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En la incertidumbre

El jueves 6 octubre, 2016 a las 1:58 pm
Diógenes Díaz Carabalí

Diógenes Díaz Carabalí

Después de decir No al plebiscito en las elecciones del domingo anterior, lo que avizora el país es una incertidumbre sin precedentes, no muy diferente a si hubiera triunfado el Sí por la polarización que esta decisión ocasiona. La vida del país parece circular por la presencia de las FARC. En por lo menos veinte años, la elección presidencial ha girado en torno a la postura de los candidatos frente a esta organización, en pro o en contra de un acuerdo negociado, situación que ha ocupado durante la reciente historia nacional el encabezado de la agenda nacional.

La decisión frente al plebiscito no fue clara. Una minoría, que no se puede llamar guerrerista, tenía reservas valederas frente a los acuerdos y el estado arrogante, más preocupado por subir índices de popularidad, no las tuvo en cuenta a tiempo, no escuchó reparos frente a la propiedad privada, frente a la justicia, frente al modelo de familia principales aspectos en discusión por los acuerdos.

Esos reparos eran de una minoría, pero de todos modos reparos. Y dejamos la decisión en manos de una minoría. Apenas el 40% de la población acudió a las urnas y un poco más del 20% dijo No a los acuerdos. El sesenta por ciento o no les interesa lo que pase con las FARC, o no entienden el proceso, o se llenaron de triunfalismo con la seguridad de que de todas maneras el acuerdo iba a ser aplicado. Por otro lado, escuchando voces, la población no entendió el acuerdo: Obispos decían que había intrínseca una amenaza porque iban a llevar al tribunal especial a quienes tenían culpa en el origen del conflicto y quién sabe por qué se sintieron aludidos, pastores evangélicos sostenían que era un acuerdo diabólico por haberse desarrollado en Cuba, fanáticos interpretaron las menciones de los LGTBI como un atentado a la familia y aplicación de la ideología de género.

Rodeó también al plebiscito la anunciada reforma tributaria que de todas maneras se va a llevar a término y el temor a que miembros de la guerrilla vayan al congreso. El rechazo a que los guerrilleros reciban una remuneración, y algo muy importante, difundido en forma soterrada por los miembros de las fuerzas militares y de policía, de que iban a perder en sus condiciones de trabajo, que perderían sus empleos pensando que el país ya no los necesita si se acaba la guerra.

Fue una salida en falso del estado pues no triunfó el Sí ni el No. Actuaron complejos de unos políticos que se llenan de arrogancia cuando hubo mucho tiempo, por lo menos seis años, para escuchar a todos los sectores, en aras a construir un acuerdo que vinculara a todos los colombianos. Pero algo determinante en la decisión del domingo ha sido la ignorancia de nuestros conciudadanos que desde luego no es su culpa: el analfabetismo impidió que el ciudadano tomara una decisión apropiada. Fue la falta de capacidad de leer la que nos sume en esta incertidumbre. No es sino ir por la calle y parar la oreja para saber cuánta pendejada se decía del plebiscito. No fue lo sostenido por Uribe, ni por los curas, ni por los pastores, lo que determinó el resultado del domingo; fue la desinformación y los mitos los que impidieron una decisión responsable frente a la paz. Ahora, como diría alguien, “Nos vemos dentro de diez mil muertos”, porque lo probable es siga la matanza.

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