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Viernes, 1 de julio de 2022. Última actualización: Hoy

Es una simple colilla decían

El viernes 27 mayo, 2022 a las 9:07 am
Es una simple colilla decían
Imagen cortesía de: es.wikipedia.org

Es una simple colilla decían

Guillermo Romero Salamanca

Doña Yaneth, una operaria del aseo de un centro comercial tiene, entre sus encargos recoger cientos de colillas de cigarrillos que los fumadores arrojan a las aceras, plantas, pisos y en lugares insospechados como ventanas, baños o lavamanos. Ella detesta esa operación diaria. Debe, muchas veces, arrodillarse para hacer la tarea porque los desperdicios de los aspiradores de humo son incontables.

Como si fuera poco en ventanas, puertas, pasamanos, paredes, postes y árboles los consumidores de gomas de mascar dejan pegadas con sus babas los residuos.

Vasos por acá, servilletas, bolsas, botellas de gaseosas y licor debe recoger pacientemente de los parques y bancas de los parques aledaños al Multicentro. Bolsas negras, verdes, blancas y de otros colores doña Yaneth va llevando al basurero.

Luego, con paciencia, debe limpiar pisos, ascensores, escaleras eléctricas para recoger los desperdicios que dejan los visitantes.

Los lunes crece el trabajo. Deben sacar al camión las 5 toneladas con desperdicios de alimentos. Los comensales que visitan los restaurantes dejan papas, arroz, trozos de carne o de pollo, verduras y residuos de ajiacos. Vasos con jugos o bebidas azucaradas complementan el triste espectáculo. Luego de la salida de los cajones debe lavarlos con cientos de libros de agua pura, empleando, además, detergentes y otros químicos para volver a la limpieza. Ella debe usar guantes y caretas para realizar la tarea.

A los visitantes poco les importa que el lugar esté limpio. Es más, pisan, por donde están lavando o está recién pasado el trapero.  Es la lucha entre el aseo y los ciudadanos: una por limpiar y otras mil por causar desaseo y desorden.

“Es una simple colilla”, decía un fumador. Las calles de las ciudades se llenan de “pequeñas” basuras.

Miles de toneladas de basura a la calle

En Bogotá, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos -UAESP—se encarga de la recolección, barrido y limpieza de Bogotá. Entre enero y septiembre del 2021 recogieron alrededor de 60 mil toneladas de residuos en las calles a través del barrido.

Durante los primeros ocho meses del año en unos 500.000 kilómetros barridos de forma manual y 600.000 kilómetros con barrido mecánico, la empresa de Acueducto y Alcantarillado de la ciudad extrajo más de 110 mil toneladas de basuras del sistema de drenaje.[1]

De igual forma, esos pequeños bocados que no son consumidos aumentan a diario. Según informó La República, el desperdicio de comida no es sólo en Bogotá.

En datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), el Observatorio Hambre Cero de la Universidad Externado de Colombia y la Uaesp (Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos), se estimó que 51,3% de los desechos que llegan al relleno sanitario Doña Juana, son material orgánico. Relacionando una cifra aproximada de 7.000 toneladas al día, y al menos 1,3 millones de toneladas al año, Bogotá desperdicia el 37,5% del desperdicio de alimentos en Colombia.[2]

Hogares con hambre, pero crece el desperdicio

Con una oferta nacional disponible de alimentos de 28,5 millones de toneladas, en Colombia se pierden y se desperdician un total de 9,76 millones de toneladas, lo cual equivale al 34% del total. En otras palabras, por cada 3 toneladas de producción se pierde o se desperdicia una tonelada.[3]

Y la ola del derroche alimentario sigue en aumento. La periodista Mónica Mena Roa encontró que el desperdicio de alimentos en el mundo se está convirtiendo en un problema de peso. En concreto, de casi mil millones de toneladas.

“Y es que, según el Índice de desperdicio de alimentos 2021, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en el mundo se desperdician 931 millones de toneladas de alimentos cada año (el 17% del total de alimentos disponibles para los consumidores), de los cuales 569 millones proceden de los hogares. La cantidad restante se atribuye a los restaurantes y otros servicios de alimentación (244 millones de toneladas) y al comercio minorista (118 millones de toneladas). A nivel mundial, per cápita, cada año se desperdician 121 kilogramos de alimentos a nivel del consumidor, y 74 de esos kilogramos se desperdician en los hogares”, dijo la periodista.[4]

Pero ¿qué tan derrochadores son los países cuando se trata de alimentos?, preguntó la comunicadora Mena.  Las cifras absolutas más altas de desperdicio de alimentos se registraron, como es lógico, en los dos países con más de mil millones de habitantes. Se calcula que China desperdicia 91,6 millones de toneladas de alimentos al año, mientras que India desecha 68,8 millones de toneladas. Estados Unidos está un poco más abajo en la clasificación, con 19,4 millones de toneladas de residuos alimentarios, mientras que en América Latina, Brasil y México producen aproximadamente 12 millones de toneladas anuales. España, por su parte, genera 3,61 millones.

Todo puede comenzar desde el hogar

“El panorama es bastante diferente cuando se trata de residuos producidos per cápita. Por ejemplo, un hogar medio de la India desecha 50 kg de alimentos al año, mientras que en Estados Unidos esa cifra se eleva a 59 kg. A pesar de parecer que el nivel de desperdicio total de alimentos es relativamente bajo en comparación con otros países, con 2,6 millones de toneladas al año, el índice muestra que Australia tiene un alto nivel de desperdicio per cápita, con 102 kg por hogar al año. En comparación, se calcula que los residuos domésticos de Rusia ascienden a 4,9 millones de toneladas al año y que los residuos per cápita sólo alcanzan los 33 kg”, dijo Mena en su informe.

Cada persona es una empresa, ahora la inquietud siguiente está en formular la pregunta clave: “¿Es socialmente responsable?”.

Todo puede comenzar con una pequeña servilleta, un volante de publicidad, un vaso de agua, una colilla o un pedazo de goma de mascar, pero el resultado será el mismo: cada día el planeta deteriora su vida y con angustia solicita un cambio de mentalidad.

“No hay derecho a ser tan mugres con el planeta”, comentó doña Yaneth.

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