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Entre Comillas

El martes 6 enero, 2009 a las 1:26 pm
«Como si lo anterior ya no fuera suficientemente denigrante, desde el Olimpo del Palacio de Nariño se envió una asesora presidencial a la plenaria con una lista en la que estaban todos los nombres de los congresistas con sus fotos y los puestos que tenían, para facilitar la faena.
Sí, cómo no, se trata de la misma funcionaria mencionada por Yidis en su caso ante la Fiscalía, pero que esta vez pudo deambular como Pedro por su casa como si se tratara de una congresista más.
Si tuviera que escoger una escena para ilustrar el estado crítico de la política y las instituciones en Colombia, escogería sin duda la que protagonizó esa noche el cuestionado ministro de Protección Social, Diego Palacios. Y la escojo porque dice mucho de un país que un ministro investigado por haber presuntamente comprado el voto de una congresista en la primera reelección, haya sido precisamente el más activo y el que más se empleó a fondo esa noche. Diego Palacios fue, sin duda, el que más arengó, al que más se le vio hablando con congresistas y el que más intentó ferrocarrilear el referendo reeleccionista el día en que en que la Cámara decidió ponerles whisky a los pocillos de café. Es como si el hecho de ser un ministro investigado por la Yidis-politica, en lugar de cohibirlo, le hubiera dado más autoridad y más confianza para cumplir tan histórica faena.
Por no hablar claro de la actitud amenazante del ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, hermano de un fiscal preso, acusado de pertenecer a la mafia. Al otro día de aprobado el referendo reeleccionista salió desafiante y con lentes oscuros a decir que el referendo había sido aprobado sin ningún vicio y que si el Congreso así lo deseaba, podía perfectamente cambiar la pregunta y permitir la reelección del Presidente para 2010.
Es decir, que el gobierno que él presidía podía hacer lo que le diera la gana porque el Congreso era un apéndice de los designios del Ubérrimo.
Un amigo suspicaz me sugirió que semejante desafío también podría ir dirigido a la Corte Constitucional, con la intención de notificarle cuáles eran los designios del César. Las últimas salidas del ministro Valencia Cossio me recuerdan una frase de Vito Corleone, que pronunciaba ante los ‘amigos’ que visitaba con la intención de cooptarlos: «Tengo una oferta que usted no puede rechazar».
Lo que sucedió esta semana en la Cámara demuestra que bajo este gobierno la división de poderes se está convirtiendo en una falacia y que las instituciones se han ido despedazando, como lo prueba el hecho de que sea el Presidente el que decida enviar a sus mensajeros para negociar con David Murcia desde la cárcel, en lugar de que sea la Fiscalía. Como me dijo un político en estos días que alguna vez fue uribista: «Nos estamos quedando sin instituciones con qué pelear contra las Farc».
Yo agregaría que no sólo eso nos está pasando. Estamos emprendiendo el camino que inician todos los países que terminan en dictaduras, situándonos incluso varios pasos más adelante que el propio Chávez, con el agravante de que este gobierno es un gobierno solapado que no se atreve a decir de frente que está usando el poder que le ha dado su popularidad para cambiar la ley en beneficio propio y para acabar con la vigencia del Estado de derecho».
De María Jimena Dussán en la revista Semana.
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