Jueves, 26 de noviembre de 2020. Última actualización: Hoy

¿EXISTE UNA OPCIÓN DE CENTRO POLÍTICO EN COLOMBIA?

El sábado 21 noviembre, 2020 a las 1:00 pm

¿EXISTE UNA OPCIÓN DE CENTRO POLÍTICO EN COLOMBIA?

¿EXISTE UNA OPCIÓN DE CENTRO POLÍTICO EN COLOMBIA?

Los poderosos medios de comunicación y algunos periodistas afines al actual régimen político en el poder de Colombia, han desplegado durante los últimos días, toda una estrategia comunicativa de lanzamiento de la que han llamado “La nueva opción de centro político”.

La sociedad colombiana, que se precia de estar informada, ha estado atestiguando el desesperado desfile por emisoras de radio, cadenas de televisión, salas de redacción y plataformas de internet, de una muy variopinta selección de la clase política tradicional colombiana, buscando convencer a ese esquivo electorado que se autoproclama como apolítico, de que ellos (la autonombrada opción de centro) encarnan, no sólo una opción al bipolarismo actual de Colombia, sino que también encarnan la renovación de la clase y las costumbres políticas, de una Colombia urgida de cambio, no el Radical de Vargas LL.

Por ahí se ve a Roy Barreras, a Cristo, no Julito, a Velasco, a Lara, a Galán, los renegados delfines, al delfín Gaviria, a Clara López, codo a codo, discurso a discurso, peleándose los reflectores con sus congéneres, Benedetti, Iragorri, Ángela Lozano y demás, tratando de sacar de la metafísica abstracción de ballenas e hidroituangos, en las que anda perdido, al nuevo alfil del santismo, según el innombrable del Ubérrimo, don Sergio Fajardo. Pretenden juntar al renombrado MOIR ahora Dignidad, del nada maoísta y muy fajardista Robledo, con el nuevo-viejo liberalismo ahora sí autodenominado social demócrata, tras el triunfo del candidato del Partido Demócrata estadounidense Joe Biden. Magistral pieza de lagartería de esa renovadora clase política del Nuevo Centro Colombiano.

Claro que en el campo de las ideologías políticas es posible la existencia de una opción neutra, de una no acción, no involucramiento, no decisión, elección esta que, paradójicamente, implica todo lo contrario, ya que al decidirse por esta opción, ya se tomó una postura; la de no tomar postura. (Larga vida a Cantinflas). No obstante esta posibilidad, lo que sí es claro, al menos para el caso colombiano, es que, esta opción (la de no tomar partido), es difícilmente justificable en la muy crítica realidad social y económica que viene afrontando la sociedad colombiana desde su propio nacimiento.

Si bien es cierto que las posiciones extremas son harto peligrosas, ya que apelan a los instintos primarios y a fanatismos por medio de la manipulación mediática de la realidad, para beneficiar opciones caudillistas, distinguidas, por su populismo y su feroz autoritarismo, también es cierto que ante situaciones extremas, que requieren serias, rápidas y contundentes respuestas, optar por enterrar la cabeza en la arena, no sólo no aporta a la solución de desastre, sino que expone pudendas partes a otro tipo de desastres.

La sociedad colombiana no puede seguir entrampada en la vieja estratagema de todos aquellos que han ejercido la política durante años y años, de desdecir, hablar mal, vituperar y denunciar la corrupción de las instituciones que ellos se han encargado de destruir, para ofrecerse como impolutos renovadores de la política que no polarizan, ni mucho menos caer en el error del facilismo de siglo XXI o sacaculismo que llaman, de echar en una bolsa a todas las personas que ejercen cargos de elección popular, aduciendo que todos los políticos son unos bandidos, mientras están aupados por quienes sí lo son, reclamando un muy higiénico abstencionismo, justificado en optar por un centrismo virtuoso que tampoco resuelve nada.

Los Barrera, los Velasco, los Iragorri, las Lozano, las López y demás, no pueden venir ahora a fungir como salvadores de la patria, blandiendo la espada de una total pulcritud y compromiso para con todos los colombianos, muchos de ellos, quizás no con sus acciones, sino con su aquiescencia y su formalismo extremo, han permitido que la corrupción pase por enfrente de ellos, sin que pase nada, por andar en busca de unas bellas formas diplomáticas, que eviten el debate o la confrontación, en pos de una sociedad imaginaria de Hello Kitty y pitufos.

Colombia requiere del compromiso de toda la sociedad, para empezar a cambiar esta ruta al despeñadero en la que nos han embarcado quienes ahora se muestran como intachables salvadores de la Matria. El centrismo tal y como lo pretenden vender los actuales oportunistas y los cómodos dueños de la franquicia, no sirve para resolver el desastre estructural, que el centrismo exagerado y los partidos políticos tradicionales de Colombia han ocasionado. Es hora de ponerse colorados por unos instantes, para no quedar con la palidez de la muerte por siempre.

En últimas, sí, de vez en cuando se requiere tomar opción. Generalmente la opción que plantea un cambio es la acertada.

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Omar Orlando Tovar Troches
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