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«En este pueblo no hay ladrones»

El domingo 4 agosto, 2013 a las 2:49 pm
Marco Antonio Valencia Calle

Marco Antonio Valencia Calle

Una niña de nueve años maneja una moto. Va orgullosa, sonriente, feliz. Pero no es la única. Muchos niños del pueblo conducen moto. Pienso que deberían meter a la cárcel a sus padres… y más, darles cadena perpetua. Dejar conducir a un menor de edad, es igual o peor que permitirle al más borracho de la fiesta que conduzca. Muchos padres, en muchos pueblos, son inconscientes, no piensan más allá de sus narices, se dejan mangonear.

Es viernes en el pueblo, y la calle central es de un alboroto sin-igual. Todo es una sola taberna descontrolada. Una feria de ruidos, de gritones, de borrachos, de menores que se llenan de cerveza y aguardiente como hace pocos días se llenaban de leche materna. Niños y niñas tomando trago como desesperados porque no hay nada más que hacer en este pueblo, y se lo quieren beber todo de una.

Llega un bus, y de la nada aparece un montón de personas con un platón de frutas o de comida para vender. Mucha gente vive del rebusque, de las reventas. No hay más fuente de empleo. Revoletear como revendedor de los buses es la única esperanza para no volver al campo, para no morir de hambre.

Una niña de trece o catorce años meciendo un carrito de bebé. Esta aburrida a más no poder. Se le ve la desesperación por encima. Es madre soltera como otro montón de niñas bonitas, inteligentes y capaces que son mamás a destiempo, que no comprenden todavía cómo fue que se embarazaron. Nadie les enseñó que era preferible ponerse colorada un rato comprando un condón que una vida pálida con un crio no deseado. Por aquí, el hombre preña, abandona la niña, a los abuelos les toca criar a los bebés.

Dos niños pelean en la escuela. La profesora los separa. El uno vive con la abuela y no hay caso llamarla porque la abuela dice que a ella no le obedece, y que no lo puede castigar porque no es hijo suyo. La mitad de niños de este pueblo los malcrían los abuelos enfermos y pobres y analfabetas. Son hijos de madres solteras que los dejan abandonados en casas de sus padres.

En el puesto de salud no hay médico, ni siquiera una enfermera. Una mujer que ostenta el título de técnica en “trabajo social”, inyecta, formula, hace de sicóloga, diagnostica, remite, da consuelo, reparte medicamentos, hace lo que puede por la salud de su gente. A veces llega un médico, pero solo a veces.

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