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EN BUENA HORA

El jueves 12 mayo, 2016 a las 7:22 pm

Phánor Terán - Gestor Cultural - Tunía - CaucaPor Phánor Terán / En Morales, hace tiempo, existía una Casa de la Cultura, como entidad autónoma, valga decir, con su propio presupuesto, su junta directiva, personería y patrimonio que incluía entre otras una edificación para su funcionamiento y actividades.

Y también hace tiempo, no hace mucho valga decir, el Honorable Concejo Municipal había creado una Escuela de Artes, para la capacitación artística de la juventud.

Pero, como tanta dicha no viene sola, un buen día, para efectos de concentrar las decisiones, el ordenamiento del gasto y el manejo discrecional del presupuesto, un buen alcalde, cuyo nombre no quiero mencionar ni recordar, se inventó de la noche a la mañana una reforma administrativa que echaba por la borda, lo que en principio podría llamarse una incipiente política cultural pública.

Ahora, nunca es tarde, por supuesto nuevos vientos soplan para rescatar lo perdido. Con tal que el dinero que se vaya a invertir en hacer un edificio para la Escuela de Artes, no termine siendo un convidado de piedra y un elefante más de los tantos que tenemos por doquier.

Puesto que si se trata de construir una edificación para las Artes, habrá que ver cuáles serán las condiciones técnicas para su existencia, considerando, con beneficio de duda, que tal cosa sea la decisión más acertada.

Un edificio para las Artes. ¿Tendrá camerinos? ¿Espacio escénico generoso para que en él tenga cabida: un grupo de danzas, un grupo de música, un grupo de teatro? ¿Espacio donde el espectador pueda apreciar? ¿donde el artista pueda explayar sus dotes? Bien sabido es que en los tales salones culturales comunales no cabe sino el pastor y el atril para su libro sagrado. O en el peor de los casos, los asientos para que se apoltrone la junta comunal. Todos hechos por la mano experta del maestro constructor de ocasión.

En todo caso, alegrémonos, y es de esperar que así como se honra el cemento y el ladrillo, se aprecien los artistas que andan lagarteando un pequeño proyecto para sobreaguar la indigencia que los arropa.

Y se puede aspirar que se reviva, con justeza y plática, la autonomía de la Casa de la Cultura.

Así sea.

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