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En átomos volando

El lunes 11 mayo, 2020 a las 10:18 pm
En átomos volando
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En átomos volando

Hace 71 años, una semana después del día de la madre, el jueves 26 de mayo de 1949 un grupo de 18 ansiosos escaladores del Liceo Nacional Alejandro de Humboldt adscrito a la Universidad del Cauca, sordos ante las advertencias de los bufidos del Puracé y movidos por su arrojo juvenil, marcharon de cara a la cima a desafiar el imponente volcán.

La tragedia sucedió un año después del asesinato del caudillo Liberal Jorge Eliecer Gaitán. En el Cauca había sido relevado del cargo de gobernador el liberal Edgar Simmonnds Pardo y nombrado Guillermo De Angulo connotado dirigente Conservador; motivo por el cual el representante a la Cámara Víctor Mosquera Chaux elevó una airada protesta ante el presidente Mariano Ospina Pérez, desde entonces se recrudece la violencia en el Cauca y surge la FARC como movimiento armado en Riochiquito Inzá, bajo la comandancia de Manuel Marulanda Vélez “Tirofijo”.

La caminata inició a las seis de la mañana desde la mina de azufre entre pajonales dorados, frailejones pubescentes y pequeños arbustos. Emprendieron el ascenso con sus pechos henchidos de emoción, animados por risotadas y chacotas frecuentes con sus miradas fijas en el cráter dispuestos a irrumpir la furia del coloso, avanzaron de cara al cráter mientras el verde se hacía avaro y el sendero se tornaba agreste.

A media mañana habían superado las empinadas faldas, hacía mucho frío y el viento gélido soplaba con fuerza cortante y acuchilladora. Ya en los arenales se hacía difícil caminar y respirar, las piedras sueltas se deslizaban hacia el precipicio y el volcán con sus fauces humeantes de más de ochocientos metros de diámetro, no dejaba de rugir para disuadir la intrepidez de los muchachos.

Con su porfiada testarudez los jóvenes dominaron la altura, sin dejarse amilanar por los estrepitosos tremores del volcán, poseídos por el vértigo, empezaron a gritarle insultos e improperios. Uno de los muchachos muy cerca del cráter le gritó: “explotá hijueputa si sos verraco”. De repente el coloso los fulminó con una lluvia de piedras y lava hirviente, los desgajó por los abismos como ángeles encendidos dejando esparcidas tiras de piel, cadáveres de cosas, hilachas de ropa y rezagos de avío a medio sepultar entre las rocas humeantes, cuyas cenizas se esparcieron por dos semanas sobre las techumbres añosas de Popayán.

El rescate fue impresionante, los socorristas aprovecharon pedazos de arbustos incinerados para simular los restos, entre los despojos se encontró un reloj de pulso cuyas manecillas se habían detenido justo en la hora trágica, el desfile fúnebre mostró un drama conmovedor que aún se recuerda. Los cuerpos sin vida transitaron por el pueblo de Puracé antes de seguir a Popayán en una caravana de sirenas ululantes que dejó muda de dolor a la ciudad y enlutados los hogares de los bravos escaladores. La destructora erupción inmoló 16 estudiantes. Sólo se salvaron Alberto Ávila Ordóñez, quien murió hace diez años y Gerardo Montealegre prestigioso y octogenario ingeniero que sobrevive. Desde esa fecha el volcán ha permanecido sin tremores pero activo.

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