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El viernes 2 mayo, 2008 a las 8:21 pm

ENTRE LA CAÑA Y EL LADRILLO

Dentro de la imparcialidad que debe caracterizar el ejercicio de comunicar desde que se nos dio la oportunidad de escribir nuestras notas a través de este semanario, hemos tratado de resaltar los hechos positivos pero también, hacer sugerencias que permitan mejorar en los casos que a nuestro juicio ameriten, acudiendo directamente a los actores y las fuentes. Hoy tocamos un tema de importancia toda vez que se trata de la conservación de nuestro medio ambiente. Pero para llegar al punto central recordemos algunos antecedentes de nuestra historia.

1851. HACIENDA LA BOLSA. Después de muchos años de opresión y esclavitud por parte de quienes para la época ejercieron estas prácticas inhumanas, surge una persona que en forma decidida pone punto final proclamando la abolición de la esclavitud. Se trata del entonces Presidente de los colombianos JOSE HILARIO LOPEZ. A partir de tan trascendental acto se inicia una nueva etapa, nuestros negros recientemente liberados se unen y crean el primer asentamiento de la región conocido con el nombre de LA CECILIA, ubicado a lado y lado de la Vía Bolivariana que hoy une a los municipios de Villa Rica y Caloto. Al no encontrar tierras fértiles para el cultivo de sus productos se desplazan hacia las riberas del río Cauca y allí conforman un segundo asentamiento conocido como EL CHORRO, bajo el liderazgo de JUAN BERNARDO BALANTA. Es entonces cuando se inicia la redención de un pueblo que venía de ser presa de un sistema opresor.

Cada familia se fue organizando y tomando una porción de tierra donde levantaban sus viviendas al tiempo que ejercían las tareas del campo, concretamente el cultivo de productos de pancoger. Gradualmente este sector se fue fortaleciendo al punto de volverse autosuficiente pues ya en las décadas de los 40 y 50 la región ocupaba el primer lugar en producción agrícola para la canasta familiar y un centro de acopio de los mercados regionales.

LA CAÑA. Para entonces la producción de la caña era representada en unas pocas matas que cada núcleo familiar cultivaba en su parcela y utilizaba para extraerle el guarapo con el cual endulzaban el café. Gradualmente van surgiendo agricultores con otra visión expandiéndose este cultivo en una forma progresiva. En comienzo aparecen trapiches paneleros como La Primitiva, El Arado, Periconegro, entre otros, los cuales procesaban el producto en molinos que funcionaban con el motor de un tractor o plantas diesel.

Comienza el desplazamiento del pequeño agricultor parea dar paso a este cultivo, las pequeñas parcelas se ven afectadas por los fungicidas que destruyen los cultivos y todo se viene a menos, se introduce al mercado un producto para acelerar la maduración de la caña que al ser aplicado a través de la aspersión aire-tierra quema todo lo que se encuentra a su alrededor. Es así como el cultivo de la caña se industrializa y van apareciendo los ingenios para la producción del azúcar como fueron el Ingenio Bengala, El Naranjo, La Cabaña, entre otros. Y como si fuera poco, recientemente se inicia la producción de ya conocido alcohol carburante producto derivado de la caña y para cuya producción es necesario aumentar los cultivos. Desaparecen los pequeños agricultores quienes ahora son obreros de estas empresas para trabajar en muchos de los casos en tierras que antes fueron suyas. La actividad que heredamos de nuestros antepasados se convierte en eso: parte del pasado, y todo esto ante la mirada tolerante de las autoridades de proteger no solo al pequeño agricultor sino también nuestro medio ambiental garantizando la supervivencia de la especie humana.

Y como si fuera poco terminar con una clase campesina, nuevamente esclavizada ahora por quienes industrializaron la tarea agrícola desviándola a otros objetivos, la clase campesina se ve obligada a emigrar a las ciudades y centros poblados engrosando los cinturones de miseria y aquí surge un nuevo fenómeno: la gran demanda de los productos para la construcción como son la teja, el ladrillo, y otros para lo cual se requiere de la tierra como insumo principal, es entonces cuando se ubican las grandes ladrilleras que absorben las pocas parcelas que quedaban convirtiendolas rápidamente en grandes socavones. Como dirían nuestro viejos. AL QUE NO QUIERE CALDO SE LE DAN…

En torno a este lucrativo negocio se han creado empresas rodantes o personas naturales encargadas de convencer al pequeño latifundista para que entregue su parcela con destino al cultivo de la caña o a la producción de material para la construcción en lo que podríamos llamar UN VIAJE SI RETORNO. La pregunta es: ¿qué están haciendo las autoridades ambientales que tienen pleno conocimiento del hecho?. ¿No será que es una nueva forma de hacernos esclavos?

Hoy desde este importante medio lanzó un S. O. S. para que quienes deben actuar lo hagan cuanto antes ya que las comunidades campesinas del Norte del Cauca nos encontramos ENTRE LA CAÑA Y EL LADRILLO.

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