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El sentido de lo humano en la obra de Matilde Espinosa

El martes 25 mayo, 2021 a las 12:42 pm

El sentido de lo humano en la obra de Matilde Espinosa

Por Lilia Gutiérrez Riveros*
Imagen: https://bit.ly/2RCqOLP

El escritor es la conciencia de la humanidad, el sentir de una sociedad. La violencia ha sido una constante histórica en la mayor parte de los países suramericanos y Colombia, en vez de superarla, parece acentuarla día a día.

En principio, fue la época de la Colonia, luego, la Independencia, para continuar con los enfrentamientos de los partidos políticos tradicionales, originando una serie de problemas de índole socio-económico, cuyo resultado es el conflicto social que cada día ofrece nuevas formas y nuevos interrogantes.

¿Cómo puede reflejar este fenómeno la poesía sin caer en el maniqueísmo o en el partidismo?

Existen algunos ejemplos que reflejan la realidad histórica recreada, pero en la mayoría de los casos parecen pincelazos de «momento sensible». Matilde Espinosa es la respuesta completa para el siglo XX. La virtud de su trabajo radica en ser conciencia individual y colectiva. A través de sus libros encontramos a un pueblo que sabe del dolor y de la muerte.

Hablar de la obra de Matilde Espinosa, la más importante escritora colombiana de todos los tiempos, es una responsabilidad que asumo como la lectora que ha disfrutado y aprendido de esa realidad recreada, donde es posible el misterio y la belleza conjugada entre la crueldad de la historia, la violencia de nuestra gente y la riqueza espiritual de quien ha logrado hilar el tiempo y las palabras.

¿Por qué algunos críticos la han catalogado como precursora de la poesía social en Colombia?

Su gran preocupación es la libertad del ser humano. Revela el significado del terror y del derramamiento absurdo de sangre. Se ve a través de su poesía de la violencia como el episodio amargo de nuestra historia.

Si bien es cierto, durante la primera mitad del siglo XX, en Colombia, con muy pocas excepciones, los poetas, se dedicaron a la poesía intimista, incluyendo la amorosa, la naturalista y la mística, con Matilde Espinosa surge una nueva dimensión, y con ella la preocupación por los valores vitales, por los problemas del ser humano como individuo y como persona que hace parte de la sociedad.

Su primer libro Los ríos han crecido, se publica en 1955 y para ese momento, ya había ofrecido un gran número de recitales en diferentes ciudades del país; había dictado conferencias y publicaba prosa poética.

Ella ha entregado la vida a compartir los mejores momentos y no me refiero a aquellos plenos de alegría, -también a ellos-, pero afortunadamente para la literatura colombiana, el hecho de vivir y de asimilar la realidad de un pueblo que sabe del dolor y de la muerte.

Veamos, un ejemplo del tratamiento que da a la primera violencia, aquella de la cual nos cuentan nuestros padres y nuestros abuelos. Toda la brutalidad ocurrida en los años cuarenta y cincuenta. Del poema «Éxodo» veamos estos versos:

Prendidos de los montes y la niebla,/ como racimos que engendró la noche,/ adelgazan su sombra en el camino./ De sollozo en sollozo,/ de pregunta en pregunta,/ la vida es un recuerdo que se quiebra,/ de abismo a piedra,/ de alambrada a llama./ ¡Allá quedó la aurora desgarrada!/ Todos vivían como hermanos;/ todos crecieron junto a los rebaños/ y comieron el pan que da la tierra;/ y en el horario de los días,/ nadie murió sin compañía./ El huracán se desató a su espalda./ Cayeron las techumbres, y el éxodo/ arrancó de cada puerta/ los clavos y las llaves…./

Como se aprecia no existe ningún sentido partidista. Tampoco existe el sensibilismo propio de la época, en cambio, hay una gran depuración, se respira el dolor del cuerpo y del alma a través de los versos cuidadosamente depurados.

¿Qué privilegio tiene Matilde Espinosa para llegar a producir esta poesía?

En primer lugar, comparte los primeros seis años con los indígenas de Tierradentro. Ella afirma Los indios siempre han sido perseguidos, violentados. Me atrevo a pensar que el gran desarrollo de la intuición de Matilde radica en ese momento de su vida, aquello que asimiló de la sabiduría ancestral.

Luego llega a Cali, donde permanece hasta los 12 años. Durante su adolescencia vive en Popayán, donde se casó con el pintor Efraín Martínez y antes de cumplir los 18 años viaja a París. A los 25 años regresa a Popayán. Después de los 30, decide vivir en Bogotá. Ocurre su segundo matrimonio con el jurista Luis Carlos Pérez. Luego vive en Nueva York y posteriormente en España.

En los años veinte, treinta y cuarenta, una niña asistía al colegio fundamentalmente para aprender el comportamiento fino de una ama de casa. Sin embargo, ella aprende de la exigencia del medio familiar.

Entre los amigos más cercanos estaban Guillermo Valencia y Rafael Maya.

Para una mujer en la sociedad de Popayán era un desafío que enfrentaba cultivándose en las mejores lecturas, que afortunadamente para Matilde no le fue extraño, pues sus padres eran lectores muy asiduos.

Vive varios años en Francia donde adquiere un gran conocimiento de la literatura, de las artes plásticas y de la historia. Escribe mucho y sólo publica cuando está segura del valor de su trabajo.

Para Matilde no existe la poesía intimista, ni la coloquial. Abre las puertas de su corazón a un espacio existencial mucho más amplio.

En 1958 publica su libro Por todos los silencios donde confirma su propósito de conciencia colectiva. Veamos el poema:

LOS INDIOS

Brotaron de la tierra como un bosque.
Se esparcieron en todos los caminos.
Preguntaron al monte
si para ser su entraña
podían prender la llama
junto a la piedra pura.

Consultaron al árbol
pidiendo su madera
para tatuar en ella
sus manos como siglos.

En la escala insegura de los pájaros
bautizaron los ríos
y en la luna aprendieron
los espejos.

Mas no es éste el recuerdo,
que otras cosas he visto
y otros grandes dolores
doblados en sus hombros.

El dolor de los indios
es un nudo que arraiga
tenaz como la zarza,
y vuelve a sumergirme
para extraer del fondo
el polen de una flor.

La visión primordial,
lirio apretado,
estaba entre sus carnes
viva y alta,
como un presagio
del secreto enterrado,
del color solitario,
del diálogo encantado con el príncipe
de plumas y de agua.

Fue una mañana limpia.
La loma se vistió de púrpura y azul.
Quedaba en la pradera
un poco de ese sol de flauta y fiesta.
Después, en la cuesta rendida
desfilando en el sueño,
la raíz en ascenso,
el monte hacia los montes,
me hablaron los cocuyos
de talas en el bosque,
de la embriaguez del crimen
en la carne inocente;
me hablaron del barranco,
del molino sin agua
y de este corazón absorto
en la flauta encantada
por el príncipe de plumas y de agua.

Este poema publicado en 1955 refleja la situación del indio en aquel momento como si fuera hoy mismo en Colombia o en cualquier sitio de Latinoamérica.

Cuenta: “Empecé a escribir poesía muy tarde. Empecé a escribir prosa poética cuando tenía 35 años».

En ese momento escribía en periódicos de avanzada, colaborada con el movimiento feminista, que hoy dice no tiene ninguna importancia. Fue una gran defensora de los derechos de la mujer. Es precisamente el hecho de no precipitarse, la poesía exige decantación y la decantación toma su tiempo, no hay prisa para obtener la madurez del fruto.

En 1961 aparece el libro Afuera las estrellas. El inicio del poema La mendiga dice: Esta es la rama virgen/ que le nació a la aurora/ a la orilla de un puente. / Después, fue tienda triste/ regando por el mundo/ su floresta de harapos/. Yo vi su vientre, /cúpula ambulante, / arrullando el pudor que aún le quedaba….

Aparece en sus expresiones, la solidaridad y esa musicalidad intrínseca característica de su trabajo literario. Sus poemas atrapan inmediatamente, el secreto está en asumirse conciencia colectiva, guardando el equilibrio de ser fiel a los principios de vitalidad. Surge una poesía de avanzada, que renuncia por completo a la retórica.

En 1970, publica el libro Pasa el viento donde decanta la conjugación de la parte espiritual sin dejar de lado la preocupación por la agresividad humana. Reflexiona sobre la violencia que se ha prolongado por muchos años. Cambian las armas, se perfeccionan, pero la agresión permanece.

Uno de los escenarios más importantes para Matilde es la calle, de ahí el título del libro El mundo es una calle larga (1976). En la calle hace las mejores observaciones del comportamiento humano: el andar de la gente, la aceleración de las personas al llegar a su trabajo, se ve lo absurdo de los mendigos.

Uno de sus paseos predilectos es ir a la calle y contemplar las cosas que ocurren. Una vez en París, iba por una calle, cuando se encontró frente a frente con un hombre de tipo árabe que lloraba como un manantial que no para y todo su dolor vertía. Ella lo invitó a su casa y aunque no hablaban un idioma común, el abrazo de la solidaridad para compartir la soledad del extranjero fue el mejor alivio para aquel ser casi perdido en París.

En 1990, aparece el libro Estación desconocida, donde la reflexión va hacia el espíritu. Del poema que da título al libro podemos extractar estos versos: Llegar al ancho espacio/ y partir sin llevarse/ ni uno solo de los sueños/ que habitaron el ancho espacio…

En los libros Memoria del viento y Los héroes perdidos, llegan los poemas de la sabiduría basada en la experiencia. Sus siguientes libros Señales en la sombra y La ciudad entra en la noche, consagran la voz poética del siglo XX en Colombia y un libro como dice Borges es un volumen entre los volúmenes, hasta que encuentra su lector. Ocurre entonces el milagro de la belleza, del encuentro entre quien siembra con quien recoge.

No publicó poemas con métrica, el ritmo y la musicalidad de su poesía están inmersos, quizá en los espacios que hay entre palabras. Su lenguaje sencillo y decantado permite al lector sentirse nuevamente habitado.

Matilde Espinosa abre ventanas y caminos para las nuevas generaciones. No tiene necesidad de recurrir a nada más que el oficio de la poesía para expresar la forma de pensar de un pueblo. No existen artificios en su vida ni en su proceder.

En un exilio voluntario, desde lo alto de los cerros que vigilan a la Bogotá de todas las primaveras del mundo, permaneció fiel a sus principios, los principios de libertad del ser humano, basados en la verdad.

Algunos poemas de Matilde están traducidos al inglés, al francés y a otros idiomas.

El poema incluido en la selección Poesía de dos Continentes sintetiza la reflexión que deberíamos hacer todos los días:

LOS OCULTOS DONES

Saber callar
en el instante mismo de la pena
cuando los labios -roto temblor-
entierran la palabra y el sollozo.

No recordar el nombre
de quien alguna vez
nos hizo daño.
Ignorar la mirada
que te empaña la hora
de un transparente día.
Dolerte de la bestia
pequeña y extraviada,
dolerte de su sed.
Abrirle espacio puro
al pájaro que equivocó su vuelo
y tropezó en tu espejo.

Escuchar a los niños
como si fueran viejos
y tomar sus palabras
con el gozo infantil
de un recodo lejano.
Saber llegar a tiempo
y colmar de esperanza
la ansiedad del que espera.
Entender las criaturas
sabiendo que sus gestos
son el lenguaje claro
que nos descubre el mundo
que llevamos por dentro.

Del libro Memoria del viento

Matilde Espinosa es la nueva expresión de la poesía colombiana. Cada estrofa se convierte en una imagen, el ritmo es totalmente interno en sus versos, una musicalidad nueva. La mejor forma en que las palabras se conjugan para ofrecer el mejor fruto.

Matilde Espinosa nos enseñó a pensar en plural.

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BIBLIOGRAFIA

-Martínez González, Guillermo, LA POESIA DE MATILDE ESPINOSA, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1980.
-Espinosa Matilde, LOS RIOS HAN CRECIDO, Bogotá, Antares, 1955.
-Espinosa Matilde, POR TODOS LOS SILENCIOS, Bogotá, Editorial Minerva Ltda. 1958.
-Espinosa Matilde, AFUERA LAS ESTRELLAS, Bogotá, Editorial Guadalupe Ltda. 1961.
-Espinosa Matilde, PASA EL VIENTO, Bogotá, Editorial Visión Litográfica, 1970.
-Espinosa Matilde, EL MUNDO ES UNA CALLE LARGA, Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1976.
-Espinosa Matilde, MEMORIA DEL VIENTO, Bogotá, Trilce Editores, 1990.
-Espinosa Matilde, LOS HEROES PERDIDOS, Bogotá, Trilce Editores, 1994.
-Espinosa, Matilde SEÑALES EN LA SOMBRA, Bogotá, Trilce Editores, 1996.
.Espinosa, Matilde LA CIUDAD ENTRA EN LA NOCHE, Bogotá, Trilce Editores, 2001.
-Bustamante, José Ignacio. LA POESIA EN POPAYAN (1536-1954), Segunda Edición. Popayán, Editorial Universidad del Cauca.
-Echeverri Mejía, Oscar y Bonilla Naar, Alfonso. «21 AÑOS DE POESIA COLOMBIANA 1942-1963. Bogotá, Editorial «Stella». p.p. 136-138.
-Antología SINTESIS DE LA POESIA COLOMBIANA. 1652 – 1964. Prólogo de Jaime Mejía Duque. pp. 109 – 111.
-Selección POESIA DE AUTORAS COLOMBIANAS. Selección y notas de Eddy Torres, Bogotá, Edición de la Caja Agraria homenaje al Año Internacional de la Mujer, 1975. pp. 219 – 226.
-Uribe White, Enrique, POETAS COLOMBIANOS, Editorial Cra. 7a. Ltda., Bogotá, 1979. pp 25 y 26.
-Gutiérrez Riveros Lilia, Figueroa Nelly (traductora) Guy Lizoir (traductor), POESIA DE DOS CONTINENTES, Bogotá, 1990.

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