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Entrevista con el poeta Oscar Emilio Bustos Bustos

El martes 14 marzo, 2017 a las 4:16 pm

Por Diógenes Díaz Carabalí

Óscar Emilio Bustos es escritor, periodista, cronista de la historia actual del país, pero también es poeta. Como el fin de estas entrevistas es conocer las implicaciones poéticas de los autores, nos hemos sentado con él para hablar de poesía. Sirve saber que Óscar Emilio Bustos es de Bogotá, con los mismos complejos de ser capitalino, un hombre de todas maneras interesante, que sin duda deja en sus respuestas más interrogantes por su trabajo y su relación con el universo.

¿En primer lugar, díganos quién es Óscar Emilio Bustos? Desde el ángulo que quiera, siempre para saber quién nos habla.

Soy bogotano por emergencia porque yo iba a nacer en Otanche, Boyacá, zona esmeraldífera, pero el médico del pueblo se asustó cuando vio a mi madre embarazada y a la primera revisión le dijo que iba a tener un niño y un bulto. El galeno no supo distinguir que era un embarazo gemelar y entonces mi padre le dijo que con el título profesional podía ir a atender el parto de las gallinas. Bien preocupados, padre y madre se vinieron a Bogotá de afán, a arrimarse en la casa de unas tías donde a los dos días nacimos los mellizos, sin atención médica de ninguna clase. Solo mi padre fue el partero. Todavía con mi hermano nos hacemos bromas, preguntándonos cuál de los dos era el bulto. A los pocos días de nacidos volvimos a aquel pueblo caliente, para huir en un camión poco después porque mi familia fue expulsada por la violencia política. Otra vez en Bogotá nos asentamos en un barrio de los extramuros. Así que yo me siento más pueblerino e hijo de desarraigados. Mi madre tiene una memoria prodigiosa para los versos y las canciones y se dedicó a enseñar poemas a sus hijos para que en la escuela nos ganáramos los concursos. Ella misma cuando era niña siempre fue escogida por sus profesores para declamar versos a la patria y a los próceres. Todavía recita más de cien poemas con todo el garbo de que es capaz. Hay que agregar que mi padre era un narrador oral de grandes virtudes y que contaba historias reales salpicadas de fantasía. Con unos padres así era muy difícil no hacerse poeta. Mis hermanos trabajan en oficios sencillos, uno es albañil, otro sastre, y el otro mello, activista cultural.

Usted es reconocido como un cronista de la realidad colombiana, con premios importantes en el género. ¿Qué hace un cronista en la poesía y qué significa la poesía para estos tiempos de informalidad, desmemoria y mediatismo?

Creo que la realidad colombiana es muy rica en muchos aspectos y necesita escritores que sepan contar las historias con rigor pero también con pasión. Para el posconflicto el país necesita periodistas de verdad, cronistas sensibles y poetas sencillos que den cuenta de esa riqueza de vida y muerte, y que en sus versos destaquen la vida y la esperanza, y condenen todo lo que atenta contra ellas. No los hay, porque los periodistas se amoldaron a la censura, a las mentiras y a la autocensura que se practican en los medios de comunicación y se quedaron a la sombra de los políticos y los empresarios corruptos, esperando los mendrugos que les arrojen, como perros hambrientos bajo la mesa. Al mismo tiempo, muchos poetas corrieron detrás de la belleza y se elevaron tanto que perdieron la noción de la realidad. Yo he hecho un esfuerzo para levantar la cabeza y escribo para que los paisajes de Colombia -que descubro recorriendo el país para elaborar mis crónicas- no pasen desapercibidos y queden también en mis poemas. Escribo para los lectores que vengan de aquí a cien años y no quiero fallarles en el intento de expresar tanta vida desperdiciada de colombianos enfrentados a todo tipo de criminales, tanta memoria echada a la basura, tanto dolor atragantado. Contra la desmemoria y el imperio de las multinacionales asociadas con los poderosos y perversos criollos, hago versos que denuncian y al mismo  tiempo conmueven y hacen brillar la esperanza en un mundo mejor.

Por lo que veo su poesía explora nuevas formas, nuevas maneras expresivas. ¿Qué armatoste constituye sus temáticas poéticas?

Con versos libres pero musicales le canto a las expresiones del amor en medio de la guerra, a los abuelos contadores de historias, a los niños y el mundo que tienen por delante, tratando de contagiarles un anhelo de transformarlo. A la memoria la pongo a cantar y a veces a llorar, pero los lectores no se van sin reflexionar.

Esta entrevista, y la de otros connotados poetas nacionales, tiene por finalidad construir lectores de poesía entre las nuevas generaciones. Háblenos un poco de sus lecturas y de sus poetas favoritos.

Entre los colombianos no pueden faltar, en mi escritorio y en mi memoria, Aurelio Arturo (“Oíd el canto dulce de las tierras de nadie”), El Tuerto López (“¡Viva la paz, viva la paz! Así trinaba alegremente un colibrí sentimental, sencillo, de flor en flor… Y el pobre pajarillo trinaba tan feliz sobre el anillo / feroz de una culebra mapaná”), El manifiesto nadaísta, X-504 respondiendo a Luis Vidales (“Viejo, no te burles, que Dios hizo lo que pudo”), Porfirio Barba Jacob (“Le pedí un sublime canto que endulzara mi rudo, monótono y áspero vivir. Él me dio una alondra de rima encantada…¡Yo quería mil!), Héctor Rojas Herazo (“No es solamente el flujo de la tierra /lo que ha de herir el vidrio de mis ojos”), Rogelio Echavarría (“Llegue tu carta, mano larga, pulso sellado, llegue pronto / a darme libertad con la fecha que inventa”), Julio Daniel Chaparro (“Cómo nos anima esta fiebre de caballos / cómo burbujea esta torrentera vital que nos recorre”), Juan Manuel Roca (“Estoy tan solo, amor, que a mi cuarto solo llega, peldaño tras peldaño, la vieja escalera que taquea”), Guillermo Martínez González (“A veces despierto en la noche / sobresaltado por el galope secreto del viento”). Entre los extranjeros la fila la encabeza el peruano César Vallejo, le siguen los españoles Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández, los franceses Paul Eluard, Charles Baudelaire y Arturo Rimbaud, los chilenos Pablo Neruda, Nicanor Parra y Óscar Hann y los norteamericanos Walt Whitman y Edgar Lee Masters. No puede faltar tampoco un poema del turco Nazim Hikmet (“Ya vienen, Taranta Babu, ya vienen envueltos en una llama ardiente, vienen y plantan su bandera en el techo de paja de tu casa de tierra”) ni del salvadoreño Roque Dalton (“Los muertos están cada día más indóciles”). Pero también la poesía que está en los textos narrados de Juan Rulfo, García Márquez y Joao Guimaraes Rosa. Recuerdo también muchos versos de Geraldino Brasil que leí hace muchos años en la revista Puesto de Combate (“Quiero que Flora escuche mi poema pero Flora está leyendo sobre anticonceptivos”). Ah, y está Víctor Rojas, un escritor, poeta y novelista bogotano que trabaja desde el exilio en Suecia. Muchos de sus versos me gustan (“Las huellas no cuentan los días / las paredes que se niegan al desplome / aún guardan los secretos / de la mano que empuñó la daga asesina”).

Entrevista con el poeta Oscar Emilio Bustos Bustos

La poesía da respuestas: al amor, a la ciencia, a la muerte, a la belleza, a la fe. ¿A qué busca responder usted con el trabajo poético?

La poesía da respuestas a quienes tienen preguntas a flor de labios, a los que ya no aguantan la rezandería y las mentiras y por eso son un outsider, que están siempre fuera de lugar. Especialmente en esta época de poderes y perversiones, las preguntas no nos deben faltar. Yo como poeta quiero vibrar con los preguntones porque mis poemas también son interrogantes al universo y a quienes detentan los poderes en los territorios.

Hay una eterna discusión sobre la poesía comprometida. Mejor, sobre el compromiso de los poetas. ¿Cuál es su compromiso en la poesía?

Mi compromiso es con la belleza de la geografía colombiana atravesada por explotadores extranjeros y connacionales. Es también con la gente que resiste de pie en los valles, las llanuras y las montañas, con los campesinos de mi país que han sembrado con su sangre la tierra. Además, con los jóvenes que transformarán la historia. Con las historias que no han sido contadas.

Háblenos de la tasa de retorno de la poesía. ¿Dónde está la TIR de la poesía? ¿Es rentable? ¿Da para comer? ¿Cómo vive un poeta?

Jajajaja, tratándose de pesos, con la moneda colombiana tan devaluada, la poesía no da ni para los tintos que ofrecemos a nuestros amigos. Su pago es en especie, buscamos el trueque afectivo: versos por alegría, versos para leerlos entre amigos. Yo vivo a ras con lo que me pagan por mis crónicas, pero la poesía es una flecha afilada en mi arco tenso. No la vendo, tampoco ninguna empresa editorial ha expresado interés por mis poemas, los hago para mis amigos, de hoy y del futuro. Un poeta vive entre la calle y su biblioteca, con los cinco sentidos del periodista siempre alerta, más el sentido poético como otra boca que necesita respirar o si no muere.

Directo. ¿Cómo ve la poesía actual colombiana en el contexto de la poesía mundial?

Hemos tenido grandes poetas, pero salvo contadas excepciones, los de hoy se durmieron en los laureles. Las excepciones son Juan Manuel Roca y Fernando Denis. Pero siento que viene una cosecha de buenos poetas que sabrán interpretar lo bueno que tenemos para ofrecer al mundo: ya no la guerra sino la paz, ya no el dolor de las víctimas sino sus sueños y su lucha digna.

¿A qué aduce que nuestros enamorados olvidaron la poesía, nuestros soldados no levantan su valentía con un verso libertario, nuestros pastores no se santifican con un poema místico? ¿Mejor dicho, está jodida la poesía?

Gracias a los malos gobernantes, medio país perdió el alma. Ahora tendrán que recoger los pedazos y reconstruirse. Necesitamos más poesía y menos policía, como rezaba un grafiti que leí en una pared hace como treinta años. El país tiene que avanzar por los senderos de una educación libertaria y creativa, o si no nos llevó el que sabemos.

Y en Bogotá… que pululan los poetas. Es como la Atenas de todo. ¿Cómo hace un poeta para hacerse visible?

Yo voy al Café-Cinema, en el centro, y al Bar Mafalda, en Bosa, a encontrarme con otros poetas, y a veces leo mis versos en emisoras barriales y universitarias.

¿Aún los poetas somos espécimen raro? ¿Hay que ser raro para ser poeta? ¿Mejor dicho: homosexual, marihuanero, flirteador, suicidarse…? ¿Vivir en las cloacas del universo?

En este país que heredó tantos odios, a veces los poetas son los únicos preparados para dar un abrazo a quien sea, al marginal, al castigado por el sistema y por la policía, al drogadicto, al que es expulsado de todos los lugares. La poesía se convierte así en un puente con ese otro medio país expulsado y ultrajado.

Convénzanos en la necesidad de leer uno de tus libros de poemas. Denos una razón para no indigestarnos con un libro de poemas.

Tengo un libro de poemas publicado, Suroriente, y otro en preparación, Instantáneas. Pero no me lea, no me busque. No estoy en campaña política. En cambio, vibre, no se deje echar el brazo de la Muerte por la espalda, sorpréndase con el dolor de los otros y ría si cada amanecer es como otra flor que se abre y que nos mantiene viajando en esta aventura por el universo.

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