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Jueves, 1 de octubre de 2020. Última actualización: Hoy

El martes 27 mayo, 2008 a las 3:47 pm

El show de la política

POR GUIDO ENRIQUEZ RUIZ

El término política viene de la palabra griega “polis” que designa la ciudad-estado, característica de la Grecia clásica de hace más de dos mil años. Era la polis la unión de las familias y clanes constitutiva, en Occidente, de la primera civilización o unión de usos, costumbres, conocimientos y normas bajo una autoridad. Desde antiguo se definió la política como “arte de gobernar”, es decir, según el viejo Aristóteles (384-322 a. J. C. ) de “procurar el bien común”. Incontables son los vaivenes que ha tenido la política a través de la historia; ordinariamente ha favorecido a los gobernantes, a los que se alzan con el poder, a los tiranos, a los oligarcas, a los plutócratas, a los vividores y a sus grupos, pero rara vez al pueblo raso que, en último término, es el que sostiene a los gobernantes y a sus propios explotadores; pero sigue siendo el “arte de gobernar”, sin importar el modo. En los últimos tiempos en Colombia se ha convertido en una serie de shows, o espectáculos faranduleros, merced a la poca seriedad de nuestros medios de comunicación, lograda a propósito, pues su inmensa mayoría está en poder de quienes pretenden dar al pueblo “pan y circo”, y especialmente el último, aprovechando la gran ignorancia de nuestra gentes y su casi nula preparación política. Ejemplo de lo afirmado son, mencionando sólo algunos casos, los shows del “Proceso 8.000”, del “Despeje del Caguán”, de la “Desmovilización de los paramilitares”, de los “Secuestrados” (especialmente de Ingrid Betancur), de la “Extradición de los jefes paramilitares”, de Uribe, de Raúl Reyes, de Chávez, de Correa, de Sarkozy, del primo de Uribe, del “Choque de trenes con la Corte”, de Yidis Medina, de Teodolindo…, shows a los que se les saca un gran provecho económico y político por parte de quienes los promueven con un fondo impresionante de palabrería y de imágenes sensacionales para que, al fin, todo quede sin que se sepa a ciencia cierta que pasó realmente en cada caso. Una cantidad de estas cosas les sirve a los dueños del poder para tapar el mal que están haciendo o permitiendo que se haga, por ejemplo, el deterioro del sistema de salud, el perjuicio a la educación, el alza inmoderada en los servicios, en la gasolina, en la canasta familiar, la deficiencia de la justicia que es alarmante, el incremento de la delincuencia, la persecución a los que luchan por los derechos humanos y otras iniquidades. Estos shows producen irreflexión por parte de la gente que, desgraciadamente, les suele creer más a los faranduleros y charlatanes que a quienes buscan descubrirle la verdad. Y así el show sigue a favor de unos pocos y en perjuicio de la mayoría, pero la política sigue siendo “el arte de gobernar”, se haga bien o se haga mal. Ojalá fuera verdad el adagio que dice: “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.

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