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Es como para llorar…

El martes 23 febrero, 2016 a las 8:59 pm
gloria cepeda vargas

Gloria Cepeda Vargas

La comidilla de todos los desocupados o no, moralistas o no, actualizados o no, se reduce hoy en el país a los cuestionados bigotes del general Palomino, el anillo donde giran congresistas y héroes de la patria en siniestra algarabía y un video que avergüenza a sus protagonistas, no por su contenido sexual sino por su inopia mental. A Carlos Ferro, hasta hace poco Viceministro del Interior, se le soltó el moño como dicen en Venezuela y quedó para hoy y para la posteridad, en vitrina permanente.

La polvareda que levanta tan exquisita velada, tumba testas ilustres: a una, como en Fuente Ovejuna, renuncian Ferro, Palomino y Vicky Dávila, la mala de la película y la opinión nacional se divide entre quienes celebran la divulgación del video y quienes la critican en nombre del respeto que merecen la vida privada, la familia y la dignidad del personaje.

Pienso que éste es el momento de recordar la ligereza, por no decir otra cosa, con que la justicia colombiana acusa y sanciona inocentes. No se les otorga ni siquiera el beneficio de la duda. Con una celeridad de gacela y una ceguera de topo, autoridades y medios de comunicación se unen para linchar al desventurado. Lo presentan de frente y esposado como merece todo criminal que se respete. En ese momento lo único que interesa a los mismos que hoy critican la publicación de marras, es mostrar resultados, proteger a los verdaderos autores del delito  y lavarse la cara ante la opinión pública.

Cuando Alberto Jubiz Hazbum, químico farmacéutico de la Universidad del Atlántico, con bombos y platillos fue presentado al país como el asesino de Luis Carlos Galán y condenado a cuatro años de espantosa reclusión carcelaria, nos encogimos de hombros. Contra toda evidencia, arrastraron su nombre por cloacas nauseabundas, se pusieron de ruana su dignidad, condenaron a su familia a la vergüenza y el dolor. Murió después… y punto final. Si ahí no hubo consideraciones éticas ni argumentos valederos ¿Por qué el caso Ferro-uniformados (que los colombianos deberíamos conocer para saber en manos de quién estamos), merecería trato diferente?

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