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Entre la libertad y la docilidad política

El viernes 20 febrero, 2015 a las 6:32 pm
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MATEO MALAHORA mateomalahora2015@gmail.com

En tiempos pre electorales es fácil observar las marrullerías, las trapisondas, las jugadas por debajo de la mesa, las cartas marcadas, la escenografía de la comedia, la ingenuidad de los espectadores y astucia e idoneidad de los actores y taumaturgos de la política.

Como por arte de encanto, en medio de los aspirantes con formulaciones serias sobre la situación social y económica del país o de una región, hacen aparición los milagreros que obran como adivinos con capacidad de dar respuestas acertadas para curar todos los males y padecimientos de las comunidades víctimas de las desigualdades sociales.

Si el mago se presenta en los tablados de la función política con sombrero de copa y maleta con sellos de la hacienda pública tendrá ventajas sobre el prestidigitador que actúa usando un sombrero usado, roto y desgarrado.

La tradición electoral colombiana señala que de los sombreros de copa salen no solamente conejos sino auxilios presupuestales, decretos de nombramiento, prebendas, prorrogativas y regalías, como dice ahora el Estado colombiano, mientras que de los sombreros de menesterosos no salen sino desgracias.

No obstante, si se acude a sensatas y juiciosas observaciones, utilizando métodos comparativos, se llega a la conclusión de que no existen diferencias de fondo entre los magos y faquires alternativos y los ilusionistas de corbata o corbatín y séquito legislativo o gubernamental.

URNA - Entre la libertad y la docilidad política

Tanta es la fuerza de la costumbre política que en su dinámica se mueven hábitos electorales, apetitos presupuestales, necesidades aplazadas, gratitudes burocráticas, creencias protectoras y mitos entorno a los rituales del poder, que hacen que las gentes vivan alucinadas y esperen por años, con docilidad y paciencia, que del sombrero de copa salten los conejos de la buena suerte.

Y debe ser, porque los elegidos y elegibles, mediante la práctica de la retórica política, capturan la atención acudiendo al arte de esconder, tapar, silenciar verdades y negar, de manera rotunda, evidencias y certezas.

¿Será que los conejos, cuando salen de los sombreros de copa, son símbolos de proyectos comunitarios exitosos y entre aplausos y risas anuncian el advenimiento de la verdadera democracia?

Por lo que se escucha en Juan Valdés, en la política caucana hay verdaderos artistas, con tanta capacidad histriónica, que saben disfrazar sus sueños, ocultar aspiraciones, silencian adversarios y disimulan aspiraciones políticas, para mantener fieles a sus incondicionales, simpatizantes y seguidores hasta que llegue la hora de sacar el conejo.

Y, desde luego, no es lo mismo sacar un conejo en escenarios alfombrados, con arrrolladora farándula, en medio de una atmósfera de poder y decorado ambiental que presagie futuro promisorio, así el discurso sea una pieza oratoria del pasado, que sacar en una plaza de mercado una culebra y vermífugos asombrosos para resolver las necesidades de la paz estructural (postconflicto) en la que se avizoran enormes riesgos y peligros.

Vistas así las cosas del mundo y los mundillos políticos de aldea, se llega a la conclusión de que los partidos políticos vaciaron totalmente sus propuestas éticas para sumergirse en las turbias y opacas aguas del utilitarismo político, vale decir en el más oscuro pragmatismo militante, buscando el poder como fin en sí mismo y echando por la borda los principios ordenadores de la política, como el de la ética.

Y aunque los partidos y agrupaciones partidistas permanecen con sus maquinarias aceitadas, hay motivos para sentir en la vida ciudadana un rechazo manifiesto al ejercicio de la política sin coherencia y programas que puedan remover los conflictos sociales en que “sobreviven los electores”. Las redes sociales son irrefutable testimonio.

En esa perspectiva encontramos tres factores que han incidido poderosamente en la aparición de la contrapolítica en las redes sociales, dispositivos virtuales de repudio a los umbrales de tolerancia en los espacios perfumados o apestosos de la corrupción:

Se observa el total abandono de propuestas éticas como expresión irrenunciable en la construcción de un nuevo proyecto de civilidad, que promueva el rescate de la moral pública; en los discursos e intervenciones se exalta la ilusión de cambio que, a la manera de espejismo, atrapa la voluntad de los adeptos y seguidores y se construye, finalmente, el mito de los dirigentes imprescindibles, “con sombrero de copa”, sin cuya presencia política el teatro no existe.

Tantas son las excusas ejecutadas en el ejercicio de la política, usadas con inteligente y mañosa experticia como pretexto para hacer y no hacer, o realizar en el futuro una obra, tomar la decisión sobre un acto administrativo o sacar avante un proyecto legislativo, que resulta apropiado recordar a un cura de aldea que nunca terminó la capilla de la iglesia.

Sostienen los fieles, que no han renunciado a sus creencias, que de haberlo hecho se habría quedado sin el pretexto de suplicar limosna (votos) para concluirla. Hasta pronto. Tiempos de cuaresma y meditación política.

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