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El sueño colombiano también existe

El miércoles 27 noviembre, 2019 a las 1:36 pm
El sueño colombiano también existe
Imagen de referencia: http://bit.ly/37BHeHc

Porque el sueño colombiano también existe

El sueño colombiano también existe
Victoria Paz Ablanque

Sin duda, la mayoría queremos ver brillar nuestra patria, los que vivimos en Colombia, los que estamos lejos, los que vamos y volvemos. Todos tenemos derecho a soñar y a creer que las cosas pueden y deben mejorar.

Necesitamos un respiro, sin caer en el hiperoptimismo que elude nuestras realidades; pero tampoco creyendo que no tenemos salida.

Colombia es un país maravilloso que resiste, que no se rinde, que cae y se levanta de nuevo. Pero sobretodo, que enamora; que enamora con su olor a café, con el verde de sus montañas, con la inmensidad de sus mares y ríos, con su clima, con su naturaleza, con su música.

Aquí, un breve tributo a los que sin tener el privilegio de ser colombianos, por diferentes razones pisaron nuestro suelo y Colombia los abrazó con amor infinito.

Imposible no comenzar con una mujer argentina que detrás de un amor llegó en barco al puerto de Buenaventura en 1958, sin saber que su verdadero amor sería esta patria que la acogería como hija suya, la reina de las tablas, como conocimos a Fanny Mickey, quien creyó en el talento colombiano y con enorme pasión fundó uno de los eventos culturales más trascendentales del mundo, el Festival Iberoamericano de Teatro.

El festival tuvo su primera función el 25 de marzo de 1988 y el 3 de abril del mismo año, retumbaría la tribuna cuando los colombianos gritamos al unísono “Queremos Paz”, durante una dramatización de uno de los episodios más tristes de nuestra historia, la Toma del Palacio de Justicia, que había ocurrido tres años antes.

España nos regaló a un niño grande, a Fernando González Pacheco, quien llegó a Colombia con su familia a la edad de cuatro años, huyendo de la guerra civil, como tantas familias de esa época y pese a que Colombia no fue el principal destino de acogida de los exiliados españoles, su magnetismo hizo que muchos se quedaran aquí. Pacheco inmortalizó en sus charlas, entrevistas con Luis Carlos Galán, Jaime Garzón y Carlos Pizarro; lo vimos en Animalandia, el Programa del Millón, Quiere Cacao y Compre la Orquesta. Antes de morir manifestó: “Yo tenía la esperanza y la he tenido hace varios años de decirle a los colombianos que en un cumpleaños mío me hagan el máximo regalo que se le puede hacer a este país, la paz”.

En el arte de las musas, el italiano Oreste Sindici, llegó a Colombia para quedarse, componiendo, entre otras, la música de nuestro himno nacional. Muchos años más tarde, el cubano Alfredo de la Fe, fábrica y patenta su propio violín y lo revoluciona incursionándolo en la música tropical colombiana.

Más recientemente el salsero Neoyorkino Richie Rey, el español Miguel Bosé y los venezolanos Nelson Henríquez, Pastor López y Ricardo Montaner.

Ni hablar de nuestras pantallas, que han estado inundadas de artistas extranjeros: el italiano Salvo Basile, el cubano Jorge Cao, los españoles Helios Fernández y Fausto Cabrera; el costarricense José Luis Paniagua; los chilenos Karina Laverde, Manuel Olivare más conocido como el payaso Miky; los argentinos Delfina Guido, Alberto León Jaramillo, Julio Cesar Luna, Piero, Cesar Escola, Geraldine Zivic, Lorena Meritano, la alemana Jennifer Steffens, el parisino Patrick Delmas y muchísimos más.

Colombia ha sido y sigue siendo refugio, en tiempos recientes, para millones de venezolanos, pero a finales de los años treinta, de Europa llegaron muchos huyendo de la Alemania nazi y de la España franquista.

Alejandro Obregón, un español que a los seis años de edad llega con sus padres a Barranquilla, pronto regresa a Europa, pero tras vivir entre España, Inglaterra, Francia y Estados Unidos, decide que su hogar definitivo sería Colombia. Igualmente Juan Antonio Roda, otro español que se instala en Colombia y se catapulta como uno de los grandes pintores del arte abstracto. El arquitecto francés Rogelio Salmona llega en 1931 pero en ocasión del Bogotazo vuelve a Francia por diez años, tras los cuales regresa a Colombia y construye entre otros, el edificio de postgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional y la biblioteca Virgilio Barco.

Lo mismo ocurriría con quienes huían del nacionalsocialismo de Hitler; entre muchos otros, el alemán Guillermo Wiedemann, llega a Buenaventura en 1939 y se enamora del ambiente tropical y afro que fue fuente de inspiración de sus obras; el austriaco Gerardo Reichel Dolmatoff, con importantes investigaciones etnológicas y arqueológicas, Leopold Siegfried Rother, arquitecto urbanista de origen judío y la escultora Nicole Sivickas, lituana radicada en Colombia desde 1950, madre del reconocido político y docente Antanas Mockus.

Sin duda Colombia inspira, con sus curvas, con su sabor y hasta con su locura, por ello, no es raro encontrar numerosos extranjeros muy colombianos.

En fin, en cualquier sector de nuestra sociedad y en todas las regiones de nuestra geografía, hay un extranjero inmensamente enamorado de Colombia.

Seguramente ustedes están pensando en alguien que lastimosamente se me pasó por alto, así como no me cabe la menor duda que conocen a algún extranjero feliz en nuestra patria.

Solo les dejo una reflexión, con bastante nostalgia: somos el dorado, somos realismo mágico, somos mar de siete colores, somos cultura, somos café, somos naturaleza, somos esmeraldas, somos gastronomía, somos magia, somos megadiversidad, somos resistencia, pero… ¿cuándo seremos paz?, sin duda cuando entendamos que todos somos hermanos y cuando amemos a Colombia como tantos que sin ser sus hijos la han amado.

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