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Escuela y comunidad: una trenza innovadora para mejorar la calidad de la educación

El martes 25 febrero, 2014 a las 10:47 pm
Luis Fernel Bonilla Rosero

Por Luis Fernel Bonilla Rosero
Directivo Docente – Rector
Norte del Departamento del Cauca

Los propósitos de la educación colombiana hoy, son elevar la calidad de la educación que reciben nuestros niños y jóvenes, sin importar su procedencia geográfica, problemática social que vive, características étnicas, base cultural a la cual pertenece y los conocimientos y saberes que posee. Se busca que la escuela asuma el compromiso –real, no retorico-, de relacionarse en forma directa con la comunidad y con el contexto de la población a la cual atiende, para que las acciones y procesos educativos y formativos tengan su génesis en la comunidad y su compromiso social llegue a ella nuevamente promoviendo una reconstrucción cultural, o sea, una relectura de su realidad y posibilidades diferentes para resolver sus problemáticas y necesidades sociales, en perspectiva de mejorar el relacionamiento de ella con el Estado en vía de construir un nuevo referente de región, y de país, donde emerjan mejores alternativas de solución a la realidad que una sociedad homogenizadora ha proyectado sobre ella.

Se pretende que la escuela, con la participación de la comunidad, le de pertinencia al proceso pedagógico, donde el vector que direccione el andar institucional sea la problemática que vive la sociedad en su cotidianidad, tratando de dar respuestas reales, actuales e innovadoras, respetando lógicas de lecturas e interpretación de las dificultades que viven, sobre la base de una escuela que reconoce la diversidad de posturas y formas de interacción con la realidad y la divergencia de criterios, sueños e intereses de la población.

En la práctica, es visualizar formas de participación de las comunidades convirtiendo la práctica pedagógica en un hecho social desde la función que cumple, respondiendo a resignificar los imaginarios y perspectivas de las comunidades que hacen parte del entorno donde la escuela interviene.

Esa nueva mirada de la práctica pedagógica, debe ser pensada y diseñada modificando las pedagogías y didácticas tradicionales, que promueven un distanciamiento entre propósitos educacionales e intereses comunitarios. Presentan restricciones en cuanto a incluir en su diseño y planificación los interés de los estudiantes y mucho menos responden a las aspiraciones comunitarias, donde se requiere dar respuesta nuevas e innovadoras a los hechos que históricamente han vivido y sufrido los sectores periféricos de la sociedad, en clave de visualizar otra forma de vida, donde se produzcan compromisos y responsabilidades del Estado colombiano, asumiendo nuevos escenarios donde la vida pueda florecer con un sentido social de crecimientos y desarrollo incluyente.

De acuerdo con lo anterior, los procesos educativos deben dar respuestas nuevas e innovadoras a las demandas sociales y comunitarias que mueven a las personas y a la sociedad civil, en términos de aproximar Estado y comunidad, para edificar otra sociedad, a partir de revisar y rediseñar las relaciones que se tejen y destejen en la cotidianidad del aula, donde se reconozca a todos sus actores como sujetos con derechos y deberes actuando en dirección de ser partícipe del direccionamiento social y comunitario.

Estas demandas sociales que se deben entroncar y anudar con los desarrollos sociales, promovidos desde el Gobierno, en sus diferentes niveles y competencias, deben ser asumidas en primera instancia por la escuela, desde todos los espacios y escenarios que construye para el desarrollo curricular y pedagógico, para socializar al niño en los saberes culturales que la sociedad ha priorizado para formar a las nuevas generaciones, pero es trascendental que para una transformación cultural, como propósito fundamental de la escuela, las voces y sueños de los actores directos del hacer pedagógico –la comunidad educativa-, sea escuchada, gestionada y tramitada como base fundamental para el desarrollo comunitario, pero sobre todo para la democratización y humanización de la vida escolar.

Mejorar la calidad de la educación no solo consiste en ampliar la cobertura del sistema educativo o reducir los índices de repitencia y deserción. Calidad de la educación no es sinónimo de incrementar los índices de eficiencia de un sistema educativo como un fin en sí mismo, sin revisar que concepto o conceptos de calidad educativa, se teje y se reelabora en el imaginario personal y comunitario en los espacios  cotidianos de los diferentes pueblos y comunidades, en relación con sus necesidades y su relacionamiento con el Estado colombiano. El esfuerzo por mejorar la calidad de la educación está referido directamente a visualizar e interpretar el rumbo que los diferentes grupos culturales que conforman la sociedad colombiana le están apostando, en clave de formar seres humanos para el encuentro con el otro y con los otros, en un escenario social que recoja todas las vertientes y vectores de la vida en comunidad, que gestione una sociedad con mayor justicia, pacífica y democrática,  para mejorar la calidad de vida de todos y cada uno de los que la conforman.

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