Domingo, 14 de agosto de 2022. Última actualización: Hoy

¿ESTÁ DISPUESTO A SEGUIR AL SEÑOR, A SER UN HIJO ESPIRITUAL?

El domingo 17 junio, 2012 a las 6:15 pm

Por: Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas

Párroco Iglesia de la Stma. Trinidad – Santander de Quilichao

Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mateo 26, 41).

Esta es una decisión personal. Si la respuesta es sí, renueve su compromiso con el Señor: entréguese y ofrézcale su vida al Señor.

ORACIÓN DE ENTREGA

Señor Jesús te abro las puertas de mi vida y de mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador. Te pido perdón por todos mis pecados y consagro a tu divino corazón mi alma, mi cuerpo, mi mente, mi espíritu, sentidos, ojos, lengua, corazón, sentimientos, voluntad y libertad. En una palabra: todo mi ser. Yo soy todo tuyo guárdame, defiéndeme. En tu corazón traspasado por la lanza confío mi padre, madre, hermanos y personas queridas. OH sangre y agua que brotó del corazón de Jesús como manantial inagotable de misericordia, en tu corazón confío mi vida y la de mis seres queridos, lávame con tu sangre, séllame con tu amor. Santísima Virgen María, infunde en mi corazón la llama de tu amor e intercede por nosotros ante tu Hijo Jesucristo y danos tu bendición. Amén

Prométale que lo obedecerá y amará sobre todas las cosas. Al darle nuestro Sí al Señor, hemos decidido ser guiados por el Espíritu Santo de Dios, lo que equivale a ser hijo (a) y heredero (a) de la familia más rica del universo, LA FAMILIA DE DIOS “En efecto, todos los que son guiados por el espíritu de Dios, son hijos de Dios (Rom 8, 14).

Es importante saber que como miembro de una familia, en especial como hijos, tenemos tantos privilegios como deberes.

Privilegios de un hijo espiritual: Los privilegios que tenemos como hijos de Dios según Lc 15, 11-32 son: somos perdonados y amados, como nos demuestra la parábola del hijo pródigo. Restablecemos nuestra unión con el Padre y aceptamos su salvación. Vivimos como hijos de Dios. Somos guiados por el Espíritu Santo.

Deberes de un hijo espiritual: Así como tenemos privilegios también tenemos deberes:

APRENDER A ORAR: Tenemos un gran deber y es aprender a orar, es decir, hablar con nuestro Padre Dios, ya que a través de la oración: Nos comunicamos en espíritu y en verdad con Dios (Jn 4, 23-24). Cambiamos las circunstancias si pedimos en nombre de Jesús (Jn 16, 23-24). Debemos pedir a nuestro Padre que siempre se haga su voluntad.  Pedimos la intercesión de Jesús ante nuestro Padre Celestial (Juan 14, 11-13). La oración no se hace sólo con la cabeza. Se hace sobre todo con el corazón. Cuando el hombre ora, algo cambia en él y en su ambiente. 

LEER LA PALABRA DE DIOS: En una pequeña iglesia de una isla del Pacífico del Sur, un domingo, al terminarse la misa, el sacerdote le pidió a uno de los presentes que hiciera una oración antes de irse todos. Este la hizo de esta manera: «Señor, muy pronto cada uno de nosotros nos marcharemos para nuestras casas. No permitas que las palabras que acabamos de escuchar sean como la ropa que llevamos puesta, que al llegar nos la quitaremos y, bien dobladita, la meteremos en un cajón, hasta el próximo domingo.» A veces escuchamos con mucha indiferencia las lecturas de la misa del domingo, que son tomadas de la Palabra de Dios, ¿a qué crees que se deba esto? ¿Cuál es tu experiencia con la Biblia? ¿Al llenarte Dios de su Espíritu Santo, has conocido con más facilidad la Palabra de Dios?

Nuestra indiferencia por la escritura muchas veces no hace sino poner de manifiesto nuestra indiferencia por el maestro. Somos hijos herederos de todas y cada una de sus promesas depositadas en la Palabra de Dios, para aquellos que creamos en el Hijo de Dios y su Palabra. Son más de mil promesas, dentro de las cuales encontramos: Vida eterna (1 Jn 2, 25). Abundancia material Isaías 45,3; Jn 10,10; Mt 6, 33. Protección divina: Salmo 91, Sal, 27. Las podemos reclamar una a una para nuestra vida y la vida de nuestra familia, de acuerdo a nuestra necesidad en particular. Cada promesa dada en la Biblia tiene una condición que debemos cumplir para que ésta se realice en nuestra vida (Jn 1, 12). Encontramos que: Condición: a quienes lo recibieron y creyeron en él. Promesa: les concedió ser hijos de Dios. Todas las promesas de Dios se cumplirán si esperamos con fe, por eso debemos apropiarnos de ellas. Debemos combinar la oración con la lectura bíblica, porque de otra manera podemos caer en las siguientes circunstancias: la lectura bíblica sin oración produce frialdad, intelectualismo. La oración, sin lectura Bíblica produce sentimentalismo.

Recomendaciones para una adecuada lectura Bíblica Nunca comprenderemos la Biblia, hasta que nos demos cuenta de que está hablando sobre nosotros, la Biblia no es sino la bella y trágica historia de amor de Dios por nosotros.  

a. Debemos orar pidiéndole al Espíritu Santo que inunde nuestro entendimiento y nos permita entender las cosas grandes y ocultas que Dios nos quiere revelar a través de la lectura de su Palabra. No debemos usar la Biblia para adquirir conocimiento o información sino como el medio por el cual Dios nos habla. Recuerde: no causa admiración el que conoce la Palabra de Dios sino el que la cumple.

b. Debemos proclamar la Palabra con unción, sin apresurarnos en su lectura, examinémosla lentamente y meditemos acerca de lo que Dios dice: escudriñar la Palabra de Dios. c. Preguntémonos qué es lo que quiere enseñarnos Dios: ¿Qué pecado debemos perdonar? Chismes, codicia, mentiras, rencor, etc. Si es así confesémoslo ante el Señor, pidamos su perdón, renunciemos a él y hagamos el propósito de recibir el sacramento de la reconciliación (Salmo 15). ¿Qué promesa contiene? Apropiémonos de ella  reclamémosla para nuestra vida. ¿Qué mandamiento debemos obedecer? ¿Qué tropiezo o error debemos evitar (Salmo 1). La finalidad de la Palabra de Dios no es meramente formarnos o deleitarnos, sino fundamentalmente nos ha sido dada para transformar nuestra vida. ¿Qué pensamiento nuevo nos ofrece acerca de Dios?. D. Guardemos silencio y escuchemos la voz de Dios. “Dame Señor un corazón que escuche” 1 reyes 3, 9. Deleitémonos con lo que el Señor ha hablado a nuestro corazón y dejémoslo habitar en nuestro pensamiento y en cada cosa que emprendamos. En resumen, hay cinco pasos que debemos tener presentes al leer la Palabra de Dios: Proclamarla, meditarla, escudriñarla, vivirla y memorizarla.

Leer más…
Sigue a Proclama en Google News
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?