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En alerta amarilla el volcán Puracé

El lunes 29 agosto, 2022 a las 4:45 pm
En alerta amarilla el volcán Puracé

En alerta amarilla el volcán Puracé.

Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas.

El volcán Puracé, montaña de fuego en el dialecto indígena, es de los más activos en Colombia y hace parte de los 15 cráteres de la Cadena Volcánica de los Coconucos, siendo el más joven y septentrional de ellos.

Según comunicado enviado al gobernador del Cauca, Elías Larrahondo y a la comunidad en general, emitido por el Servicio Geológico Colombiano, el miércoles 24 de agosto, recomienda permanecer alerta ante el incremento de la actividad del volcán, dado que la actividad del volcán se mantiene en nivel amarillo, registrándo un incremento importante de señales sísmicas asociadas con procesos de fracturamiento de roca y dinámica de fluidos al interior de los conductos volcánicos, lo que incrementa el riesgo de erupción, según lo afirma la directora del Observatorio Geológico en la ciudad de Popayán, Adriana Agudelo.

Una repentina erupción volcánica, podría devastar la mina de Azufre de EMICAUCA, la población de Puracé y las veredas Tabío, Campamento, Cuaré y Pululó, entre otras. La población de Paletará y la ciudad de Popayán podrían verse afectadas por eventuales flujos de lodo o el aumento del caudal en la quebrada Río Blanco y el río Cauca. Los piroclastos de caída por su incandescencia, constituyen la amenaza principal para las poblaciones de Coconuco, Poblazón y Timbío.

Una de las erupciones de mayor impacto, fue publicada en la edición del 7 de noviembre de 1869, por The New York Times, donde quedó registrado el evento eruptivo del 4 de octubre de 1849, cuando, siendo la 2:30 de la mañana, la montaña de fuego, dejó volar por los cielos su vértice a manera de cúpula piramidal. Ese fatídico día, el cono volcánico, en átomos volando, cubrió de cenizas haciendo avaro el verde de las montañas aledañas;  el volcán desprendiendo sus fundidas nieves, las que descendieron en forma de alud, mezcladas con rocas derretidas: las aldeas vecinas fueron destruidas, arropadas por el fango y hasta la ciudad de Popayán,  poco después de la hora de la erupción, sufrió una gran avalancha, el agua del río Cauca subió más de cinco metros, la rápida corriente provocó una empalizada agresiva, densamente cubierta por cadáveres de cosas, cuerpos mutilados y animales asolados por la infausta tragedia.

A las 11 de la mañana del 4 de octubre, el río Cauca se secó, por un represamiento en el cañón de Vueltas de Patico. El gobernador del Cauca, Andrés Cerón Serrano, temiendo una creciente mayor, ordenó a los habitantes de los pueblos ribereños, trasladarse con sus ganados y pertenencias a las tierras altas, mientras el Puracé con su cráter flamante, permanecía refulgente y amenazante rigor con bramidos espeluznantes, que se escuchaban de tiempo en tiempo.

Esa noche de terror, el cataclismo aterrorizó a los habitantes de Popayán; el Puracé se llenó de luces por los piroclastos incandescentes, al siguiente día, por primera vez se vio la cúspide transformada en un cono truncado con su penacho de humo que por las noches se hacía luminoso y arrojaba cenizas, enlutando la ciudad con montículos profusos que frenaban el andar de los transeúntes por las cenicientas calles de Popayán.

Dos años después, se logró la reconstrucción de las poblaciones afectadas, con el apoyo del gobierno nacional, gracias a los buenos oficios de los líderes políticos de la época: Julián Trujillo Largacha y Tomás Cipriano de Mosquera, quien tenía su hacienda en Coconuco. En el año 1885, ocurrió otra erupción, menos letal, la que también rebajó el cono, perdiendo en los dos eventos eruptivos, unos 500 metros de altura.

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