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Emergentes

El jueves 24 marzo, 2016 a las 5:24 pm
gloria cepeda vargas

Gloria Cepeda Vargas

No solo los humanos somos víctimas de calificativos disonantes. También lo son las palabras. Me refiero al vocablo emergentes, término polisílabo, átono y como sus congéneres, indefenso ante el primitivismo de nosotros, los mono sabios de la especie.

Más de una vez he oído designar, con cierto campanilleo jactancioso, a los nuevos ciudadanos que desean codearse o desplazar a los gurúes de las viejas camarillas económicas, sociales y políticas. Éstos, haciendo alarde de clasismo y sobre todo de ignorancia acerca del uso semántico que demanda la palabra en cuestión, intentan descalificarlos designándolos como “clases emergentes”, lo que a su manera de discernir, significa “igualados de quinta” o execrables “pata en el suelo” que con osadía pretenden abandonar el substrato que les corresponde: las tinieblas exteriores a que los condenaron –siglos ha- acaecimientos tan vergonzosos como ridículos.

Sucede que llevamos a cuestas un alzeimer hasta ahora incurable. El simple sentido común nos ilustra al respecto: absolutamente todos los componentes de la tribu humana pertenecemos a la clase emergente. Unos emergieron primero y otros lo hicieron después de acuerdo a la magnitud de las agallas y lo propicio de las circunstancias.

Emergentes fueron Napoleón, los Borgia, los Romanov, los Windsor, los Habsburgo, los Kennedy, los filibusteros de horca y cuchillo, Onassis, Bolívar, Juana Inés de la Cruz, los Templarios, los cruzados, nuestras hoy bilingües dinastías políticas. ¿Y qué decir de la capacidad trepadora de nuestros tatarabuelos españoles, que a punta de chapoteos y crueldades sin nombre, se alzaron desde un analfabetismo casi ontológico al rango de ricos propietarios, con estatua incluida? Pablo Escobar corona su rebote y Nairo lo pedalea y ni hablar de las reinas de belleza o los subalternos de toda escala que en el mundo han sido.

Emerger no es una patología ni un pecado. Esto forma parte del proceso evolutivo de la especie. Lo que sucede es que en unos se llama superación y en otros flotación. Sería deseable que por lo menos intentáramos emerger en el mar del conocimiento y el respeto por el otro. Ésa representaría la única manera de seguir nadando con tranquilidad hasta que la muerte nos iguale. Que así sea para bien de la humanidad y de la pureza de esta lengua tan maltratada y sobre todo tan aguantadora.

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