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El terreno está despejado para el 2023

El martes 17 enero, 2023 a las 8:54 am
El terreno está despejado para el 2023
El terreno está despejado para el 2023

El terreno está despejado para el 2023

Fernando Dorado Gómez
El terreno está despejado para el 2023
Por: Fernando Dorado Gómez

Después de 5 meses de gobierno del Pacto Histórico y de Gustavo Petro, y de cara al año que recién arranca (2023), encontramos diversas posiciones políticas respecto del futuro de la administración progresista. Vemos que contrario a lo ocurrido con Boric en Chile o con Castillo en Perú, Petro mantiene el apoyo del grueso de las fuerzas que le votaron en 2022, gana algunos sectores nuevos y logra debilitar (neutralizar) a los opositores más peligrosos.

No obstante, revisando lo escrito por diversos analistas políticos, tanto amigos y cercanos de Petro como de comentaristas expectantes, opositores camuflados y contradictores radicales y obsesivos (de izquierda y de derecha), podemos construir la siguiente lista de posiciones:

Apoyo total a las políticas de Petro. Es importante diferenciar. Hay quienes apoyan acríticamente, o sea, intentan ocultar errores y deficiencias propias del arranque de un gobierno progresista (totalmente explicables) y quienes apoyan totalmente al gobierno, pero con espíritu crítico. Los segundos siempre serán más confiables que los primeros; es materia comprobada.

Apoyo parcial al gobierno del Pacto Histórico. Algunos sectores sociales y políticos apoyan por interés particular, lograr leyes específicas, por burocracia y contratación, y/o cálculos políticos. Hay de todo como en botica y, por ahora, muchos “van en coche”.

Apoyo vacilante y en merma a Petro. En este grupo se destacan personas que aspiraban de entrada a cambios estructurales. Esperaban rompimientos tajantes con el imperio estadounidense, con la oligarquía financiera y con los partidos tradicionales, y el impulso inmediato de políticas anti-extractivitas frente a la producción de combustibles fósiles. En poco tiempo se sienten frustrados y marchan hacia una posición extrema. No tienen en cuenta la correlación de fuerzas.  Allí se pueden ubicar algunos dirigentes de grupos armados que recurren a esos argumentos para mantenerse en su lógica y dinámica “insurrecta” y violenta.

Oposición camuflada y vergonzante. Están representados por quienes reconocen que Petro ha respetado la institucionalidad democrática, pero están convencidos que es un “socialista”, un “subversivo” y que tiene una agenda secreta para imponer una “dictadura de izquierda”. Alaban algunas realizaciones, pero le apuestan a que la “gran coalición” de gobierno se desbarate o debilite durante los debates de las reformas que se vienen (pensional, laboral, de la salud) y, en consecuencia, desean que le vaya mal en el resto de período de gobierno.  

Oposición total y abierta a Petro. Es en la actualidad un pequeño grupo liderado por los sectores más “uribistas” del uribismo (Paloma, la Cabal, Miguel Uribe), de Cambio Radical y del “laureanismo” (MSN), alimentado por el apoyo de importantes sectores económicos, generales del ejército (activos y no) y los medios de comunicación. Están a la cacería de cualquier error o falla para criticar y debilitar al gobierno, intentan mostrarse como los “dueños de la moral”, “anti-corruptos” y “anti-clientelistas”, y sueñan con un escenario parecido al de Perú. Se hacen ilusiones con cualquier tipo de protesta social y se oponen a cualquier iniciativa. Esperan su momento.

Clases sociales, concepciones políticas e intereses concretos

Esas diferentes posiciones se corresponden con intereses de clase y concepciones políticas que se han construido a lo largo de décadas. Decíamos en anteriores escritos que hasta sectores de la oligarquía financiera “juegan” a gobernar con el Pacto Histórico, dado que son conscientes de la crisis de su modelo económico dependiente de la producción y exportación de materias primas (petróleo, carbón, coca, café, etc.) y, además, tienen intereses –por ejemplo– en la reintegración de la economía venezolana a “occidente” y la apertura de su mercado en la región.

Igualmente, diversos sectores de las burguesías emergentes de origen legal e ilegal, están interesados en controlar el Estado para beneficiar sus intereses. Unos tienen carácter productivo, otros de tipo burocrático (puestos y contratos), y en general, buscan participar de la explotación de los recursos naturales y de la mano de obra colombiana. Anhelan también desmontar los monopolios y oligopolios que son un obstáculo para su crecimiento y desarrollo, y por ello, no sólo ubican dirigentes dentro del Pacto Histórico, sino que intentan hegemonizar el proceso.

Las llamadas “clases medias” y los “profesionales precariados” están a la expectativa. Aspiran a que Petro cumpla con su propuesta progresista, pero sin afectar la esencia de las instituciones democráticas. La reindustrialización de la economía; la democratización de la tierra, del crédito y del conocimiento; y el cambio de la matriz energética; son los temas centrales para crear empleo y riqueza. Un punto polémico y crítico es destinar el grueso de los recursos estatales para subsidiar a los “sectores vulnerables” como condición para construir verdadera paz, y en esa materia habrá que ser muy pedagógico, incluyente y no dejarse llevar a extremos asistencialistas.

La correlación de fuerzas para “ir más allá”.

Quienes no idealizamos el “aparato de gobierno” sabemos que los cambios que rompen con el modelo económico imperante requieren de mayor apoyo popular al obtenido en las elecciones de 2022 (25% de la población votante). Si se pretende ir “más allá” sin modificar la correlación de fuerzas existente y sin lograr mayores avances en el contexto regional, continental y global, ello se constituiría en una verdadera aventura. Tal hecho generaría condiciones para que la oligarquía y el imperio estadounidense aprovechen esos vacíos y debilidades para recuperar el control del “aparato de gobierno”, generando todo tipo de tensiones y conflictos.

Para los amigos (as) de otros países es importante enterarlos de que el Ejército en Colombia tiene fuertes influencias derecho-fascistas, las Cortes y Tribunales están manos de jueces y magistrados conservadores, y el Gran Capital domina la economía en forma casi absoluta, incluyendo las economías criminales. Y, además, que nos enfrentamos a unas condiciones globales de recesión económica, inflación inducida desde el exterior, devaluación de nuestras monedas nacionales, lo que genera un ambiente de inconformidad muy grande que –en algún momento– puede ser manipulado por las derechas golpistas para generar desestabilización.

Por ello, la dirigencia social y política debe ser consciente de esa realidad. Mientras desde el gobierno se avanza con paciencia y buen pulso en las reformas necesarias (pensional, laboral y de la salud), y se logran implementar algunos cambios parciales a favor de nuestro pueblo (ayudas a mujeres cabeza de familia, a víctimas del conflicto y de desastres “naturales”, a adultos mayores, etc.), es fundamental dedicarnos a fortalecer tanto el movimiento popular como las corrientes democráticas dentro de la sociedad colombiana. Sin aventuras, sin afanes, sin cortoplacismos.

También se debe destacar que en la actualidad se implementan (de hecho y a cargo de comunidades organizadas) algunos cambios en el campo de la producción agroecológica, la matriz energética, nuevas relaciones con la naturaleza, y gran resistencia a mega-proyectos extractivistas. Y aunque sean limitados y parciales, están en pleno desarrollo en muchas regiones de Colombia. Además, dichos esfuerzos pueden ser apoyados por el gobierno central, regionales y locales, sin necesidad de aprobar mayores normas o de hacer grandes modificaciones constitucionales o legales.

Y es allí, donde debemos centrar nuestros esfuerzos. Las tareas para 2023 están claras y podemos llevarlas a cabo con mucha Unidad y Democracia: a) Apoyar al gobierno nacional con autonomía y mirada crítica-positiva; b) Fortalecer los procesos de cambio “desde abajo” en lo productivo, cultural y organizativo; c) Acceder a instancias de gobierno local y regional (alcaldías y gobernaciones) para avanzar desde los territorios; y d) No caer en provocaciones de las derechas golpistas, de sectores sociales grupistas y sectarios, o de grupos armados impacientes y acelerados.

Es evidente que el camino está despejado, habrá tropiezos y dificultades, pero es posible avanzar y acumular fuerzas. Por arriba, desde abajo, y desde los territorios. Con optimismo democrático.

Nota: En el tema de la “paz total” también hay que ir despacio. Del afán solo queda el cansancio.

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