alguien asegurarnos a quién, de qué o por qué la inmortal sonrisa de la Gioconda?

     Si una obra de arte requiere explicación (o inclusive, si es explicable), no es una obra de arte. Su condición de inaprensible, de “irracional” es casi que una premisa, un requisito.

     Pero lo que yo pretendo explicar ahora no es una obra de arte, es un simple panfleto pictórico, de carácter sociopolítico.

     Se trata de un cuadro, un acrílico sobre lienzo (47 x 63 cm) que pinté a comienzos de la década de los noventa.

     Por aquella época Medellín fue catalogada como la ciudad más violenta del mundo y Colombia fue señalado como el país más peligroso del planeta. Y hasta hoy sigue disputándose los primeros lugares de este infame ranking. Las tasas de crímenes y homicidios superaban por más del 100% a los segundos.

     Muchos poetas y artistas trataban de expresar su indignación, su dolor, su y su rabia por los medios a su alcance. De allí surgieron canciones, poemas, obras de teatro y; como no, obras de las artes plásticas.

     Yo escribí como cinco poemas en ese contexto. Uno de ellos titulado A la moda con la muerte. Y casi que simultáneamente pinte el cuadro que trato de explicar ahora “públicamente”, pues para mi reducido círculo de familiares y amigos siempre tenía que hacerlo. Y hoy, cuando lo he compartido en mi Facebook, he percibido la general incomprensión, el no entendimiento del sentido de mi cuadro, y; por tanto, he sentido la necesidad de hacerlo.

     Antes quisiera anotar que cuadro y poema versan sobre el mismo tema: La Muerte (así, con mayúsculas; es el personaje principal, la gran protagonista).

     También debo contar que ambos; poema y cuadro, los envié a algunas revistas y periódicos, con el deseo expreso de que la pintura apareciera como ilustración del poema. 

     El poema fue publicado; entre otros, por el Magazín Dominical de El Espectador y El Imaginario, suplemento cultural del periódico El Mundo. Más no el cuadro. 

     El cuadro no tiene título, pero yo y quienes lo conocen nos referimos a él como La Calavera

     Y es que, en efecto, es una calavera. En la cuenca derecha de sus ojos aparece la letra I del inglés: Yo. En la cuenca izquierda, un corazón, símbolo universal de Amor. Esto es: ‘Yo amo’. ¿Y qué o quién lo dice? Pues La Muerte, a través de su también símbolo universal: la Calavera. ¿Y a quién ama la calavera, La Muerte?

     En el lugar que representa las fosas nasales de la calavera aparece, en rojo, el croquis de Colombia. También, en sus dientes, se lee claramente la palabra ‘Colombia’.

     En resumen: I love Colombia, Yo, La Muerte, ama a Colombia.

A LA MODA CON LA MUERTE

Todo el mundo habla de cadáveres bajo el puente
De muertos en el rastrojo
De bultos podridos en la barranca
De los desnudos espantapájaros y niños
Cubiertos solamente por las moscas
Del rumor de la muerte
Que sin reglas y sin tregua
Juega noche y día
A la desaparición y al escondite


Hombres y mujeres jóvenes y viejos
Andamos a la moda con la muerte:
La lucimos en los ojos
Como el último grito de la vida
La llevamos en los pies
Como si camináramos por las pasarelas del infierno


Tanta orfandad tanta elegía
Tanta sangre y tanto luto en el poema:


Las flores y los cantos solo sirven
Para los desposados con la muerte

13 Postrinos

  1. Relativismo: para un adolescente, toda mujer embarazada es una vieja. Para un viejo, toda mujer embarazada es una joven.
  2. La expresión «Me importa un culo» significa; para un sodomita, precisamente todo lo contrario.
  3. Yo fracaso, tú fracasas, él (ella) fracasa, nosotros fracasamos, vosotros fracasáis, ellos fracasan: somos poetas, somos escritores, somos artistas. 
  4. Maestro es aquel de quien quisiéramos aprender todo aquello que el maestro; aunque quisiera, no sabría cómo enseñarnos.
  5. ¿Cuál fue el rey que; según Shakespeare, desesperado corría gritando: «Un caballo, un caballo, mi reina por un caballo»?
  6. Todo ateo que se respete hizo sus pinitos ateológicos discutiendo con los Testigos de Jehová: Gracias, hermanos.
  7. Las personas podrían clasificarse en dos categorías: moscas y abejas. Unas vuelan de flor en flor, las otras van de m. en m.
  8. Parafraseando a Oscar Wilde: «Son interesantes las mujeres con pasado y los hombres sin futuro». 
  9. La concisión del aforismo, el microrrelato y el poema; entre otras, tal vez no sea más que un don, una virtud de la pereza.
  10. Esos que se jactan de no ser materialistas, tan sólo porque opinan que el verdadero valor de las mujeres está en sus interiores.

     11. García Márquez declaraba que escribía para que sus amigos lo quisieran más. Carolina Sanín no necesita confesar que lo hace para que sus enemigos la odien aún más.

     Ambos propósitos son respetables, aunque no estemos de acuerdo con alguno de ellos, o con ninguno de los dos.

     12 DOS COMPADRITOS:

— Esa no es más que una puta vieja bruja.

— Vamos, viejo, eso es demasiado, quítale eso de ‘bruja’, que las hubo muy sabias y respetables.

     13. La inmensa mayoría, en asuntos cognitivos e intelectuales, puede ser ampliamente superada por cualquier mediana inteligencia artificial.

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