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EMILY DICKINSON CONTADA POR SI MISMA

El lunes 17 abril, 2017 a las 12:22 pm
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.

EMILY DICKINSON

https://es.pinterest.com/explore/emily-dickinson/

«Si yo pudiera hacer parar de respirar
a un corazón, no habría vivido en vano«.
E.D.

De mis viajes me quedan unos cuantos libros y muchos recuerdos vívidos. Éstos los guardo y los disfruto en silencio. Los libros me acompañan y son unos testigos de mundos y autores.

De Argentina guardo en mi corazón tantos lugares, eventos, comidas. En Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, su pampa y Ríos. A tantas librerías entré para preguntar por tal o cual libro y casi siempre lo encontré. Pero uno me ha significado un potosí agarrarlo sin tener que buscarlo: Emily Dickinson. Cartas poéticas e íntimas (1859-1886) en la traducción, introducción y notas de Margarita Ardanaz, profesora de Filología de la Universidad Complutense de Madrid con edición de Grijalbo-Mondadori.1996.

Margarita presenta su prosa, -las cartas- en unas discretas pinceladas. No se anticipa a dar un concepto absoluto y tajante. Tan solo se atreve a presentar al lector el estilo que la Dama de blanco utilizó tanto en poesía como en su lenguaje epistolar. Deja que ella misma nos deje leer la ruta y la veta que edificó con su ingenio, puño y letra.

Así Margarita crea un ambiente propicio para que el lector se aventure y se atreva a seguir paso a paso por la senda que transitó la escritora de Amherst en su cuartito mágico donde fabricó mil poemas y otras tantas cartas que también son poesía.

Tanto los versos, sobrios, cortos, sin comas ni puntos, con muchas mayúsculas y algunos guiones estratégicos, como la escritura de sus cartas, también sobrias y directas sobre su intención y su contemplación profunda, a manera de mirada cósmica nos van perfilando la solidez y peso de su verbo.

La compilación de las cartas que envió a sus editores, amigos y familiares tienen el mismo tono. No cambió el curso ni la intencionalidad de lo que escribía a unos y a otros. Su finalidad fue la misma. No hizo separación de intenciones o mermó intensidad o vuelo al escribir para escritores o entendidos en la forma y significado o a simples amigos corrientes o familiares. En cada carta vertió su genio y su estilo.

«Señor Higginson: ¿Está usted demasiado ocupado para decirme si mi verso está vivo? La Mente está tan cerca de sí misma -que no ve claramente-y no tengo a nadie a quien preguntar- No es necesario pedirle -que no me traicione- pues el Honor es su propia prenda-» Dice en su primera carta conocida. Qué concisión y profundidad, qué sencillez y ausencia de afectación. No hay digresiones ni lenguaje ampuloso o con distractores. Parece un idioma pulido a fuerza de cincel.

Para Emily escribir era un oficio sagrado. Lo hacía como si estuviera orando o como si estuviera concursando para un jurado de grado o concurso. Así fue que llegó a ser la poeta fundamental de la literatura norteamericana. En otra carta le respondía al señor Higginson: «Gracias por la cirugía -no fue tan dolorosa como yo lo suponía- Le envío otros -tal como me pedía- aunque puede que no sean muy distintos – Tengo un terror -desde septiembre- que no podría decírselo a nadie- y por eso canto- como hace el Niño al pie del Cementerio – porque tengo miedo -» El miedo es a escribir fruslerías o sin estética y profundidad.

16-04-17 Cinco meses después 10:46 a.m.

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